Amanda está sentada en el sofá de la sala y mira a su pequeño hijo Luis con preocupación. El niño está absorto en su nuevo juego de Nintendo e ignora la angustia que oprime el corazón de su madre.
Ésta es la décima vez en el mes que ella ha recibido una nota de su maestra. Luis no presta atención en las clases, le pega a otros niños, no hace sus tareas y tiene pésimas calificaciones. Si este comportamiento continúa, tendrá que repetir el cuarto grado. Una lágrima rueda por su mejilla y ella piensa !Hasta cuando Dios mío, hasta cuándo!
¿QUÉ ES EL SÍNDROME DE HIPERACTIVIDAD?
El síndrome de hiperactividad es un trastorno neurológico del comportamiento caracterizado por distracción moderada a severa, períodos de atención breve, inquietud motora, inestabilidad emocional y conductas impulsivas. Se presenta en el 10% de la población infantil y el 80% de los casos tiene un factor hereditario.
Tiene tres componentes que pueden presentarse en conjunto o por separado: falta de atención, hiperactividad e impulsividad.
- Si su hijo presenta algunas de estas características, podría padecer el síndrome de hiperactividad.
Cólico excesivo
Cuando era un bebé corrió antes de caminar.
Ha sufrido muchos accidentes
No tiene conciencia del peligro.
Es desafiante
Tiene bajas calificaciones
Se distrae con facilidad
Se pelea constantemente con sus hermanos
Dificultad para hacer amistades
Ha cambiado de colegio varias veces
Tiene problemas al hablar o al escribir
Se aburre con facilidad
No puede estar sentado ni esperar su turno
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El origen de este síndrome aún no está completamente claro para los científicos, pero según el neurólogo Foat Hassan, de la clínica Tiscapa, existe evidencia de que se debe a un trastorno en los neurotransmisores, sustancias químicas que permiten que las neuronas se comuniquen.
“Se ha encontrado que los niños con esta condición tienen alteraciones en la dopamina y la norepinefrina, por lo que la información inhibitoria de los impulsos eléctricos no es recibida. Esto provoca que los niños sean hiper-reactivos a cualquier estímulo y no puedan controlarse”, señala.
El diagnóstico de este síndrome es extremadamente complejo, ya que se carece de métodos de laboratorio, por lo que se tiene que recurrir a la información brindada por los padres y maestros.
En primer lugar se evalúa el entorno familiar, los problemas de pareja, la presencia de alcoholismo o violencia intrafamiliar.
El informe de los maestros y psicólogos es otro aspecto a tomar en cuenta, porque los niños tienen más dificultades en las materias que requieren mayor atención. Por lo general los docentes los consideran niños problemáticos, distraídos y con bajas calificaciones.
Noemí Cruz, madre de un niño con este síndrome, relata su experiencia. “Mi hijo llevaba las tareas de la escuela a medio copiar y yo tenía que llamar a sus compañeros para que me la dictaran. A veces pasábamos toda la tarde estudiando porque era difícil que se concentrara en algo. Llegó un punto en que tuve que dejar de trabajar para dedicarme por entero a su educación”.
TRATAMIENTO
El tratamiento del síndrome de hiperactividad se basa en cuatro pilares básicos: Los medicamentos, el apoyo de los padres, el acompañamiento de los maestros y la ayuda psicológica. El medicamento más utilizado es el Metilfenidato o Ritalina, un estimulante de la atención.
SIN LEY
En Nicaragua no existe una ley que proteja a los niños con este trastorno. Aunque según el Código Civil todos los niños tienen derecho a recibir educación, no existe una normativa que contemple estos casos. Esto provoca que muchos niños sean expulsados de los colegios y no culminen su bachillerato. Según el Dr. Hassan, ésta es una problemática muy seria.
“Estos niños tienen una inteligencia normal, sólo necesitan el apoyo de quienes los rodean. Es triste, pero muchos de ellos no reciben el acompañamiento necesario y terminan abandonando la escuela o siendo expulsados, aún cuando tienen la capacidad para llegar muy lejos”, asegura.
Noemí Cruz vivió esta experiencia en carne propia. “Cuando mi hijo iba a entrar al cuarto año le negaron la matrícula en el Pedagógico. Recuerdo que las maestras me dijeron: “Lléveselo que aquí, no lo queremos ver”. Fue muy doloroso para mí y para él porque él quería bachillerarse con sus amigos”.
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