La eterna búsqueda

Sólo hace falta entrar a cualquier librería moderna para darse cuenta de lo que está sucediendo en nuestras vidas como individuos particularmente y como sociedad en general. El contenido de las librerías contemporáneas es un reflejo de nuestras preocupaciones, anhelos, ambiciones, frustraciones y valores. Las estanterías de literatura clásica, de poesía, de arte, son cada vez más pequeñas, cediendo su lugar a las secciones de “Autoayuda”.

Por Alejandro Vogel

Sólo hace falta entrar a cualquier librería moderna para darse cuenta de lo que está sucediendo en nuestras vidas como individuos particularmente y como sociedad en general. El contenido de las librerías contemporáneas es un reflejo de nuestras preocupaciones, anhelos, ambiciones, frustraciones y valores. Las estanterías de literatura clásica, de poesía, de arte, son cada vez más pequeñas, cediendo su lugar a las secciones de “Autoayuda”.

Por alguna razón, el ser humano no sólo está convencido de que necesita ayuda, sino que cree que lo que se propone lo puede lograr por sí mismo, sin ayuda de nadie. Esta actitud refleja dos aspectos aparentemente contradictorios, pues por un lado anhelamos cosas, estilos de vida, tenemos sueños, conscientes de que no estamos completos y plenamente realizados, y buscamos esa ayuda en “gurús”, maestros, guías espirituales, personas con éxito, al menos aparente, y que parecen tener la receta para “la verdadera felicidad”, y luego pretendemos aplicar esta receta como fórmula mágica para que empiecen a surgir los resultados positivos en nuestras vidas.

No es que esté en contra de los movimientos de autoayuda, pues yo mismo soy un gran entusiasta de ese tema, pero la información es poderosa y hay que tener un poco de cuidado con ella. Existe muy buena información en muchos de estos libros, pero también hay muchos libros que, en el mejor de los casos, pueden dejar a los lectores más confundidos y perdidos que antes de leerlos. Las estanterías del mundo también están llenas de basura, pues el mero hecho de publicar algo no lo convierte a uno en un experto o en una autoridad en la materia. Por eso es necesario hacer uso del sentido común, tener un criterio sólido, leer con una mente abierta pero crítica a la vez.

Hay una verdadera industria multimillonaria que intenta aprovecharse de nuestras aspiraciones, inseguridades y sueños rotos y por ello hay que saber diferenciar lo bueno de lo malo, lo útil del resto de cosas que tratan de vendernos. Pero no hay que desanimarse, pues no todo es negativo, y por justicia debo decir también hay muchos autores fantásticos, bien intencionados, con consejos prácticos para mejorar nuestras vidas, y que a lo largo de los años han logrado construir un sólido prestigio en el campo del desarrollo personal.

El ser humano puede y debe crecer, desarrollarse, mejorar, aspirar a nuevos niveles de satisfacción y felicidad, pero hay que contar con la estrategia correcta y las motivaciones correctas. La mejor manera de ayudarnos es a través de nuestra conexión con las demás personas. No estamos solos, ni fuimos diseñados para funcionar sin la ayuda de los demás. El aceptar eso no nos convierte en personas de segundo nivel ni baja nuestro valor como seres humanos, sino todo lo contrario, nos dignifica. Sigamos leyendo, buscando, explorando, tratando de ser mejores, pero con la humildad suficiente para reconocer que solos no podemos, que el viaje es más agradable si lo hacemos juntos.


El autor es consultor y educador.
 alejandrovogel@hotmail.com