Igual de inentendible el macabro terremoto que concentró su bestial fuerza destructiva en la parte más pobre de Haití, es la historia de las dos naciones que comparten esta pequeña isla, dividida arbitrariamente por intereses militares de siglos anteriores.
Lo que fue un solo territorio español desde el descubrimiento de América en 1492, despertó mezquinos intereses militares y mercantiles de franceses, piratas e ingleses. La parte occidental se la quedó Francia, con población negra objeto de un inhumano, rentable y degradante comercio de esclavos, lo que en ese entonces no era mal visto por los lejanos imperios europeos.
De hecho es una isla con dos realidades muy diferentes, donde Haití es la “cenicienta” y Dominicana es una potencia económica, comparada con su vecino. Los pobres haitianos hablan francés como lengua oficial, pero prefieren usar el lenguaje “creole”, una mezcla de palabras africanas, francesas, inglesas y hasta castellanas. En la colindante República Dominicana se habla español. La isla tiene 76 mil kilómetros cuadrados, 27 mil de Haití y 48 mil de Dominicana, en números redondos.
Al iniciar el siglo XIX, la parte que caminó más rápido en el sentido de la libertad política y en la transformación de la sociedad fue la colonia francesa. Los esclavos consiguieron a un tiempo de la Francia revolucionaria en su período bonapartista, la libertad personal y la autonomía política para fundar una nueva nación con población de raza negra.
El paso de Haití en 1804, anterior a la independencia de las naciones latinoamericanas y sólo después de la de Estados Unidos que no abolió la esclavitud, debió haber marcado un importante y revolucionario hito histórico, pero todo quedó olvidado por veleidad historia. Después del primer logro, el resto ha sido un rosario de pantomimas de acciones sin sentido, como si se hubieran propuesto deliberadamente ser los más pobres y atrasados del continente.
La nueva nación haitiana se dio el lujo de invadir el resto de la isla apenas un año después que los dominicanos habían conseguido la autonomía de España en 1822. Los haitianos que tenían rey y afanes expansionistas, como si quisieran compensarse de los malos tratos de las potencias coloniales.
Permanecieron 22 años como “dueños” de la parte insular de habla española. Ahora, irónicamente, los vecinos dominicanos son los únicos que están a la mano para recibir a los heridos más graves y para el aterrizaje de las aeronaves que no caben en el pequeño y desorganizado aeropuerto de Puerto Príncipe.
La actual trágica realidad de Haití es la resultante de haber dejado su destino en manos de los demás. Sin la ayuda internacional no se puede superar la emergencia, pero eso ya ocurría en ausencia de un terremoto como el que ahora devastó al país. Haití es “beneficiario” de casi todos los programas de ayuda de casi todas las instituciones supranacionales, solamente la ONU tenia casi 9,000 personas destacadas en Haití antes del terremoto. Lo mismo en alimentación que en salud, seguridad y en educación. Se le ha condonado una parte sustancial de la deuda externa y hasta recibe petróleo a menor precio.
La realidad actual es que este territorio había dejado de ser autónomo o casi nunca lo fue. Lo tratan como el paupérrimo país de las eternas necesidades latinas. No se puede decir que alguien se lleva las riquezas nacionales, porque casi no existen. Si alguna vez deja la miseria y logra tener un mercado interno y desarrollo de sectores de exportación, los haitianos sabrán lo que significa ser un país subdesarrollado bajo dominio extranjero. Ahora, no es nada más un territorio pobre, pletórico de negros-pobres-extremos (aquí no son de color diferente, ni afro-haitianos, sin gobierno y sin leyes que alguien aplique. De nada le sirvió conseguir la independencia antes que los demás. Irónicamente no lo explotan las potencias dominantes. Lo usan tristemente para demostración de su caridad con los demás.
Aquí Nicaragua tiene el beneficio gratuito de no ser el país más pobre de América, sino el segundo país mas pobre, el puesto del último sitio en las estadísticas mundiales siempre le corresponde a nuestra hermana república de Haití. Que esto sirva de consuelo a quien se quiera consolar. Pues a otros más les daría pena.
El autor es empresario
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