Filosofía y crisis

En 1984, con el título de Filosofía y Crisis fue publicado mi libro en la Editora Vozes de Brasil y en la Editorial Nueva Nicaragua, y tres años más tarde, en 1987, en la Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México. En la obra intentaba una explicación de lo que consideraba los grandes ejes que sostenían el mundo en las proximidades del fin del siglo XX y de la crisis de sus fundamentos teóricos construidos desde fines del siglo XVIII, todo el siglo XIX y parte del siglo XX.

Por Alejandro Serrano Caldera.-

En 1984, con el título de Filosofía y Crisis fue publicado mi libro en la Editora Vozes de Brasil y en la Editorial Nueva Nicaragua, y tres años más tarde, en 1987, en la Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México. En la obra intentaba una explicación de lo que consideraba los grandes ejes que sostenían el mundo en las proximidades del fin del siglo XX y de la crisis de sus fundamentos teóricos construidos desde fines del siglo XVIII, todo el siglo XIX y parte del siglo XX.

Intentaba entender y explicar las causas últimas de lo que estaba ocurriendo y el destino de la filosofía, indisolublemente ligado a la historia de donde emana su naturaleza y su propia razón de ser.

Buscaba, pues, sostener la tesis de la historicidad de la filosofía, marcada por el tiempo y el espacio en que le correspondía pensar y actuar, lo que en forma significativa la alejaba de la posición que la consideraba y considera como idea pura, como pensamiento que se piensa a sí mismo, más allá del acontecer veleidoso, contradictorio y brutal en que la acción humana se desenvuelve.

Las líneas principales estaban orientadas a tratar de demostrar que la universalidad de la filosofía no sólo no la aleja del acontecer humano, sino que únicamente es posible a partir de él. En ese contexto procuraba explicar algunos modos de relación entre la filosofía y la historia: la incorporación de la realidad histórica en la filosofía y de ésta en la realidad; la relación histórica y epistemológica de la filosofía y la ciencia; la crisis del racionalismo y la crisis europea; el positivismo; el marxismo, entre otros temas  relacionados con la crisis de los paradigmas fundacionales de la civilización de los últimos tres siglos, para llevar luego nuestra reflexión a  la realidad de América Latina y los temas de la unidad cultural, la cultura y las culturas, la estructura social interna, la autenticidad de la filosofía y la cultura, la crisis y el cambio, para concluir con las reflexiones sobre la posibilidad y sentido de la filosofía en “Nuestra América”.

Aunque en el  libro no se desarrollan directamente, están implícitas las relaciones de la filosofía con los grandes acontecimientos del siglo XX: el conflicto Este Oeste, la crisis Norte Sur, lo mismo que la crisis del racionalismo, el surgimiento de las corrientes del irracionalismo y, particularmente, la aparición del nazi fascismo y el comunismo estalinista, como expresiones brutales y descarnadas de negación de todo signo de humanidad.

La realidad de entonces ha cambiado en estas últimas décadas y se hace necesario plantear de nuevo desde el punto de vista de la filosofía, la crisis contemporánea del mundo, o mejor aún, la crisis del mundo contemporáneo, pues como ya se ha dicho, más que de “cambios en el mundo” se trata de un “cambio de mundo”.

Aunque es imposible, y sería pretencioso, tratar de desarrollar el tema en un artículo, puede intentarse, sin embargo, presentar algunas tendencias dominantes en las ideas más relevantes de nuestro tiempo.

Por una parte, la postmodernidad, bajo cuya contradictoria formulación se acoge la filosofía postmoderna que funciona, principalmente, a partir del “pensamiento débil” o “tenue” al que se refiere Gianni Vattimo para enfrentarlo al pensamiento hegemónico o pensamiento único occidental que pretende dominar, a partir de un solo patrón, todas las formas del pensamiento racional; y la categoría de la “deconstrucción” formulada por Jacques Derrida, mediante la cual se “deconstruyen” los modelos, sistemas, valores y principios universales, relatos y metarrelatos, relativizando, al desmontar las piezas que los componen, las verdades políticas, ideológicas, históricas, religiosas y filosóficas.

Por la otra, y de ahí la contradicción entre el pensamiento y los hechos, el doble rostro de la postmodernidad, está la sociedad postindustrial, caracterizada por la globalización y el capitalismo corporativo transnacional, que tiende, a diferencia de la filosofía postmoderna, a la creación de sociedades homogéneas y uniformes, lo que no excluye, sino que incluye, la profundización de la brecha entre ricos y pobres, mediante la globalización de la riqueza, por un lado, y de la miseria, por el otro.

Como una de las causas de la postmodernidad, habría que mencionar la Revolución Tecnológica, mediante la cual se han cambiado radicalmente los puntos de referencia de la sociedad moderna, y desplazado, cada vez con más énfasis, la “realidad real” por la “realidad virtual”. La internet, la televisión por cable, el teléfono celular, entre otros, han creado un nuevo contexto social, un nuevo ethos, por el que, una buena parte de la sociedad mundial, vive más en el mundo virtual, en la experiencia digital, que en el mundo de la comunicación interpersonal y social. En la era del “Homo Videns” como le llama Giovanni  Sartori, se está cumpliendo la profecía de Hegel a comienzos del siglo XIX, en la que anunció la llegada de un tiempo en el que los medios se transformarían en fines y los fines en medios.

Frente a este fenómeno de la sociedad y el pensamiento, han surgido varias propuestas filosóficas y políticas. Con respecto a las primeras, mencionaré solamente la de la “Filosofía de la interculturalidad” y la “Ética de la alteridad”, que reaccionan ante el modelo cultural dominante y proponen el reconocimiento e interacción de la pluralidad de culturas, desde donde se podría llegar a un concepto de universalidad que se realiza en la “unidad en la diversidad”, pues la unidad es la integración de lo uno y lo diverso  (universo), y no en la uniformidad que somete suprimiendo las diferencias.

Por otra parte, el ser humano en su individualidad, es fruto de su interrelación e interacción con los demás, pues toda identidad y toda subjetividad es social e intersubjetiva.

Creo que filosóficamente es ésta la respuesta adecuada y no el proyecto totalitario que ha surgido en América Latina, principalmente en Venezuela, con el nombre de “socialismo del siglo XXI”, cuando en realidad de lo que se trata es de un regreso a las contradicciones del siglo XIX y del siglo XX y a los caudillos de vieja factura independientemente de su signo ideológico y de que hablen a nombre de una nueva izquierda.

La alternativa al capitalismo financiero transnacional no es el mal llamado “socialismo del siglo XXI”. Chávez y su modelo no es la opción a Wall Street, sino un pensamiento filosófico y una acción política orientados a priorizar los grandes temas sociales y en general, todo aquello que contribuya a construir una verdadera ciudadanía que haga posible la dignidad del ser humano en una sociedad en donde se complemente la justicia con la libertad y la prioridad social con el Estado de Derecho y la Gobernabilidad democrática. El reto de formular la filosofía de la crisis, lo es también para evitar la crisis de la filosofía.

El autor es filósofo y escritor nicaragüense

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