La marcha de las escobas

Para mañana sábado 20 de marzo a las nueve de la mañana, organizaciones independientes y democráticas de la sociedad civil han convocado a una manifestación pública cívica, previamente denominada “marcha de las escobas”. Esto significa que muchas personas marcharán con una escoba en las manos para simbolizar la gran necesidad de barrer la basura de la corrupción, la inmoralidad política, la incapacidad y la ineficiencia que imperan en el gobierno y el Estado.

Para mañana sábado 20 de marzo a las nueve de la mañana, organizaciones independientes y democráticas de la sociedad civil han convocado a una manifestación pública cívica, previamente denominada “marcha de las escobas”. Esto significa que muchas personas marcharán con una escoba en las manos para simbolizar la gran necesidad de barrer la basura de la corrupción, la inmoralidad política, la incapacidad y la ineficiencia que imperan en el gobierno y el Estado.

Afortunadamente, representantes de los partidarios de Daniel Ortega han dicho que esta vez no van a actuar violentamente contra los marchistas cívicos y pacíficos de la sociedad civil, como lo han hecho en ocasiones anteriores. O sea que respetarán el derecho humano y constitucional de manifestación pacífica de los ciudadanos. Esperamos que así sea. Pero de todas maneras no hay que confiarse, porque tratándose de turbas de cualquier clase, de izquierda o de derecha, cualquier agresión alevosa se puede esperar.

Lo lamentable es que en esta ocasión han sido los dirigentes de un partido democrático, como se supone que es el PLC, quienes han atacado verbalmente a la sociedad civil organizadora de la marcha de las escobas, como dándose por aludidos con eso de que hay que barrer la corrupción. Dicen los líderes del PLC, que es en las organizaciones de la sociedad civil que se debe barrer y que sus dirigentes deben de rendir cuenta públicamente de sus ingresos y gastos, y ser elegidos por la población igual que los del PLC.

Pero los miembros de las organizaciones de la sociedad civil no ejercen funciones de gobierno y Estado que afectan obligatoriamente a todos los nicaragüenses. No reciben sueldos provenientes de las arcas estatales, ni viáticos, asignaciones de combustible y otras regalías. Tampoco tienen inmunidad procesal, ni disfrutan de ninguno de los demás privilegios que sí gozan los diputados, magistrados, contralores y demás altos funcionarios del Estado, del partido de gobierno y de la oposición. Los dirigentes de la sociedad civil no son empleados públicos, como sí son los diputados, magistrados, contralores, ministros, fiscales y demás funcionarios cuyos sueldos y beneficios salen de los impuestos que pagan todos los nicaragüenses, y por eso mismo están obligados a dar cuenta de sus actos y de sus desmanes, como muy claro se establece en el artículo 131 de la Constitución.

En realidad, cuando se habla de barrer la corrupción, la incapacidad administrativa y los abusos de poder, la gente entiende muy bien que se trata de hacer limpieza en el gobierno y el Estado. Y nadie o muy pocas personas se dejan confundir por las artimañas verbales de algunos políticos crónicos.

Se conoce que fue en Brasil donde se comenzó a usar la escoba como símbolo de lucha contra la corrupción y se enarboló como estandarte en las manifestaciones populares. En l959, el político brasileño Janio Quadros se lanzó como candidato a la presidencia de Brasil y escogió la escoba como emblema de su campaña electoral, pues prometía barrer la corrupción. Quadros, en sus actividades públicas enarbolaba una escoba y sus seguidores hacían lo mismo en las asambleas y manifestaciones callejeras. Pero, además, Janio Quadros mostraba a las multitudes una rata enjaulada, pues aseguraba que al llegar al poder no sólo barrería la corrupción, sino que también encarcelaría a todas las ratas políticas y burocráticas que abundan en el servicio público.

Desde entonces la escoba ha sido utilizada como un mensaje simbólico, de que es necesario barrer la corrupción y demás lacras políticas y administrativas que han inundado la administración pública en muchos países de América Latina. Sobre todo donde y cuando hay gobiernos autoritarios y caudillistas, como el de Daniel Ortega en Nicaragua, a cuyo amparo, de la noche a la mañana algunos se convierten en dueños de mansiones, hoteles de primera, carros de lujo, empresas y bienes suntuarios de toda clase.

Pero la corrupción no es sólo el robo o aprovechamiento descarado de los recursos públicos en beneficio particular, sino también el mal desempeño de los cargos gubernamentales y estatales. Y todo eso, la malversación, la irresponsabilidad gubernamental y la incapacidad administrativa, es lo que hay que barrer del gobierno y del Estado de Nicaragua, para que este país pueda progresar y los nicaragüenses vivan en paz, libertad y democracia. Así se lo merecen y por eso es que lucha la sociedad civil independiente y democrática que ha convocado para mañana la marcha de las escobas.

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