- Productores están invirtiendo en la producción de semillas certificadas para elevar rendimientos y calidad
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Sébaco/matagalpa
Sobre la carretera que conduce a Sébaco, Matagalpa, se levanta entre los extensos campos arroceros el primer trillo de arroz con tecnología de punta, que albergará una maquinaria capaz de seleccionar por hora, con rayo láser, más de 40 quintales de semilla de arroz de alta calidad.
“La maquinaria es capaz de visualizar todos los defectos del arroz y, con un disparador de aire en conjunto con el láser, seleccionan el grano de arroz de mayor calidad”, explica visiblemente entusiasmado su propietario William Treminio, mientras unas 10 personas trabajan rápidamente en el ensamblaje de la maquinaria que compró en la República de China Taiwán, por un valor cercano a los 600 mil dólares.
En cuestión de segundos la seleccionadora de grano escoge, según las especificaciones técnicas, la semilla de arroz manchada y deforme para luego purificarla y pulirla, explicó.
Treminio, quien tiene tres décadas de dedicarse al cultivo de arroz, cuenta que espera procesar en la maquinaria la producción de cerca de 350 manzanas de semilla de arroz certificada, que tiene cultivadas en este ciclo agrícola.
La instalación de esta planta en Sébaco, una de las principales zonas productoras de Nicaragua, es una de las tantas industrias arroceras pequeñas y medianas que, desde hace varios años, empiezan a desarrollarse en las zonas arroceras del país, lo que ha estimulado el crecimiento del sector.
El productor dice que el crecimiento del sector no ha sido fácil, porque ha tenido que sobreponerse a la falta de infraestructura vial, maquinarias para el manejo poscosecha y el acceso al crédito.
“El crédito es un problema serio en el país. Usted sabe que no tenemos un banco que venga a subsanar nuestras necesidades. El sector ha crecido con las uñas”, expresó Treminio.
Otra de las barreras que el sector ha tenido que lidiar es con la fluctuación de los precios internacionales de los principales fertilizantes que se utilizan en la siembra, como es el caso de la urea, que en su momento superó los mil 800 córdobas el quintal en Nicaragua. Actualmente ronda los 400 córdobas, o poco más.
COOPERADOS TAMBIÉN SE TECNIFICAN
El crecimiento de la producción de arroz también está vinculado al esfuerzo que han hecho los más de 170 mil pequeños y medianos agricultores de arroz, que componen la cadena productiva del sector.
La Cooperativa Augusto César Sandino es un ejemplo. Después de varios años de lidiar con un “fuerte endeudamiento” y por ende con la restricción del crédito, hoy se han convertido en una de las principales cooperativas productoras de semilla de arroz del país.
La asistencia técnica y financiera por parte de la Misión Técnica de la República de China Taiwán fueron la clave para que los productores lograran sacar a flote sus siembras de arroz, según indican.
Hace dos meses la cooperativa adquirió una bodega para el almacenamiento de la semilla de arroz y una planta de secado del grano, con una capacidad de procesar 6,000 quintales de semilla de arroz por día.
Róger Rivas, presidente de la cooperativa, manifestó que para este año esperan procesar la cosecha que logren de la siembra de unas 90 manzana de arroz, con un rendimiento promedio superior a los 100 quintales por manzana.
En tres años de asistencia taiwanesa la cooperativa ha recibido un apoyo financiero reembolsable superior a los 450 mil dólares.
Desde el 2001 la misión técnica taiwanesa ha asistido con capacitación técnica y financiamiento a cuatro cooperativas productoras de arroz en Sébaco, las que tienen sembradas alrededor de 1,000 manzanas, según dijo Francisco Wang, jefe de la delegación asiática.
MÁS ESFUERZO SECTORIAL
Leonel Samayoa, otro productor de arroz, decidió hace siete años convertir cerca de 400 manzanas de tierra secas y áridas en Malacatoya, en el departamento de Granada, en verdosos y fructíferos campos de arroz, que poco a poco fue sustituyendo por la producción de semilla certificada.
“No me fue fácil”, dice el hombre mientras se prepara para recorrer parte de las 250 manzanas de cultivo de arroz que sembró para este ciclo agrícola, correspondiente al 2009-2010, de las que obtendrá 40 mil quintales de semillas.
Aunque Samoyoa cuenta que estaba consciente en que el sector arrocero se encontraba en un franco deterioro, (cuando apostó a la siembra del mismo) por falta de apoyo estatal, la libre importación del producto y la carencia de financiamiento, fue uno de los tantos productores que apostó en invertir en el cultivo de arroz “porque confiaba en que a su tiempo el sector iba a mostrar un importante despegue productivo”.
Samayoa pasó de cultivar 20 manzanas de arroz comercial a 400 manzanas de semilla de este grano, siendo hoy uno de los mayores productores de semilla de arroz del país.
