Preocupan denuncias sobre desaparecidos

“Te voy a enseñar cómo ando mis pies para que los mirés y empecés a recapacitar”, dice la madre a su hija de 14 años en una oficina de la unidad de búsqueda y captura del departamento de Auxilio Judicial de la Policía en Matagalpa.

CORRESPONSAL/MATAGALPA

“Te voy a enseñar cómo ando mis pies para que los mirés y empecés a recapacitar”, dice la madre a su hija de 14 años en una oficina de la unidad de búsqueda y captura del departamento de Auxilio Judicial de la Policía en Matagalpa.

La adolescente fue reportada como desaparecida y después de que sus familiares, vecinos y policías la buscaron por más de 24 horas, la hallaron acompañada por una amiga de 13 años, quien también se había escapado de su casa.

[doap_box title=»El caso de Juanita» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

  • “Juanita” tiene 12 años y en la escuela conoció a un adolescente de 17, con quien supuestamente empezó un noviazgo y sostuvo una relación sexual.
Una semana después, la niña creía estar embarazada y además perdió un celular. Imaginó que sería fuerte el castigo de sus padres y optó por irse de la casa.

La Policía recibió la denuncia por la desaparición y un día después la niña fue encontrada en la casa de una amiga de sus padres, quien le había dado albergue. No había tal embarazo.

Casos como éste constituyen delito y a través de la Comisaría de la Mujer, Niñez y Adolescencia, la Policía dio seguimiento a por lo menos media docena de investigaciones: tres por abusos sexuales, dos por violación y uno por estupro.

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“¿Cuánto hemos andado sufriendo nosotros desde ese día que te escapaste? (…) ¿Cuántas veces te he dicho?… Mirá (el caso de) la niña que se llevaron, la violaron y le hicieron zanganadas… ¿no entra eso en tu cabecita?”, reclama la madre a su hija, intentando contener el enojo ante los agentes policiales, aunque cuando éstos se descuidan, la señora aprovecha para dar unos jalones de oreja y pellizcos a la adolescente.

“María” y “Rosa”, de 14 y 13 años, respectivamente, contradiciéndose en algunos detalles intentaron explicar: la menor de ellas tiene una amiga, ésta se peleó con su hermana y quería irse de la casa. Pidió compañía para hacerlo y las dos estaban dispuestas a ayudarla en el plan de escape.

La amiga nunca llegó al sitio donde se encontrarían. A las adolescentes se les hizo tarde para regresar a sus casas y temiendo eventuales castigos decidieron quedarse en la calle.

Sus familiares estaban desesperados y las buscaron por casi toda la ciudad, en el hospital, centros de salud y otros sitios.

La Policía, hasta el 12 de noviembre de este año, registraba 107 casos de personas “desaparecidas”, de las cuales, 80 son mujeres y el 85 por ciento de éstas son menores de 17 años.

“Nos preocupa la cantidad de denuncias sobre personas desaparecidas, porque diariamente son entre dos y tres casos”, dice el capitán Julio González, jefe de la Unidad de Búsqueda y Captura del Departamento de Auxilio Judicial de la Policía en Matagalpa.

De las adolescentes “desaparecidas”, más de la mitad estudia en primaria y una de las causas por las cuales se van de casa es el bajo rendimiento académico y temen que sus padres las castiguen, explica González.

¿POR QUÉ SE VAN?

De las 107 personas que este año han sido reportadas como desaparecidas, dos fueron encontradas muertas y el caso más reciente es el de una niña de 9 años que fue violada y estrangulada.

Al menos 12 de los “desaparecidos” se fueron de sus casas por ser víctimas de violencia intrafamiliar.

Entre los adolescentes reportados como desaparecidos, 12 fueron hallados después de que se juntaron con amigos y “se fueron a vagar” y otros 4 se fueron a “paseos” supuestamente escolares, sin el permiso de sus padres.

De las 80 mujeres reportadas como desaparecidas, 7 “aparecieron” casadas.

Mientras que, de los 27 varones, 10 son menores de 17 años e igual cantidad está en el rango comprendido entre los 25 y 45 años; otros 5 son mayores de 45 y sólo 2 tienen entre 18 y 25 años.

Entre los adultos que se han ido del hogar, la mayoría lo hizo por buscar mejores perspectivas económicas: algunos emigraron hacia Estados Unidos, Costa Rica o El Salvador y muy pocos hacia otros lugares distintos a su residencia en Nicaragua.

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