Peligrosidad de pandillas en aumento

Representantes de organizaciones que trabajan en los barrios con jóvenes en riesgo, consideran que en el país ha aumentado la peligrosidad de estas agrupaciones, lo que puede llevarles a un acercamiento con el crimen organizado.

Claudia Paniagua LAPRENSA/ARCHIVO G. FLORES

Representantes de organizaciones que trabajan en los barrios con jóvenes en riesgo, consideran que en el país ha aumentado la peligrosidad de estas agrupaciones, lo que puede llevarles a un acercamiento con el crimen organizado.

Claudia Paniagua, directora ejecutiva de la Fundación Nicaragua Nuestra, advirtió que la amenaza “de convertirnos en una Ciudad Juárez o en los países vecinos del norte está más cerca de lo que creemos”.

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  • La directora ejecutiva del Centro de Prevención de la Violencia (Ceprev), Mónica Zalaquett, manifestó que el aumento de muertes violentas de jóvenes en el país, que pasaron de ocho a 50, que se registraron el año pasado, es una forma de demostrar el aumento de la violencia en el sector.
A criterio de Zalaquett, los pleitos juveniles ahora se ventilan con armas de fuego y lo peor, según la expositora, es de que “hay armas que se están alquilando en los barrios”.

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Y criticó que se siga diciendo que Nicaragua es el país más seguro, cuando lo que se debe decir es que es el menos inseguro.

Paniagua aseguró que hay algunos miembros de pandillas que ya venden drogas, y no sólo la consumen como ocurría anteriormente y se dedican a la delincuencia común.

Mónica Zalaquett, directora ejecutiva del Centro de Prevención de la Violencia (Ceprev), quien junto a Paniagua asistieron como panelistas a la presentación de una encuesta sobre seguridad ciudadana que efectuó ayer el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP), estimó por su parte que la cantidad de expendios de droga estimados por la Policía es mayor.

Consideró Zalaquett que en algunos casos es mucho más fácil comprar droga que leche.

Paniagua por su parte indicó que estos grupos juveniles “antes se enfrentaban entre ellos con piedras, morteros y cuchillos, (ahora) esos mismos jóvenes tienen armas de fuego, incluso de guerra algunos”, indicó Paniagua.

Mónica Zalaquett
LA PRENSA/ARCHIVO

Según Paniagua, el cambio también se observa en la forma de vestir, en que ahora portan celulares, que ya andan en vehículos, en motocicleta, “ya no se mueven a pie y ya no son de chinela de gancho”.

“Estamos iniciando, si vos querés, pero esas señales hay que tomarlas en cuenta para que no sea muy tarde”, apuntó Paniagua.

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