En Letra Pequeña

Aunque todos los gobiernos han usado de una y otra forma su poder sobre los empleados públicos para poner masa en sus concentraciones, lo que está haciendo el Frente Sandinista resulta vergonzoso, por decir lo menos. Varios empleados, de diferentes instituciones, cuentan lo mismo: les exigen ir y hasta pasan lista para saber quiénes no llegaron. Fascismo puro. Por lo tanto, resulta bastante tonto estar comparando cuánta gente fue a una y otra marcha para determinar cuál de ellas fue la más importante. Todos sabemos que en una de las marchas no estaban todos los que son y en la otra marcha no eran todos los que estaban.

Quién es quién

Aunque todos los gobiernos han usado de una y otra forma su poder sobre los empleados públicos para poner masa en sus concentraciones, lo que está haciendo el Frente Sandinista resulta vergonzoso, por decir lo menos. Varios empleados, de diferentes instituciones, cuentan lo mismo: les exigen ir y hasta pasan lista para saber quiénes no llegaron. Fascismo puro. Por lo tanto, resulta bastante tonto estar comparando cuánta gente fue a una y otra marcha para determinar cuál de ellas fue la más importante. Todos sabemos que en una de las marchas no estaban todos los que son y en la otra marcha no eran todos los que estaban.

Prueba de fuego

Me van a disculpar, pero a mí me resulta precipitado decir que la Policía se lavó la cara con la cobertura que dio el sábado pasado a las marchas. La prueba de fuego para la Policía sería si el comportamiento de las huestes orteguistas hubiese sido aquel mismo cuando salen con machetes, morteros, garrotes y piedras a apalear a una muchedumbre pacífica. Cuando eso suceda otra vez, ¿se va a quedar viendo como lo ha hecho hasta ahora o va actuar contra los abusivos? ¿Qué va a suceder cuando el presidente Ortega les ordene que dejen “al pueblo” expresarse libremente?

Impunidad

La mejor contribución que pueden hacer la Policía, la Fiscalía y los tribunales de justicia a la paz, la tolerancia y el respeto a las libertades en Nicaragua es simplemente hacer su trabajo, que es castigar al que viola la ley, sea del partido que sea, defienda la causa que sea. Si los niveles de violencia e intolerancia han subido tanto que temíamos una matancina este sábado, es porque estos señores que son la autoridad en Nicaragua se han hecho de la vista gorda y el abusivo sabe que cobijado con la bandera de un partido puede malmatar a cualquiera y nada le pasará.

De locura

Es que lo que estaba sucediendo en Nicaragua era una cosa de locura (y hablo en pasado porque quiero darle un voto de confianza a la Policía). Si usted es un ciudadano opositor al régimen y decidía salir a protestar, se le exigiría que pida permiso, que lo haga pacíficamente, y que cumpla al pie de la letra la ley. Al salir usted tendría la certeza de que iba a ser agredido por un grupo afín al Gobierno, que se habrá informado de donde usted estará por el permiso que pidió, que llevará morteros, garrotes y piedras sin que nadie se los decomise, que nunca pide permiso y que, sobre todo, nunca habrá ley que lo castigue de todo lo que en su contra pueda hacer. Esa desproporción de derechos ciudadanos nos tenía al borde la violencia generalizada. ¡Quién puede aguantar una situación así!

No ayude, compadre

Es cierto que éste es un momento de hacer frente común contra un mal mayor, pero el doctor Arnoldo Alemán debe percatarse de que él es causa de desunión, que su presencia divide y, en suma y resta, termina favoreciendo a Ortega. Alemán debería restituir a Nicaragua un poco del mucho daño que le ha hecho, apoyando la unidad de los opositores pero renunciando al protagonismo que hasta este momento insiste en tener, y que, por sus antecedentes, resulta pernicioso para la salud de una coalición opositora. Para los que se lo están preguntando, lo mismo pienso de Eduardo Montealegre.

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