Asesino de arzobispo Romero recibió USD 400 de pago

Líderes de la derecha salvadoreña pagaron 1,000 colones (400 dólares de la época) al sicario que asesinó al arzobispo Oscar Arnulfo Romero en 1980, según reveló al diario digital El Faro uno de los involucrados en el homicidio, el capitán Alvaro Saravia.

SAN SALVADOR/AFP

Líderes de la derecha salvadoreña pagaron 1,000 colones (400 dólares de la época) al sicario que asesinó al arzobispo Oscar Arnulfo Romero en 1980, según reveló al diario digital El Faro uno de los involucrados en el homicidio, el capitán Alvaro Saravia.

Después de haber asesinado al arzobispo el 24 de marzo de 1980, los conspiradores se reunieron en una casa en San Salvador donde estaba el mayor Roberto D’Aubuisson, fundador del partido derechista ARENA, quien figura como el principal acusado en el caso por una Comisión de la Verdad de la ONU.

«Dos o tres días después del asesinato de monseñor Romero, el grupo de D’Aubuisson sostiene una reunión en la casa de Eduardo Lemus O’byrne. Saravia conoce de esta reunión, porque él mismo, saliendo de ahí, fue a pagarle al hombre que disparó contra monseñor Romero», consignó el Faro.

«Yo no conocía al tirador. Ese día (el del asesinato) lo vi yo en el carro, meterse al carro de barba. Y después le fui a entregar yo personalmente los mil colones (400 dólares de la época)» que D’Aubuisson pidió prestados a Lemus O’byrne», relató Saravia rompiendo un silencio de tres décadas.

El dinero, según Saravia, se lo entregó en el estacionamiento de un pequeño centro comercial en el oeste de San Salvador, llamado Balam Quitzé. Ahí lo esperaba el tirador, ya sin barba.

El mismo Saravia declaró a El Faro que fue «un indio», un agente de la ahora proscrita Guardia Nacional, el francotirador que disparó a Romero mientras oficiaba misa, descartando que hubiese sido un argentino que integraba un grupo de asesores enviados por el dictador Roberto Viola.

Lemus O’byrne, un conocido empresario salvadoreño, en declaraciones a El Faro, negó haber proporcionado el dinero para pagar al sicario: «Y no, no recuerdo esa reunión. Esa reunión nunca pasó».

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