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La escena no dejaría de ser una más de las miles que suceden a diario, pero Maryuri Baltodano (26 años) y Oliver Smith (27años) se desplazan en silla de ruedas y ambos viven en el Hogar de Protección Pajarito Azul.

Luisa Padilla Molina abraza de forma efusiva a su amigo, tras marcharse él del Hogar de Protección Pajarito Azul.

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Fotos de La Prensa/Oscar Navarrete

“Eres mi mundo”, le dijo Oliver a Maryuri mientras tomaba su rostro. Fue a comienzos de abril del 2004 y era una tarde de mucho polvo y calor sofocante en aquel patio baldío donde los jóvenes enamorados se encontraron. Un beso selló el noviazgo.

La escena no dejaría de ser una más de las miles que suceden a diario, pero Maryuri Baltodano (26 años) y Oliver Smith (27años) se desplazan en silla de ruedas y ambos viven en el Hogar de Protección Pajarito Azul.

La joven de tez blanca, ojos grandes y redondos, cambia de entonación cuando recuerda lo complicado que fue para ellos iniciar su noviazgo.

«Al comienzo teníamos muchos problemas, pero hemos roto esa barrera. Lo más difícil fue vernos a escondidas, pero todo cambió cuando demostramos que podemos luchar no sólo por ser vistos como seres con derechos, sino que también vivimos etapas como cualquier otra persona, y el amor no es la excepción», aseveró Maryuri, mientras quitaba sus lentes y secaba sus ojos, emocionada.

Ambos han crecido en el centro de protección y han tenido que superar las barreras que surgen “por ignorancia, por cultura o simplemente por creer que somos discapacitados emocionalmente y no es así, se equivocan”, afirma tajante Oliver.

Según el doctor Douglas Paizamo, médico especializado en atender a jóvenes con discapacidades, estos mitos pueden provocar graves secuelas emocionales e innecesarias en estas personas al reprimirlos sexualmente.

“Está comprobado que los deseos sexuales existen en los discapacitados. Este proceso natural les condiciona de forma innata ya que depende de las hormonas, al igual que ocurre en una persona que no presenta ningún tipo de limitante”, afirmó Paizamo.

Los actos sexuales entre discapacitados son aún visto con malos ojos por diversos sectores sociales en nuestro país.

«Muchos creen que es un acto pecaminoso que una persona sin problemas motores, sostenga una relación con otra, por ejemplo, con Síndrome de Dows, pero debe verse con normalidad; la mayor parte de los discapacitados (excepto los que presentan problemas neurológicos) son cien por ciento activos y en muchos casos reproductivos, quien cree lo contrario, está equivocado”, puntualizó el especialista.

Pero la información exacta, y libre de opiniones estereotipadas, no está siempre disponible para estos jóvenes. Los libros y charlas generalizan el tema, por ende carecen de al menos un capítulo que relacione la discapacidad con la sexualidad.

En nuestro país crecen y se desarrollan día a día miles de jóvenes con diversas dificultades motoras, sicológicas, que no logran desarrollarse sexualmente por temor a las reacciones que familiares, amigos o educadores puedan tener de ellos. “Se inhiben, dejando el paso libre a la violación a sus derechos reproductivos”, afirma el doctor Paizamo.

Este no es el caso de Maryuri y Oliver.

Y es en ese patio delantero de Pajarito Azul, cuyo suelo de tierra fina es levantado por el viento, donde los jóvenes se refugian, lejos del bullicio que provocan sus compañeros, de las miradas curiosas.

“Nos vemos a solas dos horas al día, no más”, sonríe Maryuri, quién además admite que resulta pesado verse con Oliver reiteradas veces. “Podríamos matar el amor”, asegura.

Han crecido como hermanos, han compartido juntos las etapas más difíciles y entre paredes blancas y corredores largos, dolorosas rehabilitaciones han fortalecido sus corazones. El caso de Maryuri y Oliver, fue la punta de lanza para que en la Dirección del centro permitieran el noviazgo entre ellos.

¿Pero cómo manejar el estado hormonal de un joven con discapacidad?

Según la máster en Educación Sexual, Ruth Elizondo, la educación y el trato personalizado facilita al joven en edad reproductiva integrarse en la sociedad, dirigiéndose a la otra persona con respeto y sana atracción.

“Somos un reloj biológico, y este no se controla, ni se detiene. Los jóvenes con discapacidad reaccionan igual que nosotros, la diferencia es que se inhiben por la educación que en muchos de los casos le dan sus padres o maestros, por hacerles creer que no está bien que ellas sean coquetas, que ellos pongan mayor atención a su cuerpo”, asegura Elizondo.

Cada uno de los 89 jóvenes residentes en el Hogar de Protección “Pajarito Azul” presentan algún tipo de discapacidad, una personalidad que los distingue, pero una misma ilusión que no todos podrán cumplir: formar su propia familia.

Según María Isabel González, psicóloga del Hogar, la adopción ya no es una alternativa para los 89 jóvenes. Sin embargo existen especialistas que trabajan con ellos para ayudarles a fortalecer su autoestima y hacerles sentir en familia, no siendo suficiente, admite la experta.

Pero llevar un noviazgo dentro de un centro de protección para discapacitados, no es tarea fácil.

María Isabel también es joven, y ha vinculado su carrera profesional al servicio de “estos ángeles que nadie les gusta atender por no ser un especialidad bien remunerada”.

Sentada en su consultorio spicológico, María Isabel afirma ser una mujer sin tabú que gusta hablar sobre sexualidad y discapacidad cuando es abordado con respeto y conciencia.

“La sexualidad es una función biológica y también es la más profunda fuente de encuentro, intimidad y comunicación de sentimientos, y los jóvenes con capacidades diferentes también se enamoran y tienen deseos”.

Esta afirmación la comparte el doctor Paizamo, quien agrega “es una condición humana sentirse atraídos por el otro sexo y en muchos casos por el mismo. La respuesta sexual se logra con la integración de muchos reflejos en el cuerpo, cuyas acciones acceden a una orden neurológica y las personas con discapacidad requieren un estímulo constante con una base emocional previa”, asegura.

Misión que ha tenido que cumplir María Isabel en el Hogar de orfanato, quien asumiendo un papel de madre ha encaminando el proceso de desarrollo de los muchachos, resolviendo sus dudas y mediando diferencias entre ellos.

María Isabel al hablar, parece haber grabado la vida de estos jóvenes en su memoria.

“Recuerdo una anécdota de una joven autista, a ella le costó mucho adaptarse a que la menstruación era normal en toda mujer después de una determinada edad, tuve que utilizar el método del dibujo, me tomó tres meses de seguimiento con ella”, recuerda la especialista entre risas.

Maryuri también enfrentó esta etapa. Comenta su caso un poco resignada.

“Cuando entré a la adolescencia fue muy difícil para mí verme sangrando, pero lo tuve que superar”. Ahora sus preocupaciones son otras.

Mientas habla, a pocos metros de distancia está Oliver.

“He tenido varios enamorados. Pero Oliver, mi compañero del centro, (hace una pausa y suspira), me conquistó con sus tarjetas, al principio me caía mal, pero después sentí cosas en el estómago, me daban nervios. Ahora somos novios y quiero pronto formar mi familia”, culmina la frase entonando con fuerza.

Su deseo, es posible, desde el punto de vista médico.

Según el doctor Paizamo “Maryuri como cualquier otra mujer con discapacidad, sea esta motora o sicológica, puede ser madre. Es otro mito el pensar que un joven con retardo mental no podrá cuidar de su hijo, que los invidentes no pueden formar su familia o que una persona con parálisis cerebral no se puede interesar en el sexo. Sí se puede”, afirma Paizamo.

Sin embargo las prioridades del novio de Maryuri están más vinculadas a terminar su carrera profesional. Oliver, quien es estudiante del último año de Ingeniería en Sistema, no se percata lo que la chica comenta, y tampoco comparte, por el momento, la intención de formar pronto su propia familia.

“Quiero terminar mi profesión y empezar una vida, por eso estoy estudiando y pronto seré ingeniero en computación”, afirma emocionado, luego de hacer una breve pausa, asegura que cursa el último año en la Universidad de Occidente, en Managua.

Su relación sentimental con Maryuri es “excelente”, por eso le indigna que otros por “por ignorancia o por cultura, nos consideren discapacitados emocionalmente”.

La situación sentimental de esta pareja se basa, según ellos, en la confianza y en demostrar que viven esa etapa como cualquier otra persona. “El amor no es la excepción”, afirma por su parte Maryuri.

“Yo investigo en Internet, pero existen compañeros que necesitan de atención directa, pues no podemos negar que somos jóvenes especiales, pero varios de nosotros capaces sexualmente”, afirma Oliver.

La psicóloga, lo observa, y cuando tiene la oportunidad, comenta: “Pero los muchachos que presentan problemas neurológicos serán tratados siempre como niños, porque su edad biológica no es la misma que su edad mental”.

A diferencia de Maryuri y Oliver, unos gemelos con Síndrome de Down, tienen a una madre a quién contarle sus sentimientos.

“Mamá estoy enamorado”, esa frase la escuchó una mañana Ruth Elizondo, y sin poder preguntar nada abrazó a Raúl, su hijo, un joven de 23 años con síndrome de Down. Raúl, es hermano de Emir Cabezas Elizondo, ellos son gemelos y afirman sentirse integrados en la sociedad.

De repente Raúl muestra un carné que dice “Casa del Café” y guiña su camisa, orgulloso de trabajar como mensajero interno de esa compañía distribuidora del grano de oro. Reacción que su hermano Emir imita.

—Yo me siento orgulloso de estar enamorado, sé que estoy sintiendo amor pues me pongo nervioso, mi corazón se emociona— afirma Raúl

—Es necesario conocer muy bien a la persona antes de enamorarse, a mí por ejemplo me gusta Roxana, Gema, Paola, ellas son mi energía— sonríe Emir, el hermano, de forma pícara.

Sin embargo este tema inquieta a doña Ruth Elizondo, su madre, quien toca su melena rubia en reiteradas ocasiones, mientras los observa atentamente.

«Es preocupante el tratamiento de la sexualidad en discapacitados en un país machista como este. Muchos padres llevan a sus hijos donde mujeres que prestan un servicio sexual, creyendo así que sus hijos vivirán una mejor experiencia, pero esto más bien puede ocasionar una serie de problemas como enfermedades sexuales, adicciones y confusiones internas».

Al respeto, el doctor Paizamo opina que los padres o educadores deben actuar con mucha responsabilidad, y puntualiza: «No debemos olvidar que las personas con capacidades diferentes son vulnerable al abuso sexual, exponerlos, es ser partícipes de tan macabra acción», afirma.

Por su parte, la madre de los gemelos Elizondo sostiene que la educación sexual de sus hijos se orienta en el crecimiento emocional, «para luego dar el paso al contacto físico».

Ella como madre de dos hijos con capacidades diferentes decidió en 1987 crear, en conjunto con otros padres, la Asociación de Padres de Familias con Hijos Discapacitados “Los Pipitos”, con el objetivo de que sus hijos tuvieran la oportunidad de vivir en un ambiente de respeto a sus derechos como seres humanos, creando las condiciones que les facilite desarrollarse al máximo.

Hace 23 años, Elizondo no imaginaba que sus hijos crecerían rápidamente y que un día tendría que ver a sus gemelos convertidos en hombres, teniendo que explicarles sobre sexualidad.

En la conversación, Raúl, asegura que “su madre es cariñosa y atenta todo el tiempo”. Por su parte ella comenta que su meta es que sus hijos puedan llegar a tener su propia familia.

—Tienes razón mi madre, yo quiero casarme con una mujer mucho mayor que yo. Tal vez de 30 años— sonríe Raúl y oculta su rostro entre las manos simulando pena. b

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