José Antonio Flores tenía 75 años cuando recibió su primera pensión por vejez. Durante 15 años se vio privado de este beneficio porque no logró reunir las 750 semanas de cotizaciones que la ley exige, aunque la misma contempla que se podía recibir una pensión proporcional en dependencia del número de semanas que logró cotizar.
En 2008 cuando el pago llegó —luego de seis años demandando con la ayuda del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh)— ya era demasiado tarde. José Antonio falleció una semana después de haber recibido su primer cheque.
El caso de José Antonio es tan sólo uno de los que llegan a las oficinas del Cenidh. Según Carlos Guadamuz, abogado del organismo, el reporte que manejan registra —entre el año 2009 y lo que va de este año— unas 27 demandas por prestaciones por vejez, un número bajo si se le compara con las demandas laborales y las relacionadas con la niñez y las mujeres, pero que confirma otra parte del drama de los pensionados y jubilados.
“Ellos vienen desde los 60 años (edad para jubilarse) tramitando sus prestaciones en el INSS, han tenido negativas, no han tenido respuestas. Entonces ya un poco agobiados y cansados deciden denunciar o deciden buscar apoyo en el Cenidh”, apuntó Guadamuz.
Pero el sistema de justicia es bastante lento y las condiciones de salud que presentan los demandantes, por su condición de vejez, no son las óptimas para emprender una lucha en contra del sistema. Aquí llevan todas las de perder cuando superan los 65 años de edad y también se enfrentan a problemas de salud como dolor en los músculos y los huesos, a la artritis o a la hipertensión.
“Problemas crónicos principalmente, que estar gestionando con negativas los desgasta, es un problema de desgaste que afecta no solamente su nivel de vida, sino que afecta su salud, porque estamos hablando que hay un fenómeno de retardación de la justicia en general”, agregó Guadamuz.
- En medio de su desesperación María José Castillo, quien recibe una pensión por orfandad equivalente a 1,600 córdobas al mes, se atrevió a escribirle una carta a Roberto López, presidente del INSS, la que fue remitida desde julio del año pasado.
La semana pasada logró hablar con un representante de atención al pensionado, pero recibió otra negativa.
“Me dijeron que la ley decía eso, que la miseria que me estaban dando era lo que me correspondía”, señaló.
“Es la ruina de cualquier persona, estoy desamparada. Me siento más enferma de ver que no puedo sobrevivir con esta miseria; se lo juro que no he descartado la posibilidad de quitarme la vida, porque sinceramente no encuentro otra salida”, expresó María José, mientras se ahogaba con el llanto.
Donald Castillo, presidente de la Asociación de Jubilados y Pensionados de Nicaragua, asegura que a largo plazo, el Gobierno se verá obligado a ceder y a otorgar pensiones para los adultos que no cotizaron al Seguro Social; es decir, que se verán obligados a subsidiar estas pensiones.
Pero esta posibilidad es aún muy lejana y no favorece en mucho a María José Castillo. Por el momento sólo le queda esperar a que llegue el próximo 19 de febrero para cobrar la pensión de mil 600 córdobas, que no le permite tener una vida digna.
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CRISIS AGOBIANTE
Eduardo Alegría ha corrido con mejor suerte. Hasta sus 60 años logró reunir mil 200 cotizaciones de su trabajo como conductor. Desde hace tres años recibe una pensión de 2 mil 800 córdobas que cobra en la delegación José Benito Escobar, ubicada cerca de Plaza Inter.
Un monto bastante escuálido cuando la canasta básica mensual ronda los 8 mil 300 córdobas, cuando tiene que mantener a su esposa y la responsabilidad de los estudios universitarios de su hijo.
Pero lo que realmente molesta a Alegría es que el 20 de enero pasado, cuando iba a retirar su pensión, en la delegación había una fila que ocupaba cerca de dos cuadras.
“Entonces yo salí de pagarme a las 10 y media de la mañana (llegó antes de las 5:00 a.m.). Pero no es posible que personas de setenta y pico de años se vayan el 19 (un día antes del pago regular de pensiones) a dormir allí. Es una incomodidad terrible, imagínese que llegan como dos mil personas y tal vez sólo hay cuatro o cinco cajeras”, apuntó.
Los ancianos se ven obligados a hacer largas filas, incluso desde la noche anterior, para poder recibir el dinero de sus pensiones en las instalaciones del INSS. Antes las recibían en las entidades bancarias, donde tampoco se escapaban de las filas.
Y aunque el pago se retiró de los bancos, precisamente para evitar el maltrato al que se sometían las personas de tercera edad, según se quejaban, Alegría acepta que “en los bancos era más incómodo todavía, han mejorado, pero muy poco”.
Para Donald Castillo, presidente de la Asociación de Jubilados y Pensionados de Nicaragua, el verdadero problema no es si hay o no maltrato. Para él el verdadero problema es la grave situación económica en la que se encuentran los jubilados, la que los arrastra a buscar sus pensiones desde el primer día de pago, es decir el 20 de cada mes, con lo que se arman aglomeraciones en los centros de pago del INSS, en Managua.
“Como la gente no tiene plata, porque no le alcanza, está desesperada, entonces se van desde la madrugada a hacer filas”, indicó Castillo.
HAY PROBLEMAS MÁS GRAVES
“Sí, es evidente que hay un descuido por parte de las autoridades en relación a las personas de la tercera edad. Pero las filas en la población de la tercera edad es solamente la punta del iceberg de un problema general muy grave”, apuntó Carlos Guadamuz , abogado del Cenidh.
Este grave problema al que se refiere Guadamuz, es precisamente el hecho de que hay una gran cantidad de población activa trabajando, que no está cotizando y que por ende no está garantizándose su protección social.
Esto se debe, según Guadamuz, a la falta de fiscalización del INSS, porque esta gente trabajadora es joven, pero van a envejecer y ahí se enfrentarán a grandes problemas en cuestiones de seguridad social.
“Actualmente la CEPAL ha hecho una advertencia, que en América Latina la seguridad social debe tomar decisiones a largo plazo, previendo esta situación. Previendo que actualmente el mercado laboral nicaragüense es informal, sin seguro, con población joven que va a envejecer. Realmente urge una política laboral y una política de seguridad social, mejorar la fiscalización, tanto del Instituto de Seguridad Social, como por parte del Ministerio del Trabajo. Son dos cosas que no se pueden dividir, que no se pueden fraccionar”, dijo Guadamuz.
El presidente de la Asociación de Jubilados y Pensionados de Nicaragua considera que la situación es mucho más grave, porque incluso en la empresa privada y los ministerios del Estado les hacen contratos a los trabajadores donde no reciben los beneficios como vacaciones, decimotercer mes y mucho menos las cotizaciones al INSS, que les garanticen una pensión para su vejez.
EN TOTAL DESAMPARO
Pero María José Castillo —quien prefirió no ser fotografiada— no tuvo que esperar a envejecer para verse desprotegida del sistema de seguridad social. A sus 37 años enfrenta problemas de esquizofrenia, que le fueron detectados desde los 22 años. Al morir sus padres y sin el apoyo de ningún familiar se fue al Seguro a solicitar su pensión por invalidez y orfandad.
“Me fui al Seguro para que me dieran el seguro de mis padres, ellos terminaron todas sus semanas y tenían semanas de más, entonces me aprobaron darme un porcentaje del Seguro”, explicó Castillo.
Un total de 485 córdobas fue la pensión que le fue asignada a partir de mayo del año pasado; y luego de múltiples peticiones que se convirtieron en súplicas, le subieron a mil 600 córdobas mensuales.
Una cifra que resulta ridícula si se saca la cuenta de 500 córdobas mensuales que María José debe pagar por el alquiler de una habitación y los mil 400 córdobas al mes que invierte para un plato de comida que consume solamente cuatro días a la semana. Los otros tres días se ve obligada al ayuno.
También tiene que comprar medicamentos para los dolores de cabeza y los mareos frecuentes, los dolores en el cuerpo y ya no se diga las afecciones en la dermis que la obligan a cubrirse incluso el rostro con una vieja chaqueta. Por ahora, tiene que ajustarse a la pensión que recibe.
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