Por Daniel Merolla
PRETORIA/AFP
La selección de Paraguay saltó por primera vez en la historia a los cuartos de final de un Mundial, en Sudáfrica-2010, al vencer en el desempate por penales a Japón por 5-3, tras igualar sin goles en Pretoria en los 90 minutos y la prolongación.
Anotaron desde los doce pasos para la Albirroja: Edgar Barreto, Lucas Barrios, Cristian Riveros, Nelson Valdez y Oscar Cardozo.
Marcaron para los Samurais Azules: Yasuhito Endo, Makoto Hasebe, Keisuke Honda, y falló Yuichi Komano.
Los 90 minutos fueron una insufrible combinación entre las enloquecedoras vuvuzelas y dos equipos que basan su estrategia en jamás desordenarse, mantener la cautela y la prudencia hasta la exasperación.
Si los artilleros por naturaleza no la embocan, como los guaraníes Lucas Barrios o Roque Santa Cruz, o el nipón Keisuke Honda, no hay quien salve a dos equipos dominados por la extrema cautela y la carencia alarmante de audacia ofensiva.
Cambió el partido porque Riveros empezó a animarse, a poner en acción su mejor técnica, a puro corazón, pero hacia adelante, como se proyectaba con potencia Claudio Morel por su lateral.
Pero Gerardo Martino se desesperaba fuera de la cancha, con gritos y gestos de enojo porque la audacia mayor no daba frutos. Los cabeceadores guaraníes no podían meter ese cabezazo salvador.
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Hubo en los 120 minutos, tan sólo dos entradas a fondo con remates fallidos de Roque Santa Cruz y Lucas Barrios y un súbito remate rasante de Keisuke Honda, que lograron sacar aunque sea por unos segundos al juego del pozo de aburrimiento, monotonía, falta de audacia y mediocridad en que fue sumido.
Las proyecciones laterales de Claudio Morel, la calidad para administrar el balón de Néstor Ortigoza, mientras estuvo en el campo, y los titanes defensivos Paulo Da Silva y Antolín Alcaraz fueron los argumentos de peso de los sudamericanos.

En el otro bando, liderados desde el fondo por Marcus Tanaka y Yuji Nakazawa, los japoneses se plantaban con Yuki Abe como un guardia pretoriano —y nunca mejor usado el término en esta ciudad—, mientras Daisuke Matsui y Yasuhito Endo luchaban realmente como guerreros samurais en el medio juego.
En el alargue, se lo perdió en la boca del arco Nelson Valdez y otro tiro de Honda forzó a Villar a desviar al corner. Cuando Barrios se filtró en el área nipona y le tiró a quemarropa al cuerpo del arquero, Eiji Kawashima supo poner las piernas arrojándose al suelo.



