Fallo de CIJ sobre independencia de Kosovo abre nuevas incógnitas

El dictamen de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) a favor de la independencia de Kosovo abre nuevas incógnitas acerca del contencioso serbo-kosovar, y entraña también riesgos para la estabilidad de los Balcanes.

Jordi Kuhs

VIENA/EFE

El dictamen de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) a favor de la independencia de Kosovo abre nuevas incógnitas acerca del contencioso serbo-kosovar, y entraña también riesgos para la estabilidad de los Balcanes.

El fallo, que estipula que la pequeña ex provincia serbia «no violó el derecho internacional» al declarar su independencia es mucho más claro de lo que Belgrado y Pristina anticiparon.

El politólogo Florian Bieber asegura en un análisis publicado hoy por la Asociación de Estudios sobre el Nacionalismo que «la opinión (de la Corte) fortalece la posición de Kosovo».

«Probablemente algunos países que no han reconocido a Kosovo lo podrían hacer después de este dictamen no vinculante», señala este profesor de la Universidad de Kent (Reino Unido), donde imparte clases de política e historia de los Balcanes.

Sin embargo, los países que no han reconocido la soberanía de Kosovo, como Rusia, China, Brasil y España, no han dado señales de que piensan cambiar su postura.

Estos países, que han reiterado su política de no reconocimiento, sostienen que sólo un acuerdo dialogado entre las partes enfrentadas podría alterar su postura.

Y precisamente ese diálogo podría estar más lejos que nunca a causa del dictamen de La Haya.

El Parlamento de Pristina confirmó en una declaración adoptada hoy que Kosovo «está listo para discutir con Serbia sobre asuntos técnicos» de la convivencia mutua.

Nada indica que los albano-kosovares quieran sentarse de nuevo en la mesa de negociaciones con los serbios.

Por su parte, Serbia ha manifestado que seguirá «luchando» por su integridad territorial y que llevará el asunto a la Asamblea General de Naciones Unidas en otoño próximo.

Eso indica que Belgrado sigue empeñada en ignorar los hechos sobre el terreno en su antigua provincia, es decir, la soberanía kosovar que, según Bieber, es «irreversible».

Pero Kosovo tampoco podrá consolidar su legitimidad si no cuenta con el reconocimiento de las potencias escépticas, y sin un acuerdo con Serbia «no podrá superar el estancamiento de la construcción de sus instituciones estatales», advierte el analista.

Así las cosas, a pesar de la aparente victoria diplomática kosovar en La Haya, son ambas partes las que tendrán que moverse para salir adelante y superar la indefinición actual.

Pero el dictamen de La Haya alberga también peligros reales para la estabilidad geopolítica de los Balcanes, escenario en los años noventa del siglo pasado de cuatro guerras, con cientos de miles de muertos, heridos y desplazados.

En Bosnia-Herzegovina, donde entre 1992 y 1995 se libró el más sangriento de estos conflictos, los serbios han reaccionado con una amenaza implícita de seguir el ejemplo de Kosovo.

«La República Srpska (en Bosnia) podría esta noche adoptar una declaración sobre su independencia y eso no sería ninguna violación del derecho internacional», dijo el líder serbobosnio Milorad Dodik.

Para poner fin a la guerra, Bosnia fue dividida en dos entes, uno serbio y otro compartido por croatas y musulmanes, mientras que las estructuras del estado central hasta hoy son muy débiles.

«El dictamen es un buen indicador para la lucha sobre el estatus y el futuro (de los serbobosnios)», advirtió Dodik, tras destacar que su gente «hace tiempo que no está contenta de estar en Bosnia-Herzegovina».

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