- Ortega no aparece en acto y su delegado tampoco
Con la entrega del premio Paz y Reconciliación 2009 a la senadora colombiana Piedad Córdoba concluyó ayer la Conferencia Internacional de Educación para la Paz y la Reconciliación en Centroamérica, que se desarrolló en Managua esta semana con la participación de representantes de 15 países, entre ellos la premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú.
Estaba previsto que el presidente Daniel Ortega entregara el galardón, pero a última hora se excusó y delegó en el cardenal Miguel Obando, ya que la Comisión que preside fue una de las que organizó la actividad, pero él también se disculpó y se anunció que sería el director del Nuevo Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE), Nelson Artola, quien haría la entrega. Sin embargo, Artola imitó la impuntualidad de Ortega y llegó con hora y media de retraso.
Finalmente asumieron el compromiso Willian Alfredo Hernández, del Consejo Nacional del Frente Farabundo Martí por la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador, que se encontraba en el evento representando al vicepresidente salvadoreño Salvador Sánchez Cerén, y el presidente de la Coordinadora Nacional de Oficiales en Retiro (CNOR), Raúl Elías Areas Vanegas.
Casi dos horas después de lo previsto, el premio llegó a las manos de Córdoba quien, en nombre de la fundación Colombianos por la Paz y de sus compatriotas, agradeció la distinción mientras pedía ayuda para poner fin a la guerra en su país.
Para hacerlo retomó las palabras del fallecido ex-guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Manuel Marulanda.
“El comandante Marulanda decía que la guerra no hay que simplemente humanizarla, hay que acabarla”, pidió Córdoba.
Artola llegó tarde y convertido en el “carcelero” de los asilados peruanos, Alberto Pizango y Saúl y Cervando Puerta, pues evitó que hablaran con los medios sobre su estadía en el país. A Pizango sólo le permitió elogiar las bondades de la revolución. Cuando quiso abordar otro tema, lo tomó del brazo y se lo llevó. “No puedo decir cuándo regreso (a Perú),… eso dependerá mucho del Gobierno”, fue lo único que alcanzó a contestar.
Por su parte, Cervando alcanzó a explicar que sus abogados en Lima tratan de arreglar la situación legal y añadió que él y su hermano desconocen cuándo podrán regresar a su país, antes que Artola también lo tomara del brazo para sacarlo del Centro de Convenciones del Crowne Plaza.
Mientras tanto en Perú, otro de los líderes, Santiago Manuín, que se recupera en un hospital después de haber resultado herido en los enfrentamientos en la localidad amazónica de Bagua, de los que ahora se les acusa, aseguró que, aunque corre el riesgo de ser apresado, no pedirá asilo, “porque eso sería abandonar a sus hermanos de lucha”.
