Dicen que el Estado es el gestor del bien común, especialmente en aquellos países en vías de desarrollo. Nicaragua tuvo el primer banco estatal el 3 de enero de 1912, el cual fue constituido con un Departamento de Emisión (precursor del Banco Central) y el Departamento de Comercio Exterior e Interior (precursor del INCEI y ahora Enabas).
Desde el comienzo el banco tenía una reglamentación bien cimentada cubriendo créditos agropecuarios, comerciales, industriales y mineros. Tenía mención especial el crédito para los pequeños agricultores que posteriormente se constituyó en un Departamento de Crédito Rural, que brindaba al campesino asistencia técnica además del control de la inversión y la recuperación. Con sus 250 agrónomos debidamente capacitados en la administración del crédito y formación cooperativa, al facilitarlo sin distingos políticos se orientaba al productor en la selección de semillas mejoradas, insumos agrícolas, mejor uso de la tierra, pequeños riegos y drenajes y procesos de control de las cosechas para su recuperación.
Varios miles de pequeños agricultores ingresaron al crédito bancario (créditos a grandes) o sea que alcanzaron mayores producciones y por ende mejor productividad y mayores ingresos. El Banco Estatal se convirtió en un auténtico Banco de Desarrollo en contraposición del Banco Nacional de Desarrollo a partir de 1979, que únicamente desarrolló políticas partidistas que catapultaron al extraordinario Banco Estatal hacia la quiebra y desastre.
El mal manejo administrativo, la falta de indexación y el otorgamiento de créditos sin supervisión, sin control y con ánimos populistas para favorecer a los allegados políticos iniciando la cultura del no pago, fortalecido en la siguiente administración de 1990 a pesar de las dos recapitalizaciones, condujeron al cierre del banco en noviembre de 1997. Era el banco más banco manejando la mayoría de cuentas corrientes, depósitos a la vista y a plazos, así como el manejo de las operaciones al exterior. Vivió 85 años y 8 meses y la paradoja es que el Banco Nacional de Costa Rica, que fue fundado en 1914 y sus técnicos asesoraron al Banco de Nicaragua en manejo de crédito al pequeño agricultor, todavía existe y es poderoso. Alfonso Rochac, ex ministro de Economía de El Salvador y autor del libro El Crédito Agrícola , también brindó su asesoramiento.
Nicaragua cerró su banco en 1997, pero ya en marzo de 1988 el gobierno sandinista había cancelado el crédito al pequeño agricultor. En 1998 hizo el intento de favorecer a los campesinos creando el Fondo de Crédito Rural, con la especialidad de ser un banco de segundo piso. Sin embargo los mayores beneficiados eran los adinerados que formaron microfinancieras y sacaron créditos en el Fondo de Crédito Rural a interés favorable, pero lo otorgaban a su vez con ganancias extraordinarias.
Ahora el gobierno está creando a desgano un banco estatal (Produzcamos) porque para los gobernantes es más interesante manejar un clientelismo político a través de Caruna, que es una pseudocooperativa. Si los que promovieron la quiebra del banco estatal y formadores de la cultura del no pago tienen en sus manos la apertura del nuevo banco, debemos temer todos los que defendemos una institución crediticia estatal sin partidarismo, que practiquen los procedimientos de malos manejos administrativos.
Vislumbro que al fusionar al Fondo de Crédito Rural con el Fondo Nacional de Inversiones, éstos, que no saben de manejo de crédito al pequeño agricultor, le den preponderancia a los funcionarios que han manejados créditos a grandes intermediarios y desprecien las políticas hacia los pequeños. Pobre Nicaragua.
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