Una no sentencia que chorrea infamia

Un grupo de magistrados actuando como Sala Constitucional tomaron la decisión de declarar inaplicable el Arto. 147 de la Constitución. Esa decisión fue un no acto, “es una no sentencia, es un acto arbitrario”.

Un grupo de magistrados actuando como Sala Constitucional tomaron la decisión de declarar inaplicable el Arto. 147 de la Constitución. Esa decisión fue un no acto, “es una no sentencia, es un acto arbitrario”.

Es un no acto, porque tres magistrados no concurrieron a integrar Sala, no participaron en la vista y votación de la sentencia. Lo correcto para que se integre la Sala es que los que no comparecieron designaran a su suplente, o los que comparecieron citaran a los suplentes de los que no comparecieron y que todos los que no comparecieron dieran las razones de su discordia, lo que se conoce como voto disidente o voto en discordia.

Dicha no sentencia, que supuestamente le permite al Presidente de la República poder presentar su candidatura en las próximas elecciones generales, además de tener todas las características de ser un acto antijurídico, violatorio al Estado de Derecho, y a la Constitución de la República, tiene la peculiaridad de poder ser catalogado aquí y en cualquier parte del mundo como un acto universal de infamia.

Aunque algunos la han definido de precipitada, en realidad lo que refleja en el fondo es la crisis profunda del orteguismo y las interioridades de la lucha de poder de ese grupo político. La maniobra abrupta y rapaz del presidente Ortega, lo que quiere esconder, es la confrontación de ambiciones que se libra en sus propias narices.

Por un lado: de todos es conocido las aspiraciones de la primera dama doña Rosario Murillo de Ortega, de lanzar su candidatura para las próximas elecciones. Por otro lado, la pretensión del señor Bayardo Arce Castaño, cabeza visible de un fuerte grupo económico, quien desde hace mucho tiempo aspira a sustituir a Ortega.

Debido al poder económico que Arce ha acumulado en todos estos años, y a lo viejo de dicha rivalidad (desde antes de la revolución), no le dieron otra opción al ciudadano presidente, de tener que salir desesperado, con el mamotreto jurídico, que nos ofreció, para detener una lucha a muerte entre dos grandes alas de su propio partido, colocando a su persona como sello de botella que paraliza a todo el mundo.

Las declaraciones del presidente de la Asamblea Nacional, René Núñez, anunciando la necesidad de analizar el conflicto de competencia entre la Sala Constitucional y la Asamblea Nacional, lo que revelaron fue la razón por la cual el orteguismo no pudo pasar las reformas por la Asamblea Nacional.

Lo más probable, tal como están las cosas, es que el orteguismo, a pesar de lo que se decía, nunca contó con todos los votos de la bancada sandinista en el hemiciclo, y esto lo exponía a tener que presentar una derrota contundente. Probablemente el bayardismo siempre ha contado con unos dos o tres diputados, que nunca estuvieron dispuestos a darle el visto bueno a Ortega, uno de ellos es René Núñez, quien desde ahora puedo predecir que no volverá a ser reelecto como presidente de ese poder del Estado.

Infamia repito, cometieron esos magistrados orteguistas, al permitirle a su líder correr como candidato en las próximas elecciones sin tomar en cuenta que las aspiraciones dictatoriales siempre en Nicaragua han sido enfrentadas con el acero de la guerra.

Por una pretensión dictatorial, los liberales llamados ayer democráticos, en 1854, encabezados por Jerez, nos vimos impelidos ir a la contienda, conflicto que estuvo a punto de llevarnos a perder nuestra identidad como nación, y que contó con la participación de toda Centroamérica.

Por esas misma pretensión dictatorial, en la noche del viernes 21 de septiembre de 1956, Somoza García en la Casa del Obrero, en León, teniendo todo preparado para seguir perpetuándose en el poder se topó con la decisión de un joven poeta liberal independiente, que definió sus propósitos en una carta dirigida a su madre, y que se erigió en holocausto para detener al dictador.

El agachar la cabeza y tratar de complacer al aspirante de tirano, ha sido toda una actitud servil de la clase política nicaragüense. Esa misma actitud de complacencia y erigir a un hombre en “indispensable y necesario” es lo que le costó a la Guardia Nacional y al Partido Liberal Nacionalista salir al exilio y tener que rodar en la miseria en las calles de Centroamérica y de Miami.

¡Ojalá que se rectifique a tiempo ¡Que la infamia se borre, por el bien del país, de la República, por su institucionalidad y por el bienestar de todos.

El autor es Abogado

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: