- Everth Cabrera impacta con su ejemplo entre sus compañeros
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San Diego Union-Tribune
Cuando Everth Cabrera llegó por primera vez a Casper, Wyoming, uno de los centros más rurales de Estados Unidos, en el que todavía persisten historias del viejo Oeste y de sus leyendas como Jim Bridger, Kit Carson y Bufallo Bill, no le resultó nada atractivo aún cuando él era todavía un adolescente arribando desde una zona rural de Nicaragua.
“Difícil”, dice Cabrera en español, recordando su primera estadía en Estados Unidos en el 2006.
Duro. Muy duro.
“Yo estaba en Casper un día”, señala Cabrera, “y todo lo que deseaba era irme para mi casa”.
No es de sorprenderse, por tanto, que Cabrera simplemente sonría cuando alguien le pregunta acerca de las dificultades que ha pasado en el gran salto que ha dado desde Asheville, Carolina del Norte, a ser el primer bate y shortstop titular con los Padres. Él ha dejado eso para que otros lo pongan en perspectiva. O traten.
“De Asheville a San Diego”, dice Rich Dauer. “Increíble”.
Ahora está en su primera temporada como coach de tercera base de los Rockies de Colorado, pero Dauer, previamente, como coordinador de infield recorría toda la organización, la cual estaba llena con muchos prometedores shortstops y segundas bases, lo que hizo que Cabrera quedara expuesto al sorteo de la Regla V el pasado invierno. Y lo perdieron.
“No hay duda de que era nuestro prospecto de mejor defensiva entre los infielders”, dice Dauer. “Nosotros teníamos otros shorstops y lo necesitábamos en segunda, y él estaba siendo muy valioso en segunda, pero siempre se mantenía moviéndose hacia el short para recibir roletazos. No dejaba de decirnos, mírenme aquí. La próxima cosa que tú sabes que vamos a hacer es, decir, ese tipo es un buen shortstop. Cabrera estaba jugando de manera fantástica en un duro lugar. Yo he hablado con los managers y él, les he dejado saber que con su brazo y su atleticidad podría jugar en el centerfield tan bien como cualquiera”.
El beisbol no es un juego tan misericordioso, pero si los Padres terminaran la campaña hoy, Cabrera sería la historia del mayor salto en el 2009. Veintidós años y todavía sin jugar su sexto invierno en el beisbol profesional, parece haber surgido de un delgado aire que provee energía a los Padres con jugadas firmes y espectaculares, en la más vital de las posiciones defensivas.
“Él me recuerda mucho a Omar (Vizquel)”, dice el coach de los Padres, Jim Lefebvre. “Tiene más cobertura, mejor brazo, más velocidad y es físicamente más avanzado que Omar cuando estaba en esa misma edad. Con eso dicho, Omar se volvió el más grande shortstop que ha jugado. Así que este niño es un gran hallazgo, que podría estar aquí alrededor de un tiempo largo, largo”.
El average de bateo de Cabrera (.265) y su porcentaje sobre las bases (.346) deja algunas áreas aún por mejorar y él está haciendo claramente un trabajo de progreso después de sólo 47 partidos en las Grandes Ligas. En el inicio de la pasada serie ante los Rojos, Cabrera conectó una línea desde el perfil izquierdo para su primer jonrón y luego bateó un triple desde el ángulo derecho con un poquito de bravura sobre sus pantalones. Al siguiente juego agregó tres hits, incluyendo un par de dobles.
El triple fue el cuarto de Cabrera en la campaña, igualando la mayor cantidad conectada por un bateador de los Padres en toda la temporada pasada. Ahora tiene cinco.
Su velocidad e intrepidez hicieron de Cabrera el líder en bases robadas en todo el beisbol profesional en el 2008.
Encabeza a los Padres con 13 robos en 14 intentos —y eso, después de perder no menos de 60 juegos con una fractura en un dedo de su mano izquierda, sufrida el 19 de abril.
“Para ser honesto, creo que lo que más me impresionó de Everth, más que cualquier otra cosa, es cómo actuó con su mano fracturada”, dice el veterano segunda base David Eckstein. “Eso significa que ha sido grande desde el inicio. Después de dar un salto desde Clase A, yo no sé si él incluso sabe cuáles son las preguntas correctas para hacer, pero siempre está escuchando, siempre está viendo y siempre está tratando de hacerlo mejor. Pero pienso siempre en el día que se fracturó. Él estaba sentado frente a su casillero, llorando. Eso me dijo mucho. La mayoría de jóvenes podría haber estado pensando, bien, yo voy a estar de regreso aquí en dos meses. Everth estaba devastado. Esa clase de pasión y dedicación impresiona”.
Si sólo por el lugar de nacimiento, Cabrera es una rareza. De donde él viene, también, podría ayudar a explicar por qué se fue a las lágrimas ante la situación de tener que alejarse del juego.
La lista de jugadores nicaragüenses en las Grandes Ligas es corta. Cabrera es sólo el décimo desde 1976. La vasta mayoría han sido lanzadores —el más notable, Denis Martínez, quien pudo haber sido elegido presidente cuando regresó a casa después de tirar un Juego Perfecto para los Expos de Montreal, y más recientemente, Vicente Padilla—, pero el único compatriota relacionado con Cabrera fue el jardinero y primer bate de los Gigantes de San Francisco, Marvin Benard, quien jugó de 1995 al 2003.
“Él me inspiró”, dice Cabrera, un fornido jugador de 5’10 pies, “porque fue un tipo pequeño, también”.
Siendo siempre el tipo más pequeño en el campo —hasta que se hizo compañero de Eckstein— Cabrera creció en Nandaime, ubicado a una hora desde Managua, la capital.
“Había mucha pobreza ahí. Un tipo de vida muy sufrida. Las personas hacen cualquier tipo de trabajo que puedan encontrar”, dice Cabrera a través de la traducción de Mike Tompkins, el coordinador de vídeo del equipo, quien es también de descendencia nicaragüense. “Cuando yo comencé jugando beisbol fue en la calle, y para inscribirme tuve que conseguir un permiso por escrito de mi mamá para jugar en Pequeñas Ligas con otros niños mayores, porque yo sólo tenía 6 años.
“Antes de eso yo jugué con una pelota de tenis. Usábamos nuestras manos. Y yo le pedí a mi mamá (Xiomara Membreño) un guante. Ella hizo lo imposible para conseguirme uno. Y yo no sabía que ella había estado ahorrando y ahorrando y ahorrando para conseguirme un guante. Un día, cuando yo tenía 7 años, ella me dejó el guante en mi cama. Yo usé ese guante hasta que se me dañó, hasta que tenía muchos hoyos y muchos años”.
Recíprocamente, Cabrera se volvió tan adicto al guante que eventualmente fue capaz de ayudar a su mamá, firmando con los Rockies a la edad de 17 años. Antes de que finalmente convenciera a los Rockies de darle una oportunidad a él, Cabrera había ido a cuanto tryout se realizaba a través de Nicaragua. Jugó incluso cada partido que pudo de la Liga Invernal de su país.
Cabrera no tuvo que mentir sobre su edad. Sólo sobre su bateo.
“Cuando los scouts me preguntaron que si podía batear a la zurda, yo dije que sí, aunque nunca lo había hecho”, dice Cabrera. “Sabía que tenía que aprender porque yo era pequeño y los tipos pequeños tienen que ser ambidextros. Fui a República Dominicana y tuve que trabajar sobre eso. Yo tomaba prácticas de bateo a la derecha y a la zurda y nunca bateaba bien a la zurda. Le dije a los scouts, denme 50 turnos a la zurda. El próximo día ellos me dijeron, nosotros no vamos a darte 50 turnos. Vamos a darte el año entero”.
Después de dos años con los Rockies, en la Liga de Verano de Dominicana, Cabrera se reportó a los Fantasmas de Casper (¿Qué es eso?) de la Liga de Pioneros en 2006. Nada feliz, su primera impresión lo golpeó severamente, especialmente cuando se encontró bateando .098 después de más de un mes.
“Me dije, si me mantengo bateando así en los próximos tres o cuatro juegos yo me voy a ir”, dijo Cabrera. “Y comencé a mejorar, mejorar y mejorar y mi mentalidad cambió”.
Cabrera comenzó a subir velozmente hacia la cima de los rankings —con .382 de porcentaje sobre las bases en Casper y .432 con el Tri-City en la Liga del Noroeste, pero su progreso fue frenado por una lesión en el 2007.
Los Rockies todavía pensaban en él fundamentalmente como un segunda base pese al poderoso brazo de Cabrera. Además, muchos de los prospectos que estaban compitiendo con Cabrera habían sido “drafteados” con grandes bonos, para no mencionar más poder sobre el plato.
Él estaba “enclutchando” también en Asheville. En adición a los 73 robos, Cabrera bateó .363 con corredores en las bases, .361 con corredores en posición anotadora y .455 con las bases llenas. Lo mejor que pensó Cabrera, es que sería destinado a Doble A en el 2009. Gracias a las Regla V y a los Padres, él sobrepasó su imaginación. Por mucho.
Entonces, con la partida de Khalil Greene vía canje, San Diego estaba hambriento de un torpedero, mientras Cabrera lo estaba por una oportunidad de jugar en el shorstop. Así que se presentó a Peoria no sólo con la etiqueta de la Regla V, —lo que significa que sería devuelto a los Rockies si no hacía el equipo con los Padres—, sino también con el escepticismo de alguien que viene de la Liga Sur-Atlántica a la Liga Nacional.
“Cuando llegué al entrenamiento de primavera, algunas veces dudé de las razones por las cuales estaba ahí”, dice Cabrera. En realidad, iba a ser sorprendente que pudiera hacer el equipo, pero yo dije, ellos no me van a traer para asustarme aquí. Muchas veces las personas están nerviosas porque se asustan, pero yo nunca estuve asustado. No me importaba quién estaba lanzando. No me importaba quién estaba bateando aunque fuera Manny (Ramírez). Yo estoy aquí. Yo estoy en las Grandes Ligas, también”.
Y fue la señal de otro jugador de los Dodgers lo que realmente trajo cosas de su casa a Cabrera. En su adolescencia, el ídolo incuestionado de Everth era Rafael Furcal, cuya biografía es bastante similar.
Construido como Cabrera con 5.10 pies y 165 libras, Furcal tenía un cañón por brazo y convenció a los Bravos de Atlanta para convertirlo de segunda base a torpedero, un veloz corredor que se hizo ambidextro y alcanzó las Grandes Ligas a los 20, saltando directamente desde Clase A. Y ahí estaba Furcal bateando de primero para los Dodgers en un juego de la Liga del Cactus. Los Padres tenían a un novato en el short.
“Enseguida, él bateó una rola hacia mí”, dijo Cabrera, sin agregar que hizo una jugada sobre Furcal o que conectó un doble y anotó dos carreras en el partido de exhibición el 29 de marzo. “Pienso que eso fue cómico, una broma, que yo podría estar sobre segunda hablando con Rafael Furcal”.
(Traducido por Edgard Rodríguez C.)
