Por León Núñez
Todas las propuestas políticas que han planteado los analistas políticos de Acoyapa —para superar la crisis permanente de este país— no han causado el más mínimo impacto.
Recuerdo que mis paisanos, hace varios años, propusieron por medio de la página de Opinión de La PRENSA que en Nicaragua gobernara durante cinco años un triunvirato formado por Álvaro Robelo, Leonel Teller y Haroldo Montealegre; un triunvirato que iba a sacar a Nicaragua del subdesarrollo.
Nadie tomó en serio esta propuesta, a pesar de que Robelo iba a conseguir que sus amigos europeos invirtieran en nuestro país cincuenta mil millones de dólares; que Leonel Teller ya tenía “cocinado” el proyecto de un canal interoceánico por Nicaragua, y que Haroldo Montealegre tenía la fórmula para crear rápidamente quinientos mil puestos de trabajo.
A pesar de todo esto, la única reacción que produjo dicha propuesta fue la de los propios “triunviros”, pues Robelo preguntó inapropiadamente, a manera de reclamo, el por qué lo habían metido en un triunvirato con dos locos. Lo mismo preguntó Teller, y lo mismo preguntó Montealegre.
Ante la falta de interés de nuestra clase política por el triunvirato señalado, los analistas políticos de Acoyapa, en su permanente afán de contribuir al bienestar de la nación, abandonaron la idea del triunvirato, y propusieron, siempre a través de LA PRENSA, la siguiente fórmula presidencial: Norman Caldera para presidente y Ramón Lacayo para vicepresidente.
Yo creo que mis paisanos se inclinaron por don Norman no sólo por ser el autor de la obra maestra, genial y universal, titulada “La descendencia de don José Antonio Lacayo de Briones y Palacios en Nicaragua y en el mundo”, sino también porque don Norman pertenece a la rama nicaragüense de los borbones de España. No hay duda que la vinculación consanguínea del ex Canciller con la alta aristocracia española hubiera sido beneficiosa para este país.
Y si a todo esto agregamos la contagiosa simpatía de don Norman, su extraordinaria popularidad y su sólido liderazgo político, se podría comprender mejor el por qué a los analistas políticos de Acoyapa les hubiera gustado ver al señor Caldera sentado en la silla presidencial, asistido de Ramón Lacayo, a quien algunos consideran, de manera inexplicable, que es un Lacayo de tercera de tercera, cuando en realidad es un Lacayo de primera de primera, porque forma parte, nada más y nada menos, de la “descendencia de don José Antonio Lacayo de Briones y Palacios en Nicaragua y en el mundo”.
Tampoco esta propuesta tuvo eco. Entonces, y acogidos siempre a la hospitalidad de LA PRENSA, mis paisanos, en vez de las fórmulas de José Rizo con José Antonio Alvarado y de Eduardo Montealegre con un señor de San José de los Remates, propusieron una nueva fórmula presidencial, compuesta por el ilustrísimo doctor Carlos Tünnermann para presidente y doña Mercedes Gordillo para vicepresidenta. Los méritos de ambos personajes siempre han sido evidentes, y no vamos a repetirlos por ser públicamente conocidos.
Se trataba de una fórmula presidencial ganadora; de una fórmula que hubiera impedido el triunfo de don Daniel. En Acoyapa hasta se imaginaron, en un cierre de campaña y ante cuatrocientas mil personas, se imaginaron, repito, a don Carlos y a doña Mercedes agarrados de la mano, con los brazos en alto, respondiendo al entusiasmo político de una multitud que los aclamaba sin cesar; de una multitud delirante de patriotismo y de fe en el destino de Nicaragua.
En la última reunión de los analistas políticos de Acoyapa, residentes en Managua, alguien habló de proponer una nueva fórmula presidencial que debía enfrentarse al candidato del frentismo en las próximas elecciones. No obstante, que hubo oposición para hablar de este tema —por las fracasadas propuestas anteriores— se habló de algunos presidenciables no sandinistas, tales como Eliseo Núñez Hernández, Ramiro Silva, Guillermo Osorno, José Venancio Berríos, etc.
Después de muchas discusiones mis coterráneos abandonaron la tesis de las fórmulas presidenciales y retomaron la idea del triunvirato y buscando cómo superar el círculo político vicioso de Daniel, Eduardo y Arnoldo, de Eduardo, Arnoldo y Daniel o de Arnoldo, Daniel y Eduardo, decidieron hacer la siguiente propuesta: instaurar una Asamblea Nacional constituyente que eligiera un triunvirato de mujeres por un período de cinco años, cuya misión consistiría en construir las bases de un permanente y auténtico proceso democrático con un acelerado y justo desarrollo económico y social.
Este triunvirato debería estar integrado, según mis coterráneos, por doña Rosario Murillo de Ortega, doña María Fernanda Flores de Alemán y doña Mercedes Gordillo. Se dijo que sería un triunvirato que no se saldría de su cauce, ni por la izquierda (doña Rosario) ni por la derecha (doña María Fernanda), porque doña Mercedes, inspirada en Sor María Romero, le imprimiría siempre al triunvirato un equilibrio, un balance y un sentido de racionalidad y decencia que haría posible la reconciliación de todos los nicaragüenses.
Al terminar la reunión, los analistas políticos de Acoyapa, residentes en Managua, se retiraron con la esperanza de que esta propuesta fuera tomada en cuenta, de que fuera estudiada por la sociedad civil y por todas las fuerzas políticas de Nicaragua por el bien de este país.
El autor es abogado y escritor
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