LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Iván de Jesús Pereira

Los incorruptibles, una casta de hombres que se extinguió en Nicaragua

En Nicaragua hay una casta de hombres que se ha extinguido, fraguada en la lucha contra el somocismo y anteriormente en la lucha contra el intervencionismo norteamericano, y más aún en la lucha contra el zelayismo ha desaparecido por completo. Me refiero a la casta de los incorruptibles, los que no se vendían ante el poder del César, los que no claudicaban ante los ofrecimientos que el dictador de turno les ofreciese.

Algunos de ellos bajaron a la tumba en la miseria, otros desgastaron sus vidas en el anonimato, pero nunca claudicaron. Claro ejemplo de ello fueron Mariano Barreto y Félix Quiñónez durante el zelayismo. Julián Irías y Antonio Medrano durante el intervencionismo. Carlos Arroyo Buitrago, Enrique Lacayo Farfán, Humberto Alvarado Vásquez, Adán y Buenaventura Selva, Juan Manuel Gutiérrez y Orlando Robleto Gallo durante el somocismo, sin olvidarnos de los dos adalides de esa escuela, los que sellaron con sus vidas lo que predicaban y creían, Augusto César Sandino, Carlos Fonseca Amador y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Escribo recordando a estos personajes, la mayoría de ellos actualmente desconocidos por la juventud de mi Patria, como es el caso de Rosendo Argüello Ramírez, Julio Alonso Leclair y Alí Salomón, hombres que dedicaron toda su vida para que Nicaragua fuese una República y de los cuales no existe hasta la fecha alguna placa, calle o plaza que recuerde sus nombres.

En Nicaragua, lo más grave que ha ocurrido no es el fracaso político de la revolución de los años ochenta, ni la falta de sensibilidad social de la mayoría de los gobiernos democráticos que la presidieron de la década de los noventa, ni la tendencia dictatorial de nuestro actual mandatario y su poco o absoluto respeto a la Constitución que él juró cumplir y hacer cumplir, sino, el fracaso moral y espiritual de toda una sociedad que ha olvidado sus cánones y códigos de honestidad y ha hecho del oportunismo, el servilismo y la mediocracia, sus virtudes más sobresalientes.

Un 22 de agosto de 1978 un comando del Frente Sandinista, en una maniobra más que temeraria, se tomó el entonces Palacio Nacional, sede del Congreso de la República, tomando como rehenes a la mayoría de ese cuerpo legislativo. Los guerrilleros de ese entonces, bautizaron al Poder Legislativo con el nombre de “la Chanchera”. En el fondo lo que se quería remarcar era lo sucio, lo servil, lo abyecto, lo corrompido de la clase política de ese tiempo, hasta llegarla a calificar con el nombre de cerdos. Y eran sucios, serviles y abyectos el actuar de esa clase porque todos se olvidaron de la representación popular que ostentaban, claudicando ante el dictador.

A treinta y dos años de esos acontecimientos, la clase política de Nicaragua, no ha cambiado, más bien me atrevo a decir ha decaído. Los incorruptibles han desaparecido como clase, como actitud ante la vida y lo que prevalece es el tránsfuga, el oportunismo, el político que ve ante todo y sobre todo sus propios intereses y ambiciones, el chance para enriquecerse y obtener prebendas. ¿Si en el pasado el grupo de guerrilleros rebautizó al Congreso de la República como la Chanchera, cuál creen ustedes podría ser el nombre que el pueblo de Nicaragua designa ahora a los honorables diputados de nuestra Asamblea Legislativa o a los miembros de los otros Poderes del Estado ante el espectáculo que cada día nos presentan?

El problema que nos agobia, es que subyace en el más profundo de nuestro ser, el hombre viejo, con todas sus lacras y sus vicios y nunca permitimos que sugieran en nuestros espíritus el hombre nuevo.

Como si se tratase de estar sentado en una bicicleta estacionaria, que gira y gira sus ruedas pero que nunca avanza, el país repite y repite sus ciclos de miseria y abyección, un tirano remplaza a otro tirano y una casta de serviles, corruptos y besamanos es remplazada por una nueva casta de serviles, corruptos y besamanos, pero en el fondo quedamos en lo mismo.

¿Entre Somoza y Ortega, cuál es la diferencia?: Que el primero fue un instrumento de los gringos y el segundo es un instrumento del Socialismo del siglo XXI. ¿Qué ha ganado el país, entre una y otra dictadura? Guerras, desolación, exilio, pobreza, lágrimas. ¡Mil corazones partidos! Una casta de incorruptibles que se extinguió. Ortega, tiene asegurada su reelección con la plata del Alba y con el sector de la oposición que él maneja y financia.

El autor es abogado

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