A juzgar por la encuesta de la firma M&R Consultores que LA PRENSA ha dado a conocer esta semana, los ciudadanos están muy claros de la situación del país y de lo que es necesario hacer para sacarlo de la trampa del estancamiento y la incertidumbre, en la que penosamente ha caído bajo el nuevo régimen autoritario de Daniel Ortega.
Quienes no parecen comprender la situación actual de Nicaragua — y si la comprenden les importan muy poco o nada los sentimientos de la gente y los intereses nacionales—, son, salvo honrosas excepciones, los líderes de los partidos opositores, los cuales, unos por acción y otros por omisión, son también culpables o corresponsables por el angustioso predicamento en que el FSLN y personalmente Daniel Ortega tienen al país actualmente.
Según los datos de la encuesta de M&R que LA PRENSA publicó en su edición de ayer jueves 25 de marzo, el 56.6 por ciento de los ciudadanos opina que los partidos de oposición deben presentarse unidos —o sea con un solo programa, un candidato presidencial único y listas integradas de aspirantes a diputados— a las elecciones nacionales que se van a celebrar en noviembre del próximo año.
Pero los dirigentes de los partidos de oposición, incluso los liberales, dicen lo mismo en sus declaraciones y discursos. Los liberales hasta han protagonizado en los últimos meses, un aparente esfuerzo de unidad partidista para el cual ha servido de mediador el Obispo de Estelí, monseñor Abelardo Mata. Sin embargo, no se ven avances a la unidad y a veces más bien parece que retroceden. Después de las elecciones en el Atlántico y la proclamación unilateral de la precandidatura presidencial de Arnoldo Alemán, en Boaco, la supuesta unidad liberal se ha visto como una frágil barca a punto de naufragar, al grado de que el mediador dio a conocer su frustración e intención de retirarse de los esfuerzos de conciliación.
Por lo que dicen los dirigentes liberales en público —que nunca se sabe si es la verdad o son mentiras políticas con fines propagandísticos— el trabón que impide alcanzar el acuerdo de unidad que había sido anunciado para el domingo 14 de marzo, es el procedimiento para escoger a los candidatos comunes para las elecciones nacionales del próximo año: mediante primarias o algún otro mecanismo. No se ponen de acuerdo en: ¿qué se debe decidir primero? ¿La unidad o las primarias o cualquier otro procedimiento de selección de los candidatos? Dicho con otras palabras: ¿Qué poner delante: los bueyes o la carreta?
Pero mucho más importante que la carreta liberal es el tren de la democracia. Para la población democrática de Nicaragua, ya sea la minoría que dice simpatizar con los partidos opositores como la mayoría que se declara independiente, los problemas de las cúpulas liberales son secundarios. Los ciudadanos comunes no tienen interés en las cuotas de poder para tal o cual partido, tampoco les importan las disputas por los liderazgos opositores, ni ninguna de las mezquindades propias del mundillo de la política partidista. Lo que quiere la gente es que se resuelva la problemática nacional, o al menos que mejore la situación del país; que impere la seguridad jurídica y pública; que haya libertad económica y que vengan inversiones extranjeras a fortalecer la economía nacional y crear empleos; que se respeten los derechos individuales y las libertades públicas; que se termine el temor a la represión de turbas y las amenazas abiertas o solapadas de comisionados policiales orteguistas; que cesen las difamaciones a quienes expresan libremente sus opiniones.
Para eso es imperiosamente necesaria la unidad de la oposición y una sola candidatura presidencial, en las elecciones del próximo año. Y es obvio que a menos que se encuentre otro mecanismo mejor, la gran unidad democrática sólo se puede lograr mediante un acuerdo nacional para escoger a los candidatos de la oposición en elecciones primarias. De manera que si hay verdadera voluntad de unidad opositora e interés de recuperar la institucionalidad democrática, la iniciativa de primarias del PLC se debería integrar con la propuesta presentada la semana pasada por Hagamos Democracia y el Movimiento 9 de Noviembre, o sea los alcaldes democráticos a quienes les robaron la victoria electoral en 2008.
En todo caso, las primarias no deben ser sólo para los liberales, que como partidos políticos son minoritarios en la población opositora. Las primarias tienen que ser de todos los nicaragüenses que están dispuestos a sufragar por la libertad y la democracia.
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