Debemos reconocer que la educación es la tarea personal y comunitaria que debe colaborar en la realización del ser humano a fin de que pueda autoconducirse y perfeccionar su vida. Las imágenes que vimos por televisión el día martes 11 de mayo de un joven estudiante golpeado, amenazado con una pistola, pateado y saqueado por un “supuesto” alumno de la UNAN-Managua, nos hacen cuestionarnos si la labor que como profesores hemos hecho diariamente en el aula de clases, en virtud de los valores plenamente incluidos en el currículum y trabajados bajo la mediación pedagógica, son pisoteados por fuerzas foráneas, por individuos que bajo el efecto del id o alter ego externan sus deseos reprimidos: violencia, odio, sadismo, ambición e impureza ante un virtual manipulador que da rienda suelta a sus más bajos instintos.
De un total de 22 mil estudiantes que tiene la universidad pública más grande de Nicaragua, la UNAN-Managua, estoy segura de que 21 mil estudiantes desean estar en las aulas de clases para recibir el pan del saber. No es posible que un grupo de estudiantes tenga tomada las instalaciones educativas, destruya la propiedad pública pagada con el impuesto de todos los nicaragüenses y cercene la actividad intelectual, investigativa y de servicio que tenemos los que deseamos dar clases bajo parámetros de excelencia y calidad.
A los profesores y administrativos nos es negada la entrada. La situación es más dramática porque todo esto se trata del desgarro entre el ser y dominar, entre el poder y la mutilación de los derechos humanos, de la ley de autonomía y de la libertad de cátedra. Somos docentes con muchos años de experiencia en la educación superior y algunas veces tenemos que impartir clases bajo el temor de ser expulsados con bombas lacrimógenas o con morteros por ciertos estudiantes irresponsables que raras veces están en las aulas.
Indudablemente, para cambiar estas actitudes egoístas es necesario el diálogo constante y la clara certeza de que la imagen de la universidad pública no puede seguir deteriorándose. Somos seres pensantes, por lo tanto debemos luchar contra la violencia y crear a nuestro alrededor el anhelo por la paz, por el estudio, por el equilibrio espiritual y por la humildad incesante para el bien común. La crisis actual debe ser un punto esencial de reflexión de las distintas esferas reales que integran el universo educativo de la UNAN-Managua. Debemos recordar, como expresa Gurméndez (1996) en su libro Ontología de la pasión , que “Estamos enfrentados a un mundo objetivo, viviente que sentimos y no podemos esquivar ”. Razón que nos debe hacer reconocer que el odio es pasión en tanto lleva implícito la envidia, la avaricia y la discordia. Se debe luchar para no seguir estimulando la cultura del simulacro, sino la sensibilización ante cualquier problema de orden educativo. La UNAN fue creada bajo un sistema de valores específicamente claros en su misión y visión como universidad. Es necesario, por tanto, que la estimación se haga sobre el impacto que esto causa en la sociedad. Usted enciende un medio de comunicación e inmediatamente de lo que hablan es sobre estos acontecimientos tristes y vergonzosos. Muchas madres lamentan en silencio ver a sus hijos peleando en las calles. Los profesores nos sentimos impotentes y tensionados ante el irrespeto e invisibilidad que sufrimos.
Gento Palacios (1996) expone en su libro Instituciones educativas para la calidad total que “La mejora continuada de las instituciones educativas necesita de la acción conjunta y cohesionada de todos los participantes, en los que las ilusiones y desilusiones, las expectativas y necesidades, los logros y desvelos son valorados en su significación y proyección global”. Sólo de esta manera podemos hacer que la universidad viva cambios congruentes dentro de un estilo de colaboración crítico-creador en donde todos los agentes: estudiantes, docentes, padres, expertos y líderes construyan, dentro de un marco de respeto, un modelo inclusivo y de apertura educativa que nos comprometa a todos a satisfacer las necesidades estructurales y funcionales de la institución a la cual nos debemos.
Como universidad de prestigio, nuestro compromiso es que nos vean desde afuera con el respeto que nos merecemos los 700 profesores de planta. Dejemos a un lado el individualismo, la obsesión, la violencia y el eclecticismo sobre los que está sustentada la sociedad actual. Nuestra meta debe ser el espíritu de justicia, el respeto a la diversidad, el debate crítico, la productividad, la honestidad y la eficiencia.
De 22 mil estudiantes que tiene la universidad pública más grande de Nicaragua, la UNAN-Managua, estoy segura de que 21 mil desean estar en las aulas de clases para recibir el pan del saber
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