LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Farsa electoral en el Atlántico

Es indudable que la sórdida lucha de facciones de la oposición, particularmente de las liberales que en conjunto representan a la mayoría opositora del país e inclusive del electorado nacional, le está facilitando al FSLN su objetivo de imponerse a como dé lugar en las elecciones regionales del Atlántico, las cuales se van a celebrar el 7 de marzo del 2010.

Pero lo cierto es que aunque los liberales y todos los grupos opositores se hubieran unido en una sola coalición electoral, de todas maneras se podría anunciar desde ahora que el FSLN “ganará” esas elecciones. Es más, el orteguismo se va a imponer en las dos regiones autónomas del Atlántico, a diferencia de las elecciones regionales del 2006, cuando el FSLN sólo ganó en el Norte aliado con el movimiento indígena Yatama, pero perdió en el Sur donde el triunfo y por lo tanto el gobierno regional le correspondió a los liberales del PLC de Arnoldo Alemán.

En realidad, la imposición del FSLN en las elecciones regionales del próximo año es parte de la estrategia orteguista de no volver a perder ninguna elección y quedarse en el poder para siempre, digan lo que digan y hagan lo que tengan que hacer, según las siniestras advertencias públicas de Tomás Borge. De manera que si las elecciones del Atlántico no van a ser libres y limpias, y por lo tanto no serán los votos de los ciudadanos los que decidirán sus resultados sino la voluntad de Daniel Ortega ejecutada por el Consejo Supremo Electoral; si los votos serán contados por los mismos individuos que perpetraron el fraude en las municipales del 9 de noviembre del año pasado; y si de nuevo no habrá una observación electoral nacional e internacional independiente, honesta y confiable, entonces no se necesita hacer mucho esfuerzo para saber de antemano que esas elecciones también serán fraudulentas y por eso mismo favorables al FSLN.

En estas circunstancias, no son pocos los ciudadanos que consideran que la verdadera oposición no debería participar en la farsa electoral del Atlántico. Y parece razonable pensar que, si desde ahora ya se sabe que en las elecciones del Caribe se repetirá el fraude electoral que se perpetró en las municipales del año pasado, entonces la participación opositora sólo serviría para hacerle el juego al régimen orteguista, para darle un barniz de legitimidad a la farsa electoral. Sin embargo, de acuerdo con las reglas legales que fueron determinadas por el pacto de Daniel Ortega con Arnoldo Alemán e incluidas en la Ley Electoral, si los partidos opositores no participaran en las regionales del próximo año perderían sus personalidades jurídicas, y por lo tanto no podrían participar en las siguientes elecciones nacionales que deben realizarse el primer domingo de noviembre del 2011.

Es cierto que lo más probable es que las elecciones del 2011 también sean fraudulentas y previamente decididas para que se impongan en ellas Daniel Ortega y el FSLN, igual que lo hicieron en las municipales del año pasado y lo harán en las regionales del Atlántico en el 2010. No obstante, todavía es temprano para decidir si lo que más le convendría a la lucha por la libertad y la democracia sería la abstención electoral en el 2011. Y no sería correcto sino que más bien podría ser suicida, renunciar anticipadamente a la más importante forma de lucha por la democracia, que es la participación electoral.

Al respecto es importante recordar que en la historia de la lucha contra la dictadura dinástica somocista, ya desde los años cuarenta del siglo XX la oposición tuvo la certeza de que no había ninguna posibilidad de derrotar a Somoza en las urnas electorales, porque las elecciones eran siempre amañadas. Sin embargo para las elecciones de 1967 hubo la esperanza de que se podría vencer electoralmente a Somoza III, siempre y cuando la oposición se uniera en una gran coalición y se le pudieran arrancar a la dictadura algunas garantías políticas previas. Pero ocurrió la masacre del 22 de enero y se realizaron después las elecciones fraudulentas del 5 de febrero de 1967, que “ganó” el general Somoza Debayle, y allí se agotó la posibilidad y se desvaneció la ilusión de salir de la dictadura somocista de manera cívica y pacífica.

Ahora el país va otra vez en la misma dirección, por culpa de la obcecación dictatorial y reeleccionista de Daniel Ortega. Pero aún así no sería prudente decir que ya están cerradas en Nicaragua todas las posibilidades, para salir del autoritarismo orteguista por medio de la lucha electoral, cívica y pacífica

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