Justos
“No podemos ser justos si no tenemos corazón”.Vauvenargues (1715- 1747), escritor francés.
Leyes fascistas
Ciudad de México (AIPE)— A todos los mexicanos nos han ofendido con la ley que criminaliza a los indocumentados en el estado de Arizona. Pero no basta que los legisladores, las autoridades y los ciudadanos mexicanos manifestemos nuestro desacuerdo con esa ley de corte fascista, es necesario analizar el porqué millones de mexicanos no encuentran trabajo en nuestro país y lo tienen que buscar al otro lado de la frontera norte.
Hay dos legislaciones mexicanas que han sido las principales causas del desempleo en México. Una, que con la excusa de la reforma agraria institucionalizó la inseguridad en la propiedad de la tierra durante casi todo el siglo pasado. Esa legislación agraria impidió la capitalización, la innovación y la modernización del campo mexicano. Durante 70 años empobreció al campesino, pero benefició a líderes corruptos que invadían tierras y a funcionarios que las repartían a diestra y siniestra. Del campo mexicano se han ido millones de mexicanos a buscar trabajo en Estados Unidos.
Otra de las causas de la baja creación de empleos en México es una ley laboral fascista, que privilegia a los gremios y discrimina contra el trabajador independiente. Esa vieja legislación, intocable por más de cuatro décadas, basada en el corporativismo fascista que prevaleció en México el siglo pasado, dificulta la creación de empleos a millones de pequeños y medianos empresarios, por las pesadas cargas y compromisos que les impone. Esa ley es incompatible con un mundo globalizado y competitivo.
Si realmente los legisladores quieren ayudar a disminuir la migración de mexicanos a Estados Unidos, además de expresar su descontento por la ley fascista que pronto entrará en vigor en Arizona, deben consolidar la seguridad de la propiedad de la tierra en el campo y aprobar la iniciativa de Reforma Laboral que introduce mayores facilidades para la creación de empleos en México. © www.aipenet.com
Luis Pazos
Profesor mexicano de economía política.
Entre líderes y caudillos
Los partidos políticos nacieron por la reunión de personas con pensamientos, deseos, creencias e intereses semejantes, siendo cada uno de estos miembros en un inicio compañeros de equipo. A medida que los partidos crecían y se afiliaban más y más personas, se vieron obligados a estratificar y crear estructuras municipales, departamentales, nacionales, etc. —existen incluso alianzas internacionales— quedando un selecto grupo a cargo de los puestos directivos, las llamadas cúpulas partidarias. A medida que estas personas y los partidos mismos adquirían mayor poder político y económico los directivos se apropiaron de este poder y de allí nacieron los líderes que lograron agrupar aún más personas en derredor de esta misma causa, y que luego se convertirían en los que hoy conocemos como caudillos o “dueños de los partidos”, como bien lo dijo hace algún tiempo un periodista independiente. Pero no sólo nació el caudillismo sino que se convirtió en hereditario o sucesivo en el que nadie puede osar siquiera pensar de forma diferente al caudillo y que es este último el que elige a quien lo sucederá en caso de su ausencia.
Este poder también actuó para crear una base partidaria con obediencia casi ciega —aunque conozco un partido con seguidores más ciegos que un topo en pleno día— capaz de embrutecer la mente del más brillante de sus miembros; quienes únicamente son utilizados con el fin de fomentar el orgullo y sostener el lujo de los líderes del partido.
Así constituidos estos nuevos “partidos” pueden fácilmente neutralizar cualquier disposición a la mejora, modernización o innovación, con amenazas e inclusive con la expulsión de sus filas, desarrollándose de esta manera una cultura conservadurista que no permite el progreso ulterior.
¿Por cuánto tiempo se mantendrá este estado político petrificado? Eso depende de nosotros, los sin partido, los que amamos nuestro país y nos duele verlo agonizante, debemos entender que nuestra apatía hacia este fenómeno actúa como una férrea cadena que reprime con creciente vigor cualquier fuerza progresiva.
Por tanto, pues, surjan nuevos líderes de entre la casta popular —no populista— que respondan a intereses nacionales y no particulares, Nicaragua necesita líderes no caudillos, y somos nosotros los que podemos levantar a nuestro país, nuestra Nicaragua. Yo me apunto.
Rogelio Oviedo Espinoza
El grito de los excluidos
Ser persona es la capacidad de darse a los demás y saberse parte de la creación entera. El tránsito de ser humano a persona radica en la creación de espacios de encuentro y ambientes de solidaridad, fruto de una convivencia consciente de que la comunión es la más alta expresión de la naturaleza humana porque se apoya en una voluntad de asumir la realidad más auténtica.
Nada más lejos de la uniformidad y del individualismo que confunde los medios con los fines, instrumentalizándolo todo en aras del interés o de la utilidad como únicos criterios válidos para triunfar por encima de los demás. La felicidad personal tiene que ver con la perfección de la humanidad entera, con la maduración de cuanto existe y con aquella actitud ante la vida que nos anima a “vivir con modestia y pensar con grandeza”.
Los poderes de turno pretenden imponernos doctrinas que amenazan con ahogar la libertad de elegir, de ser y de compartir. No nos permiten ni siquiera el derecho a equivocarnos.
Pero por fortuna, cada día somos muchos más los que compartimos la suerte de los demás en la convicción de que los hombres somos hermanos y que participamos de un proyecto común. Es preciso juntar esfuerzos para luchar por la humana condición que exige la dignidad como garantía de una libertad auténtica. No libertad para morirse de hambre. Así seremos capaces de sintonizar con esos millones de personas que padecen hambre, miseria, dolor, marginación y soledad.
Es un error considerar que el voluntariado social que ejercitamos en nuestras comunidades no está íntimamente ligado a la suerte de los más pobres del mundo. Se pierde de vista la auténtica naturaleza del voluntariado social y corremos peligro de reducirlo a una beneficencia que perpetua y se convierte en cómplice de las estructuras de injusticia que padece nuestra sociedad. Esas estructuras son la causa del subdesarrollo, que no es una etapa en el camino hacia el desarrollo sino un subproducto del mismo, basado en una sociedad consumista, opulenta y despilfarradora a costa de la explotación de los pueblos empobrecidos del sur.
Urge extender este movimiento de solidaridad a todos los hombres, comenzando por los más cercanos, por los que están a la vuelta de la esquina, por los que viven a nuestro lado sin que nos hayamos dado cuenta de su indigencia, de su tristeza y de su aislamiento mientras permanecemos ciegos a las manos que se extienden hacia nosotros y nos llaman. Más que enviados, debemos considerarnos llamados a un quehacer solidario. Al fin y al cabo, la libertad no nos la puede dar nadie sino que se conquista cada día.
José Carlos García Fajardo
Campaña deshonrosa
Kenneth Woodward, ex editor de Religión de la revista norteamericana Newsweek , ha reprochado enérgicamente al New York Times su injusticia, falta de profesionalidad e ignorancia “en el intento, a través de repetidos titulares, editoriales y portadas, de implicar al Papa en encubrimientos diocesanos de sacerdotes abusadores”. Añadió que junto con el abogado Jeff Anderson, “el litigante más agresivo de la nación”, quien tiene un directo interés financiero en demandar a la Iglesia, (ya ha cobrado 60 millones de dólares por este motivo) excluyó, en sus páginas y en la línea editorial, todos los demás casos de abusos en otros ámbitos (cuando los religiosos sospechosos no llegan al 0.1 por ciento del total de las denuncias)
.La campaña desatada contra el Papa deshonra a todos los católicos y en particular al sacerdote, cuya misión es hacer presentes los dones divinos entre los hombres, pero sobre todo, al elegir la calumnia sobre la verdad, al periodismo, que ya no es servicio informativo sino manipulación y burla hacia el fiel lector.
Lucía Rivera
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