Rubén Darío, el melancólico

Una multitud de ideas saltan de las páginas de este libro de Nydia Palacios Vivas, “Rubén Darío, melancólico capitán de la gloria”, una expresión creada por Juan Ramón Jiménez, ideas sobre lo que es o no es la literatura, la revolución literaria y la contrarrevolución a esa revolución, el culto a la personalidad y la rebelión contra ese culto, el misticismo, el erotismo, la tradición y la novedad, el acto creador, lo moderno y la modernidad, el poeta y su relación con la sociedad, la oscuridad y la gloria, la desacralización del dios, de todo esto y mucho más, nos habla Nydia, porque escribir sobre Darío es mencionar mundos dentro de otros mundos.

LA PRENSA/ARCHIVO

Por Horacio Peña

Una multitud de ideas saltan de las páginas de este libro de Nydia Palacios Vivas, “Rubén Darío, melancólico capitán de la gloria”, una expresión creada por Juan Ramón Jiménez, ideas sobre lo que es o no es la literatura, la revolución literaria y la contrarrevolución a esa revolución, el culto a la personalidad y la rebelión contra ese culto, el misticismo, el erotismo, la tradición y la novedad, el acto creador, lo moderno y la modernidad, el poeta y su relación con la sociedad, la oscuridad y la gloria, la desacralización del dios, de todo esto y mucho más, nos habla Nydia, porque escribir sobre Darío es mencionar mundos dentro de otros mundos.

El erotismo y la melancolía son algunas de las columnas sobre las que se levanta la luminosa selva dariana, el cristianismo y el paganismo, la búsqueda de la identidad, son otras de las piedras angulares de la inmensa torre dariana, Palacios Vivas estudia exhaustivamente la presencia de la melancolía y el erotismo a través de numerosos poemas, que han marcado al hombre y al poeta. “La melancolía del poeta se origina en su entorno familiar, en el innegable erotismo de su creación poética y el paso del tiempo. Éstas son las fuentes que alimentan su melancolía”, anota la académica. Y se lanza a remover cielo y tierra, infierno y cielo, que es la vida de Rubén, para mostrarnos cómo ese mundo familiar nutre la obra dariana.

El tiempo, al cual Rubén vuelve y revuelve, es otra de sus obsesiones. Rubén gira alrededor del tiempo, que es una de las pasiones de su vida, uno de sus numerosos demonios. Melancolía y erotismo, son algunas de las características de ese legado dariano, y Nydia se lanza a una investigación metódica y erudita de la historia de la melancolía. Spleen de los ingleses, ennui, tedio de los franceses, que son otros nombres que se dan a la melancolía, ese estado de ánimo que invadió el espíritu y el corazón del tiempo de Darío, o de antes de Darío, y que continúa siendo, fuente de esa creación al infinito.

Nydia nos traza un mapa de la melancolía en el tiempo y en espacio, los tratados que se escriben, lo que se pensaba de la melancolía, sus relaciones con el cuerpo y con el alma, sus relaciones con la teología y con la medicina, maldición o bendición de los dioses. Baudelaire, Paul Valery, José Asunción Silva, son mencionados por Nydia, la lista es prácticamente interminable, entre los alemanes, los ingleses, los franceses, en todo el mundo, la melancolía establece su reino.

Una vida de amor que inunda la tristeza, eso es Rubén. El amor, el desamor. La ansiedad de encontrarse en la mujer, y en la poesía. Y los encuentros, tantos encuentros. Y las pérdidas, tanta pérdidas. La celeste carne, ambrosía más bien, que lo llena de culpa, y de deseos de irse a un convento. La carne-ambrosía dariana, el agotamiento y la desilusión de la carne, que también se da en Mallarmé, que clama: la carne está triste. El sol negro de la melancolía de Gerard de Nerval, envuelve en tinieblas el alma del nicaragüense.

La relación o más bien, relaciones, entre Darío y Lugones, se analizan en el capítulo de las consonancias y disonancias, que iluminaron y oscurecieron la amistad del nicaragüense y del argentino. Si al principio el argentino marcha bajo la sombra de Darío, creando sin embargo una literatura con perfiles propios, más tarde este proceso de distanciamiento y ruptura se acentúa, hasta llegar a convertirse en una verdadera rebelión.

Nydia señala dos escritores que están presentes en Lugones, sobre todo en Las montañas del oro : Baudelaire y Poe, que forman y conforman las aguas del oscuro manantial de Darío, y una figura y voz, fantasma hamletiano, que llena las dos poesías: la reencarnación. Los paralelismos y consonancias, que luego se rompen, son, entre otros muchos: el erotismo y el romanticismo, el erotismo del romanticismo, el sentimiento de la muerte y del más allá, que Nydia enlaza hábilmente. Si el autor de Lunario  sentimental , camina por un tiempo, bajo la sombra del ala del cisne, sin poder esconder la influencia de Rubén, otras veces muestra violentos conatos de separación, conatos que se vuelven  cada vez más agresivos, hasta alcanzar la libertad y liberación total, por medio de la burla y del sarcasmo y el escarnio, a los temas y a los amados signos y símbolos darianos: la mujer, elcisne, la luna, el jardín. Lugones reinventa la palabra de Darío, tratando de abolirla. ¿La dicotomía amor, es posible mencionar la palabra odio?, y la otra dicotomía, amistad, ¿podemos hablar de una traición de Lugones?, es una de esas muchas relaciones, entre Rubén y los poetas hispanoamericanos, como la de Delmira Agustini, y otros nombres que Nydia menciona en su libro. Lugones corta una y otra vez, el nudo gordiano-dariano, como lo hacen otros poetas, y el nudo gordiano-dariano, se vuelve una y otra vez, a rehacer mágicamente.

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Entre estos dos capítulos, encontramos la introduccion al libro y el apéndice, la conferencia que pronunció la escritora, Afirmación de la identidad hispanoamericana en Cantos de vida y esperanza. Los cisnes y otros poemas , en la Universidad de León de Nicaragua, y en Alcalá de Henares, introducción y prólogo que nos internan más y más en el universo dariano.

Carlos Pérez Alonso prologa esta reveladora obra de Nydia, prólogo, que como todo el libro y todo lo que gira alrededor del  creador del modernismo, intenta develarnos esos misterios que  cruzan y entrecruzan esos senderos darianos que se bifurcan en esta vida y en la otra.

“Es bueno —me dice Rubén— que hayas dejado para último tu comentario sobre el capítulo. Desacralización de Darío en el discurso paródico carnavalesco de cuatro escritores hispanoamericanos. Se me ha aparecido de pronto, calladamente”.

“He leído el nuevo libro que Nydia ha escrito sobre mí —añade—. Todo lo que publica es muy bueno. Su Nuevos asedios a Rubén Darío , nos descubre más y más, un profundo conocimiento de mi obra”.

“Así es, maestro”, le contesto.

“Con esta nueva obra se muestra como una de mis mas acérrimas defensoras…” me continúa diciendo.

Lo noto más melancólico que de costumbre, pero al mismo tiempo más tranquilo, más dueño de sí mismo. Sabedor de que su obra  queda, quedará. Pararrayos celeste.

“Se me acusó, y todavía algunos me acusan, de un cosmopolitismo que me alejó de mis raíces americanas, del nacionalismo, del etnocentrismo”.

“Nydia toma mi defensa y demuestra que sin todas esas lecturas, yo no habría podido crear algo nuevo”.

Lo escucho…

“Como Mallarmé, me dice, ‘yo había leído todos los libros, y estaba triste, triste y listo para iniciar el cambio en la poesía’. Ya en vida, continúa, mis amigos y admiradores se dedicaron a denigrar y a burlarse de mi obra y de mi persona. Nydia hace un recuento de las piedras que me arrojaron, infinitas como las arenas del mar. Era una manera de rebelarse contra mí, no los culpo”.

Rubén se pasea un poco, camina alrededor de un círculo imaginario.

“Nydia descubre y redescubre, esa melancolía que estaba en mí, que era mía en mí. Como Nerval, yo fui siempre el viudo, el inconsolable, el tenebroso, en mi destruida torre”.

Continúa:

“Y están también los demás que se rebelaban contra mí, temerosos de mi influencia. Yo no quería influir en nadie, no imitar a nadie, menos a mí, era mi motto. José Coronel Urtecho, escribió, yo no diría un poema contra mí, sino un poema irónico, que trataba de establecer, signos y símbolos nuevos sobre la página blanca. Un borrón y cuenta nueva”.

No hay amargura en sus palabras, ni reproches ni acusaciones.

“El poema de Coronel, como el de Pound sobre Whitman, querían empezar un mundo diferente. En realidad no hay nada nuevo bajo el sol, el mismo Coronel lo dice en uno de sus sonetos. Debajo de toda poesía hay una corteza más honda y más profunda. Debajo de cierta pintura que llamamos revolucionaria, encontramos lo africano, Giotto, Piero della Francesca. Debajo de mi poesía respira el Medioevo, el romanticismo, los cuentos de hadas, semilla de lo fantástico, que es lo fantástico realmente, lo francés”.

“Pensé que iba a estar amargado por todas esas cosas que se dicen,  negándolo, pero no, no hay ningún sentimiento negativo en Rubén, sencillamente, la realidad de un fait accompli ”.


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“Primero fueron los poetas, luego son los cuentistas y novelistas: Monterroso, García Márquez, Sergio Ramírez. Me ridiculizan en un afán de encontrarse, destruyen mis poemas, parodian mis símbolos, se burlan de ellos. No sé hasta qué punto sea válido todo eso, sea una literatura creadora y creativa. Nydia cuenta todo eso de una manera, sincera, valiente, potente”.

“El árbol aparentemente es nuevo, pero la savia es vieja. Es increíble lo temeroso que estaban o están, el miedo que tienen a mi influencia. Creían que de libertador, me iba a convertir en dictador. Estaban equivocados de principio a fin. Nunca se me cruzó por la imaginación ser un dictador. En nuestra pobre América  siempre los hemos tenido, desgraciadamente —añade. Y continúa— la desacralización es tan vieja como el mundo: primero desacralizan a los dioses, luego al hombre”.

“Cuando veas a Nydia —me dice— dile que le estoy muy agradecido por toda su obra de  investigación y creación, por todo lo que ha escrito sobre mí. Me ha hecho realmente sentirme bien su reciente libro, después de todas las cosas que se siguen escribiendo contra mí”.

“Así lo haré, maestro”, le contesto.

Rubén desaparece. Había venido misteriosamente y misteriosamente, calladamente, regresa a su reino interior.

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