La empatía, el Papa y los líderes

Los humanos somos la especie que más tiempo dedica a la educación de los hijos. Innatamente, aspiramos que nuestros hijos tengan una vida mejor que la nuestra.

Los humanos somos la especie que más tiempo dedica a la educación de los hijos. Innatamente, aspiramos que nuestros hijos tengan una vida mejor que la nuestra.

Asimismo la naturaleza nos dio la maestría de comprender que solos no sobrevivimos; también nos señaló que el bienestar de todos en armonía es indispensable para prevalecer, es felicidad y libertad. Para el hombre no hay nada más útil que el hombre, somos una familia. Para los religiosos es similar, pastor de ovejas, es semejante a padre de familia.

El Vaticano está suavizando las intolerancias del pasado. Ejemplo: a Galileo, el padre de la astronomía y fundador de las ciencias modernas, lo excomulgaron en 1633 por exponer que la Tierra se movía alrededor del Sol. Esto ponía en peligro la fe de las personas y los religiosos creyeron que era su obligación impedir su enseñanza. En 1992, lo desexcomulgaron, admitiendo que la Inquisición Católica actuó de buena fe, pero erradamente.

Recientemente, el Vaticano inauguró la exposición “Astrum 2009”, en reconocimiento a Galileo.

Entusiasmado, hace meses le escribí al Papa Benedicto, le propuse una iniciativa con la cual podría ayudarnos a solventar el problema que afrentan sus fieles en Hispanoamérica: la pobreza.

A Su Santidad le expresé: “He seguido con mucho respeto y atención todos los discursos de Vuestra Santidad y soy un ferviente admirador de los mismos…”.

“En un discurso que brindó… en Brasil… mencionó: “En el ámbito económico y social, pude apreciar tantos signos elocuentes de esperanza para este continente como motivos de preocupación. ¿Cómo no desear una cooperación creciente entre los pueblos de América Latina…?”

En la ONU dijo: “Los principios fundamentales de la Organización el deseo de la paz, la búsqueda de la justicia, el respeto de la dignidad de la persona, la cooperación y la asistencia humanitaria expresan las justas aspiraciones del espíritu humano… La dignidad humana, que es el fundamento y el objetivo de la responsabilidad de proteger… es considerado como el fundamento de toda actuación de los gobernadores hacia los gobernados…”.

“Como líder mundial puede hacer mucho por nosotros, puede solicitarles a las personas más eruditas en desarrollo económico del mundo que le elaboren una guía, con los pasos y normas que deben seguir todos los líderes de Latinoamérica para salir de la pobreza”.

“Luego, Vuestra Santidad tendría que encomendar a todos los sacerdotes de la Iglesia católica, que este documento fuese divulgado en todas las iglesias de Latinoamérica… Esta iniciativa daría frutos y, si perseveramos, en unos años quizás alcancemos el bienestar de países como Italia…”.

“Creo, Santo Padre, que esta obra filantrópica sería de beneficio invaluable para sus fieles y toda la humanidad…”, obviamente, la Iglesia se beneficiaría, pues la caridad termina donde comienza.

Al Papa le sugería personas e instituciones que pueden ser parte de este equipo consultivo, entre otros los Premios Nobel de Economía: el hindú Amartya Sen y el norteamericano Douglass North; la líder política mundial, la somalí Ayaan Hirsi Ali; el Premio Cervantes Mario Vargas Llosa. También se podría solicitar ayuda a los presidentes de las automotrices Fiat y Toyota.

Además debemos considerar la iniciativa “Educando ciudadanos del mundo para el siglo XXI” del Mind and Life Institute y los aportes a las ciencias sociales del neurólogo Antonio Damasio.

El Papa me contestó agradeciéndome la cercanía a su persona y pidió al Señor que me ilumine y ayude a seguir dando en la sociedad un testimonio eficaz del amor de Dios y de la dignidad del ser humano.

Hay que seguir insistiendo, la insensibilidad no es virtud, conocemos que la mayoría de los hispanos viven en la pobreza, rehenes de un sistema que genera desesperación y sobreviven esperanzados en promesas de sus líderes, que nunca se han cumplido, manifestado en los deseos de emigrar de las mayorías.

En el periodo que duró la Inquisición Católica, mediante la censura prohibió no solo el aporte de Galileo; fueron además prohibidos los aportes de miles de eminentes pensadores de la humanidad. El “Índice de Libros Prohibidos” del Vaticano se inició en 1559 y la prohibición de lecturas fue eliminada hasta 1966, —cuatrocientos años—.

Se prohibieron libros indispensables de las ciencias sociales para el desarrollo armonioso de las sociedades: la “Ética” de Baruch de Spinoza, de John Locke, padre de la democracia, “La teoría de los sentimientos morales” de Adam Smith, el mejor sistema moral de la Era Moderna, etc.

Richard Dawkins, científico de la Universidad de Oxford, advierte que si Latinoamérica mantiene el ritmo de crecimiento poblacional actual, en 500 años las personas físicamente no alcanzarán en el continente. Es decir, nuestros mayores vinieron a una de las tierras más ricas del mundo; en 500 años logramos la situación caótica actual y en 500 años más nos destruiremos.

Poco nos beneficiamos con el reconocimiento a Galileo, hoy todos conocemos que la Tierra no es el centro del universo. Obligatoriamente debemos preguntarnos: ¿cómo es posible que hoy pueda existir diferencias concerniente al control natal, entre el Papa y los científicos? La ciencia hay que seguirla, no acepta respaldos parciales, por eso es ciencia.

Durante esos siglos de censura nuestras universidades no enseñaron esas ciencias, los hispanos no conocen esos aportes. Resultado: la ignorancia de los fundamentos sociales de los países más prósperos del mundo. Un reconocimiento magnánimo a los científicos que hicieron posible la Ilustración Europea sería utilísimo, entre otros, a Spinoza, Locke y Smith.

Simultáneamente, unidas las organizaciones empresariales y asociaciones de mujeres de Hispanoamérica debemos impulsar este proyecto y difundirlo por Internet, es obligación tomar responsabilidad por nuestros jóvenes. En sociedades decepcionantes, el involucramiento de las mujeres es indispensable, pueden contribuir más que los hombres.

Tenemos que adquirir las destrezas perdidas por andar trastornados controlando la fe y censurando las ciencias, en vez de haber logrado cohesión social mediante la empatía. Haber cedido el derecho de pensar, que hay que leer y hacer, fue un tremendo freno al progreso.

Lo ético no es lo que hacemos, sino lo que deberíamos hacer. Antes de pedir que la humanidad nos respete, los latinoamericanos debemos preguntarnos: ¿qué podemos hacer por la humanidad?

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