El espíritu de

La mirada de Stengel muestra al político y al preso pero también al cabeza de familia y al amigo. No obstante, el autor de la obra es uno de los periodistas más cercanos a Mandela, a quien entrevistó por primera vez en 1992. Este autor también colaboró en la autobiografía del ex presidente titulada:

Nelson Mandela es una de las personas vivas más importantes del mundo, algo que no se discute ni se duda por la enorme contribución del líder sudafricano a crear un país nuevo, donde blancos y negros comparten algo más que un equipo

Fotos de La Prensa/EFE

El periodista estadounidense y redactor jefe de la revista Time , Richard Stengel, disecciona en su obra El Legado de Mandela: 15 enseñanzas sobre la vida, el amor y el valor (Editorial Temas de Hoy) la figura del primer presidente surafricano de la democracia, símbolo eterno de la lucha contra la segregación racial.

La mirada de Stengel muestra al político y al preso pero también al cabeza de familia y al amigo. No obstante, el autor de la obra es uno de los periodistas más cercanos a Mandela, a quien entrevistó por primera vez en 1992. Este autor también colaboró en la autobiografía del ex presidente titulada: El largo camino hacia la libertad .

“Mandela fue el que me animó a casarme con la mujer sudafricana que se convirtió en mi esposa y al final él se convirtió en el padrino de mi primer hijo”, confiesa Stengel en la introducción de su libro.

Mkhulu, Dalibhunga, Rolihlahla, Madiba o Tata son distintas formas de acercarse a la vida del carismático líder pacifista. En El Legado de Mandela el lector puede encontrar el significado de cada uno de estos nombres.

Si Madiba es el apodo otorgado cariñosamente a los ancianos de su clan, Dalibhunga es la denominación que recibió a los 16 años cuando pasó por una traumática circuncisión. Este rito de la tribu Thembu —pertenecientes a la etnia Xhosa— marcó la adolescencia del joven Mandela, que 70 años después sigue recordando con lágrimas esos pasajes de su biografía.

Robber Island es otro de los lugares hasta los que viaja este magnífico tratado sobre la independencia de la colonia africana. Allí fue donde Mandela comenzó a dirigir una nación desde el interior de una pequeña celda conocida como “el cuadrado”.

En una cárcel donde la tortura era una sombra que rondaba por las galerías atestadas de presos políticos como Walter Sisulu, que fundó junto a Mandela y Oliver Tambo el partido de la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano (CNA).

La cárcel-isla es hoy en día una las paradas obligatorias en el itinerario del turista; un lugar administrado por la Nelson Mandela Foundation que cuenta con una tienda de regalos donde el número de presidiario 466/64 se ha convertido en un logo que adorna camisetas y bolígrafos.

Veinte años después de que Mandela saliera de esa prisión, un hecho que marcó el comienzo de una nueva era para su país, Sudáfrica es la anfitriona de la primera Copa del Mundo disputada en el continente negro, una designación que hizo dudar a la comunidad internacional sobre la capacidad del país para convertirse en un gran parque temático del futbol.

El presidente de la FIFA, Josepp Blatter, lo dejó muy claro poco antes de comenzar la Copa del Mundo de Sudáfrica: “Mandela es el verdadero arquitecto de este Mundial, su presencia y entrega lo hizo posible”.

Las sedes en los que se disputa la Copa del Mundo reflejan la magnificencia del héroe “antiapartheid”.

Para empezar en Puerto Elizabeth se erige el nuevo estadio Bahía Nelson Mandela, una de las instalaciones diseñadas para ofrecer la cara más moderna del país.

En Ellis Park (Johannesburgo) el equipo sudafricano de rugby levantó su primer título mundial en un torneo que pasará a la historia.

Además el Soccer City es el gran estadio de la Copa del Mundo con capacidad para más de 95,000 espectadores. Este inmenso escenario fue el escogido por Mandela para dar su discurso después de ser liberado en 1990.

Sin embargo, veinte años después y con 91 años el carismático líder no puede recibir a tantos amigos como desearía debido a su delicado estado de salud. Una de las últimas instantáneas tomadas al Premio Nobel de la Paz fue en compañía de Cristiano Ronaldo, que se acercó unos días antes de empezar la competición a la residencia de Mandela para cumplir su sueño de conocerle.

Después de aquel día no se ha vuelto a fotografiar a Mandela porque desafortunadamente el primer presidente de la democracia sudafricana no pudo estar presente, como había planeado, en la ceremonia de inauguración del Mundial debido al fallecimiento de su bisnieta Zenani. La pequeña, de 13 años, murió en un accidente de tráfico cuando volvía de ver un concierto en honor de su bisabuelo.

Pero el sufrimiento personal de Mandela es proporcional a la importancia que le otorga a los éxitos de los deportistas sudafricanos.

“Bafana, Bafana” (los chicos en Zulú) y “Springboks” (los antílopes) son dos versiones del equipo nacional sudafricano que ejercen sobre el conjunto de la población un sentimiento de unidad difícil de explicar.

Con Invictus Hollywood aportó una versión cinematográfica del Mundial de Rugby de 1995 que ganaron los sudafricanos. Morgan Freeman asumió el papel del Presidente de la República Sudafricana, quien arengaba a sus jugadores a conseguir algo grande para un país en busca del cambio.

La película dirigida por Clint Eastwood mostraba como Chester Williams, el único jugador negro del conjunto sudafricano, era a la vez el icono de la reconciliación. Una herramienta utilizada por el gobierno Mandela que aseguraba la cohesión y la transición hacia una sociedad plural.

Algo parecido ha ocurrido quince años después con Matthew Booth, el único caucásico seleccionado por el entrenador Carlos Alberto Parreira para la cita mundialista.

Curiosamente Booth es el ídolo de los aficionados de los “Bafana, Bafana”, que incluso le han dedicado un cántico que, en un principio, la prensa internacional interpretó erróneamente como un enorme abucheo.

Booth ya ha explicado que no quiso ser bandera de nada en este torneo. Una actitud que le honra y que certifica que el defensa es uno más en su equipo y en su país; para él la verdadera integración llegará cuando todos los sudafricanos tengan igualdad de oportunidades y la riqueza del país esté mejor distribuida.

Como ocurre con Booth, Winnie Madikiziela-Mandela no quiere ser objeto de todas las miradas ni convertirse en la protagonista de ningún biopic.

La segunda esposa de Mandela, histórica líder del CNA, pretende querellarse ante el guión de Winnie , un filme que será protagonizado por Jennifer Hudson y Terence Howard, quienes darán vida a la ex primera dama y a Mandela, respectivamente.

Desde hace algo más de un mes, la presidenta de la Plataforma Internacional de Mujeres en apoyo a la causa saharaui es precisamente Madikiziela, quien apoyó hace pocas semanas en Madrid un acto para exigir la descolonización del territorio ocupado por Marruecos.

Madikiziela dijo sentirse “orgullosa de poder ayudar a este pueblo” y hacer suya una causa que llevará a “todos los lugares del mundo”.

Y es que la mujer tuvo una importancia fundamental en el contexto de la emancipación del pueblo sudafricano, un país en el que las mujeres llevaron a cabo un camino muy parecido al que siguen hoy las activistas saharauis.

“Fuimos madres, educadoras, esposas y activistas; todas estas funciones las realizamos las mujeres para lograr la libertad”, aseguró la ex esposa del presidente.

También hay que considerar al legendario guitarrista B. B. King uno de los embajadores oficiales del legado de Mandela.

El legendario “bluesman” ofreció en la capital de España el primero de una serie de conciertos para conmemorar el “Nelson Mandela Day”, una iniciativa que nació para mantener los valores del líder sudafricano y que utiliza la música como puente.

“Mandela es mi mentor, significa tanto para mí que he tenido que realizar un viaje en autobús de miles de millas”, comentaba King antes de comenzar su recital.

El próximo 18 de julio el querido líder cumplirá 92 años de una vida que, más allá de tópicos, ha sido entregada a una nación. b

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