LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Horacio peña. LA PRENSA/M.L.González

Hay que poner a Dios de moda

I Hay que poner a Dios de moda. Dios, que los políticos alimentan con hiel y vinagre. Dios, puesto al borde de la desesperación y el suicidio por los comerciales que lo persiguen cobrándole el ciento por ciento. Dios, besando en las dos mejillas. Dios, sepultado bajo las cuarenta toneladas de linotipo por los periodistas […]

I

Hay que poner a Dios de moda.

Dios, que los políticos alimentan con hiel y vinagre.

Dios, puesto al borde de la desesperación y el suicidio

por los comerciales que lo persiguen

cobrándole el ciento por ciento.

Dios, besando en las dos mejillas.

Dios, sepultado bajo las cuarenta toneladas de linotipo

por los periodistas y las agencias noticiosas.

Dios, vendido por treinta monedas,

porque Él es una mercancía fácil de comprar,

fácil de vender.

Carne fresca para el leño,

carne mansa para el matadero.

Dios, traicionando dos veces.

Dios, piedra de escándalo de los burgueses de la religión

que se espantarían de verlo en un prostíbulo,

olvidando que Él no vino por los buenos, los limpios,

los castos, los mansos,

sino por los lujuriosos, los coléricos, los iracundos,

los que viven y mueren brutalmente.

Hay que poner a Dios de moda

No como se pone de moda

una actriz de cine.

Mientras conserva la solidez de sus senos,

la juventud de su desnudo.

No como se pone de moda

un jugador de base ball:

mientras conserva la agilidad de sus piernas,

la fuerza de su brazo.

Hay que poner a Dios de moda

de una vez y para siempre.

Hay que levantar una inmensa red de propaganda

como no se ha visto desde el principio del mundo

hasta ahora, ni se verá jamás.

Una red de propaganda cuyos miembros

sean sencillos como palomas,

prudentes como serpientes.

Hay que lanzar miles de acciones a bajo precio,

para que todos formen parte de la empresa,

de la gigantesca obra de lanzar un nuevo producto al mercado,

el producto de Dios

producto como que nadie lo quiere, pero buscado siempre,

producto que se imita,

que se falsifica,

que se mete de contrabando,

que se grava con impuestos,

el producto de Dios,

recién acabado de salir de la moderna fábrica,

-corazón desesperado-

el novísimo producto

con etiqueta de maravillosos colores.

Rojo, blanco, azul y amarillo:

Dios.

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