Tomás echa una ojeada a las asignaciones que debe entregar a los docentes que lo están preparando para las próximas Olimpiadas Matemáticas de Centroamérica y el Caribe, cuya sede será Puerto Rico. Tomás, con 15 años de edad, nunca ha incumplido una tarea desde que entró al proyecto que prepara a tres jóvenes excepcionales para que representen a Nicaragua en el extranjero, pero esta vez tiene problemas.
Los padres de Tomás Antonio Hernández Mercado carecen de dinero para sufragar los gastos de la visa de Estados Unidos, que requiere el joven para entrar a Puerto Rico. El Ministerio de Educación le informó que tampoco puede darle los 150 dólares que vale ese trámite.
Después de tres años de dedicación, de asistir cada sábado a un programa que pone a prueba sus capacidades a toda hora, de renunciar a las diversiones propias de su edad, su sueño estaba por esfumarse. Este día Tomás decide no hacer la tarea, porque supone que ya no le servirá de nada. Es uno de los tres elegidos para ir a competir al extranjero, pero no puede con el costo monetario.
En ese momento su mamá lo llama, las lágrimas asoman en el rostro de ella. Tomás no sabe qué sucede, pero un grupo de personas, entre ellas el director de su escuela y el Alcalde de Diriomo, donde reside, están en la entrada de su casa esperándole, y cuando se acerca le entregan algunos billetes de dólar, lo necesario para pagar la visa estadounidense y garantizar el viaje a la competencia de matemáticas.
EXIGENCIA EXTREMA
El programa al que pertenece Tomás es financiado por la Fundación Uno y cuenta con el apoyo de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y el Ministerio de Educación. Es un programa intensivo que prepara a 92 jóvenes talentos en áreas como trigonometría, álgebra, geometría, lógica y cálculo.
Cada año se publica un examen en los periódicos para que niños de todos los lugares del país lo resuelvan y lo envíen al Ministerio de Educación. Aquí se encargan de seleccionar a 300 niños de entre 10 y 17 años, para que asistan a un examen presencial en la UNI. De esos 300, sólo 92 son admitidos, son los que alcanzan las mejores calificaciones.
A partir de ese momento los niños entran a un programa que cuenta con tres niveles, en los que el grado de exigencia es extremo. Un alumno de primer nivel tiene los conocimientos de uno que está en primer año de secundaria. Uno de segundo nivel sabe lo que un niño de tercer año; y uno de tercero los de un estudiante de quinto año, además de tener tantos conocimientos como un licenciado en matemáticas.
Miriam Z. de Bandes, funcionaria de la Fundación Uno, explica que el programa pretende, entre otros objetivos, “mejorar la calidad de la educación en Nicaragua” y “por eso este programa es símbolo de excelencia, porque prepara a jóvenes que nos representarán en el extranjero”.
“Es una excelente oportunidad para que los alumnos consigan becas y perfeccionen sus habilidades, porque ellos serán los futuros dirigentes técnicos del país”, enfatizó.
- El sistema de evaluación se basa en tareas individuales, trabajos en grupo y exámenes; y cada niño está siendo monitoreado. Lo que se pretende es incentivar una competencia sana entre los estudiantes, donde el reto principal sea ser el mejor.
El programa ha sido tan exitoso que tres estudiantes han ganado menciones honoríficas en las Olimpiadas Iberoamericanas: Rufo Casco, Silvia Duarte y Hans Castro; y una medalla de bronce en las Centroamericanas y del Caribe, obtenida por Oscar Quintanilla.
Rufo Casco, uno de los alumnos más brillantes del programa, participó en las Olimpiadas Centroamericanas del año 2007, y en las Olimpiadas Iberoamericanas realizadas en México. Obtuvo 21 puntos de un total de 42 y estuvo a sólo dos puntos de obtener una medalla. Tiene una mención honorífica porque fue uno de los cinco concursantes del certamen capaz de resolver un problema matemático, y actualmente es docente del centro.
La directora, Auxiliadora Cortedano, explica que el programa contempla la integración de los alumnos más destacados como docentes. Muchos de nuestros alumnos, como Rufo, se han incorporado al programa como maestros y comparten sus experiencias en las Olimpiadas con los futuros talentos. Es una forma de retroalimentarnos, indica.
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ENSEÑAN A MAESTROS
Los niños reciben clases todos los sábados de 9 de la mañana a 4 de la tarde, en la UNI. Durante ese tiempo se dedican a resolver complicados problemas matemáticos, y el programa es tan intenso, que los jóvenes deben dedicar muchas horas a la semana para estar al día.
“Los ejercicios son difíciles. A veces paso muchos días para resolver un problema, y ni mis profesores en la escuela (de Diriomo) me pueden ayudar. Tengo que ir a la biblioteca a estudiar por mi cuenta, y con todo y eso, a veces no logro hallar las respuestas”, señala Tomás, quien cursa el cuarto año de secundaria.
Al participar en este proyecto, estos niños se garantizan un futuro con más oportunidades, desde el momento en que entren a la universidad. Con sólo 17 años, algunos de estos jóvenes ya brindan capacitaciones a maestros y pedagogos.
“Tenemos ex alumnos que ya imparten talleres a otros docentes y dan clases a otros niños. Es más, la mayoría de nuestros egresados ya están en la universidad estudiando ingeniería, medicina o matemáticas. Este programa les da las herramientas para tener un amplio margen de conocimientos y tener las puertas abiertas en cualquier lugar”, afirma el docente Ronald José Bravo.
Nuestros estudiantes resuelven los exámenes de admisión de universidades, como la UNAN y la UNI, sin ninguna dificultad. Hemos tenido estudiantes que en una hora terminan el examen y obtienen una calificación de 100 puntos”, asegura Ronald José Bravo.
“El programa no sólo incluye la preparación académica. Además de las clases, los alumnos y sus padres reciben viáticos de transporte y alimentación. Los alumnos procedentes de los departamentos reciben 250 córdobas semanales y los que residen en Managua 140 córdobas”, añade.
TALLERES PARA PADRES
Auxiliadora Cortedano, directora del proyecto, explica que “muchos papás tienen miedo de mandar a sus hijos solos, porque tenemos niños desde los 10 años de edad, y muchos vienen desde departamentos tan lejanos como Jinotega, Matagalpa y la Costa Atlántica. Por eso les pagamos el transporte a los papás y les brindamos capacitaciones. Durante el tiempo que los niños están estudiando, los padres reciben talleres de manualidades para regalárselos a los niños y un curso de orientación para apoyarlos en esta etapa de su vida”.
Indica que el apoyo emocional y psicológico de la familia es esencial para soportar la carga académica. Es necesario que los padres acompañen a los niños en este camino y que los incentiven a continuar, a no darse por vencidos. También es importante que valoren el sacrificio de sus hijos y no los presionen para que se dediquen a otras actividades.
El profesor Bravo advierte que los niños tienen un límite. “Nosotros sabemos que los niños que vienen aquí emplean muchas energías, por eso tratamos de que los padres entiendan que aunque sus hijos tienen dones especiales, necesitan un tiempo para descansar. Por eso recomendamos no sobresaturar al niño con otros cursos. Eso baja su rendimiento y los agota física y mentalmente”.
María Herrera García, madre de uno de los alumnos del centro, se muestra satisfecha con el programa. “Para mí es maravilloso. Mi hijo aprende cosas que no le enseñan en el colegio y tiene la oportunidad de relacionarse con otros niños que, como él, tienen grandes expectativas para el futuro”, comenta.
“Además, en este programa recibimos consejería para superar nuestros problemas familiares y tener un efecto potenciador de las capacidades de nuestros hijos”, agregó.
El programa incluye una vigilancia constante de cada uno de los participantes, para evaluar su desempeño y ayudarles cuando tienen problemas.
La directora del proyecto asegura que desarrollan un trabajo de acompañamiento constante, dirigido a mejorar el entorno en que se desarrollan los niños, más allá de su desempeño académico. El propósito es que den lo mejor de sí en las condiciones más apropiadas.
“Recuerdo que una vez fui a la casa de un estudiante que estaba muy delgadito porque no comía, y decía que no le gustaba la comida del centro. Fui para averiguar lo que le gustaba y dar la orden de prepararle algo que él quisiera”, relata Cortedano.
FALTA DINERO
La Fundación Uno asume el costo de los libros, la alimentación, el transporte y la documentación. La UNI ofrece dos docentes y el local, y el Ministerio de Educación aporta 14 maestros. El costo del proyecto es de 100 mil dólares por año. Sin embargo, esos fondos son insuficientes, dice Miriam Z. de Bandes.
“Nunca hemos ido a una Olimpiada Mundial porque no podemos asumir el precio de los pasajes. No hemos ido a las iberoamericanas por dos años, ni podemos asumir el visado de los muchachos. Y es una lástima, porque tenemos mucho talento que está perdiendo su proyección a nivel internacional”.
El alumno Rufo Casco sabe por experiencia lo que son las limitaciones. A pesar de sus antecedentes en competencias en el extranjero, ha perdido oportunidades mayores. “Este año no pude ir al Mundial porque se celebró en una región cercana a Rusia y el costo del viaje era muy alto. Pero el que viene es en Argentina, así que tengo la esperanza de ser el primer alumno en representar a mi país en un evento de esa categoría. Pero todo depende del patrocinio”, comentó.
Entre limitaciones económicas, jóvenes como Tomás Hernández han encontrado la razón de su vida en las matemáticas. “Antes de entrar al centro mis calificaciones eran bajas. Yo sentía que no valía la pena ser un buen alumno, porque nadie reconocía tu esfuerzo, pero cuando entré al programa me sentí en familia y supe que las matemáticas eran lo que yo estaba buscando”, relata.
“A través de ellas (las matemáticas) he desarrollado mi capacidad de análisis. He aprendido a transformar las cosas difíciles en sencillas y he ganado en responsabilidad. Ahora me esfuerzo el doble en todo lo que hago. Aquí me han enseñado que la mayor recompensa radica en mi satisfacción personal”, dice el joven de Diriomo.
Tomás acudirá a su primera olimpiada internacional el próximo 26 de mayo. El camino ha sido arduo, plagado de obstáculos y limitaciones, pero el joven ha podido salir adelante y afirma confiar en el triunfo.
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