Es evidente que al Presidente de Venezuela, coronel Hugo Chávez, le preocupan mucho las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional que se realizarán el 26 de septiembre próximo. No está seguro de sus resultados. Teme que favorezcan a la oposición y en todo caso que sean desfavorables para él.
Por eso es que el régimen de Chávez ha censurado la publicación en los periódicos de información gráfica sobre la desbordada criminalidad imperante en Venezuela, que es uno de los problemas más graves que preocupan a los venezolanos. Son muchos los que imputan al régimen de Chávez falta de capacidad para enfrentar el problema de la delincuencia, o lo acusan de promover con sus actitudes agresivas y sus palabras ofensivas, la violencia y criminalidad que angustia y agobia a los ciudadanos. La grave situación de inseguridad, unida a la escasez de productos básicos, a la pérdida de grandes cantidades de alimentos que se pudren por irresponsabilidad e ineficiencia gubernamental, a los apagones, a la creciente e incontenible inflación, etc., le han ocasionado a Chávez una gran pérdida de popularidad y podrían restarle muchos votos en las elecciones del 26 de septiembre próximo.
Según ha comentado el periodista argentino radicado en Estados Unidos, especialista en temas internacionales, Andrés Oppenheimer, una encuesta que la firma Hinterlaces realizó a mediados del mes de julio pasado reveló que en ese momento 28 por ciento de los ciudadanos estaba dispuesto a votar por los candidatos de la oposición, 27 por ciento por los candidatos del partido de Hugo Chávez, 22 por ciento por los independientes y el resto estaba indeciso. Por su parte, la firma Datanálisis, que es otra de las principales encuestadoras de Venezuela, confirmó que había prácticamente un empate entre el oficialismo y la oposición.
Ante esta situación muchos se preguntan cómo es que Hugo Chávez —siendo de la misma especie de Daniel Ortega y habiendo proclamado su pretensión de perpetuarse en el poder—, no está fraguando un fraude para robarse las elecciones. Al menos la oposición no ha denunciado la inminencia de un fraude electoral.
Lo que pasa es que el sistema electoral de Venezuela, ha sido diseñado por Chávez para que la oposición no pueda ganar la mayoría de los escaños de la Asamblea Nacional. En la masa general de votantes venezolanos, puede haber una intención de voto mayoritaria a favor de la oposición, o marcar un empate con el oficialismo. Sin embargo, por el diseño de las circunscripciones y del sistema de asignación de los asientos parlamentarios, el partido de gobierno de todas maneras saldrá favorecido y la oposición perjudicada.
Según Andrés Oppenheimer, con ese sistema la oposición venezolana “necesitaría más del 55 por ciento de los votos para ganar por lo menos el 50 por ciento de las bancas en el Congreso”. Por el contrario, con un minoritario 45 por ciento de la votación el partido de Chávez se apoderaría de la mayor parte del congreso.
Con más precisión, el periodista venezolano experto en temas electorales, Eugenio E. Martínez, escribió en el diario El Universal, de Caracas, que debido al diseño amañado del sistema de asignación de escaños, con el 51% de los votos la oposición sólo obtendría 65 curules; en cambio, el partido de Chávez con el 49 % tendría hasta 100 diputados.
Por eso es que el reto de la oposición no consiste en crecer en el voto nacional, advierte el experto electoral venezolano; de nada le serviría crecer donde ya es mayoría, pues ese aumento en la intención de voto general tendría muy poco impacto en los resultados de las votaciones del 26 de septiembre. ¿Por qué?, se pregunta Eugenio Martínez, y responde: “Porque los seis principales estados del país en los cuales la oposición es mayoría de opinión pública —o está muy cerca de convertirse en mayoría— concentran a 52 por ciento de los votantes, pero sólo escogen a 64 diputados (38 por ciento del próximo Parlamento)”.
De manera que la intención de voto a nivel nacional que se ha reflejado en las encuestas de Hinterlaces y Datanálisis, mencionadas por Oppenheimer, no tiene que coincidir con lo que ocurrirá en cada una de las 87 circunscripciones electorales que hay en Venezuela, puesto que en algunos estados para elegir un diputado se necesita hasta el triple de votos de los que son necesarios en otros lugares.
En estas circunstancias no es necesario que el chavismo haga un fraude masivo en Venezuela, como los que hace el orteguismo en Nicaragua. A Chávez, para ganar las elecciones le basta con el ventajismo del control del Estado y el amañado sistema electoral.