El Senado estadounidense sostuvo ayer un debate histórico sobre la posible confirmación de Sonia Sotomayor como la primera juez hispana en la Corte Suprema, en el que los republicanos advirtieron que no sería imparcial y los demócratas la respaldaron.
Había pocas dudas de que la primera nominada del presidente Barack Obama al máximo tribunal sería confirmada este jueves, incluso con apoyo republicano, pero de cualquier modo los senadores expusieron opiniones en torno a su idoneidad para el cargo, con un ojo puesto en los libros de historia, el creciente electorado hispano en el país y quizás en una próxima lid en la Corte Suprema.
El debate volvió a demostrar el foso ideológico que separa a liberales de conservadores desde hace un cuarto de siglo en Estados Unidos, sobre todo a la hora de decidir cargos en la más alta magistratura judicial del país, cuyos nueve jueces ostentan el puesto de forma vitalicia.
La oposición republicana entraña el riesgo de poner de nuevo en una situación incómoda al Partido Republicano, que sufrió una estrepitosa derrota electoral entre otras razones por el voto de castigo de los hispanos.
