- Es el padre de los niños que quedaron sin mamá en febrero, porque ésta fue deportada a Nicaragua
CORRESPONSAL/MIAMI
Las autoridades del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) están tras la pista de Ronald Soza, esposo de Maricela Soza, la nicaragüense deportada el pasado 28 de enero a pesar de que sus hijos realizaron una huelga de hambre para llamar la atención de las autoridades y evitar la expulsión de su madre de Estados Unidos.
Ronald Soza permaneció escondido durante varios meses, para evitar su deportación y no dejar desamparados a sus hijos Cecia y Ronald, de 12 y nueve años de edad respectivamente.
Él retornó hace semanas a su casa en Pompano Beach, confiado en que ya no sería deportado, porque su caso se encuentra en apelación ante una Corte Federal en Georgia. Sin embargo, agentes de Inmigración se presentaron por segunda ocasión a la puerta de la casa.
Soza relató que la mañana del martes, luego que su hija partió a la escuela, envió a su hijo menor de nueve años a bañarse para que también fuera a la escuela. «Mientras el niño estaba en el baño, saque la basura y vi que había dos carros extraños en la calle, que no son de mis vecinos, los quede viendo y cuando mire que pusieron los vehículos en marcha me metí corriendo a la casa, venían detrás de mí porque seguidamente golpearon a la puerta, vi que eran agentes del ICE, ahí durante media hora, pero no les abrí”.
Su esposa Maricela fue capturada en circunstancias similares, tras dejar a su hija Cecia en la parada del autobús escolar. Ella fue detenida en el momento que se disponía a ingresar a su casa.
Ronald Soza siguió las instrucciones que la Fraternidad Americana Nicaragüense le había dado, no abrir la puerta a los agentes del ICE.
El más afectado con la presencia del ICE fue el pequeño Ronald, que lloraba desesperado al ver la presencia de los funcionarios. El menor fue testigo cuando en diciembre del 2008 los agentes ingresaron al interior de la vivienda y se llevaron detenida a su madre.
Soza decidió regresar hace un par de semanas a su hogar. “Todos los días los niños me llamaban en las tardes, después de la escuela, para preguntarme dónde irían ese día; el niño me decía que él andaba llaves y que se podía ir a la casa. Viendo que era una situación difícil y de mucha inestabilidad para ellos, andar de un lado a otro, decidí regresar confiado en que Inmigración no me buscaría más».
De ser detenido el padre, los menores quedarían sin amparo. Ronald Soza decidió nuevamente esconderse, mientras espera una respuesta sobre la reapertura de su caso inmigratorio.
El abogado de Soza, Alfonso Oviedo, trata de evitar su deportación por tres vías: La apelación del caso en la Corte Federal de Georgia, la reapertura del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) y la moción de apertura del caso que sometió ante un juez de Inmigración, para dar la batalla legal también por esa vía.
A la familia Soza le fue denegado el beneficio a la Ley Nacara y al TPS. El alegato de las autoridades es que no presentaron suficientes evidencias de su permanencia en Estados Unidos, argumento que el abogado de Soza trata de revertir.