Morir en vano

Querida Nicaragua: El mártir Edwin Castro Rodríguez fue asesinado por la guardia somocista el 18 de mayo de 1960. Había sido capturado el 18 de octubre de 1956, acusado de complicidad en el complot que terminó con la vida del dictador Anastasio Somoza García a manos de Rigoberto López Pérez.

Querida Nicaragua: El mártir Edwin Castro Rodríguez fue asesinado por la guardia somocista el 18 de mayo de 1960. Había sido capturado el 18 de octubre de 1956, acusado de complicidad en el complot que terminó con la vida del dictador Anastasio Somoza García a manos de Rigoberto López Pérez.

En las cárceles de la Aviación, Edwin Castro Rodríguez, quien era un exquisito poeta, escribió estos versos el 1º de diciembre de 1958. Estos versos demuestran el tipo de patriota y de hombre sensitivo que era Castro Rodríguez. Dicen así:

“Mañana, hijo mío, todo será distinto/Se marchará la angustia por la puerta del fondo/que han de cerrar por siempre las manos de hombres nuevos./Reirá el campesino sobre la tierra suya, pequeña pero suya, florecida en los besos de su trabajo alegre./No serán prostitutas las hijas del obrero, ni las del campesino./Pan y vestido habrá de su trabajo honrado./Se acabarán las lágrimas del hogar proletario./Tú reirás contento, con la risa que llevan las vías asfaltadas, las aguas de los ríos, los caminos rurales./Mañana, hijo mío, todo será distinto, sin látigo ni cárcel, ni bala de fusil que repriman la idea./Caminarás por las calles de todas las ciudades,/en tus manos las manos de tus hijos, como yo no lo puedo hacer contigo./No encerrará la cárcel tus años juveniles como encierran los míos,/ni morirás en el exilio, temblorosos los ojos, anhelando el paisaje de la patria, como murió mi padre./Mañana, hijo mío, todo será distinto”.

Edwin Castro Rodríguez murió por los ideales consignados en estos bellísimos versos para su hijo. Ellos proclaman los deseos de crear una patria libre de odiosas dictaduras, donde el campesino fuese el dueño de su tierra y donde las hijas de los humildes no tuvieran que entregar sus cuerpos para vivir. Una patria donde se pudiese caminar libremente por las calles sin ser agredidos, una patria sin cárceles, ni exilios.

Pero, después de más de cincuenta años de aquella gesta en la que participó el héroe y mártir Edwin Castro Rodríguez, ¿serán distintas las cosas aquí? Parece que no. Estamos viviendo un régimen autoritario y casi dictatorial.

Los ideales de aquellos hombres del 56 como Rigoberto, Edwin Castro Rodríguez, Ausberto Narváez Parajón, 50 años después no se han hecho realidad.

Casi podemos decir que nada es distinto ahora. Nada es como lo quería el poeta Edwin Castro Rodríguez en sus versos. Seguimos amenazados, temerosos de salir a la calle y encontrarnos con las turbas garroteadoras del gobierno actual.

Tenemos casi un millón de nicaragüenses fuera de Nicaragua y lo que es peor, según las encuestas la inmensa mayoría de jóvenes y gente madura, se marcharían a otro país si tuviesen la posibilidad de hacerlo.

La sangre de nuestros héroes y mártires ha sido derramada en vano. Pobre Sandino, pobre Fonseca, pobre Pablo Leal y sus compañeros, pobre Pedro Joaquín, pobre Rigoberto, pobre Edwin, pobre Ausberto. Sólo hay algo distinto. Algunos que estaban arriba ahora están abajo, y otros que estaban abajo, son ahora millonarios. Igual que antes… nada ha cambiado, todo sigue igual y la lucha es constante. Sólo tenemos la esperanza de poder arreglar todo esto en forma pacífica, confiando en la valentía de nuestro pueblo y en la infinita misericordia de Dios. Vivan los héroes y mártires. Porque algún día serán realidad los versos del mártir: mañana, hijo mío, todo será distinto.

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