Economistas, empresarios y políticos que fueron consultados por el diario LA PRENSA sobre la manipulación que ha hecho el régimen de Daniel Ortega de algunas estadísticas para engañar a la opinión pública —tratando de hacer creer que ha reducido la pobreza en Nicaragua—, advirtieron que esa manipulación pone en riesgo “la credibilidad” del Gobierno ante los países donantes.
Pero, ¿cuál es la credibilidad que tiene este Gobierno? ¿Acaso los representantes de países como Estados Unidos y la Unión Europea, no le han retirado la confianza al régimen de Ortega y con ella importantes programas de ayuda financiera?
El gran maestro del engaño político, Nicolás Maquiavelo, aconsejó hace cinco siglos a los príncipes gobernantes que practicaran el arte del engaño, pues “aquel que quiera engañar siempre encontrará a quienes desean ser engañados”. El malévolo consejo de Maquiavelo es practicado hasta hoy por muchos gobernantes —algunos de los cuales se creen príncipes o reyes—, entre otras formas por medio de la manipulación de las estadísticas. Tal es el caso de Ortega, quien manipula cifras propias y ajenas para hacer creer a quienes quieran creerle, que ha reducido la pobreza en Nicaragua. Pero lo que está a la vista es que durante su régimen el crecimiento del Producto Nacional ha sido mínimo, inferior al aumento de la población; que se incrementó el índice de desocupación; que se han cerrado innumerables negocios y empresas; que muchas inversiones se retiraron y tantas otras se han abstenido de venir, etc.
Es cierto que el entorno familiar y político de Daniel Ortega no sólo ha salido de la pobreza, sino que se ha enriquecido desmesuradamente en este breve período. Y es cierto también que un sector minoritario de la población ha sido favorecido con el asistencialismo gubernamental. Pero la mayoría de la población se ha visto perjudicada por este Gobierno, como es el caso de los muchos nicaragüenses que de verdad estaban saliendo de la pobreza gracias al suspendido programa de la Cuenta Reto del Milenio, financiado por Estados Unidos de Norteamérica.
Se conoce que las estadísticas y en particular los indicadores económicos y sociales fueron creados para que la gente tuviera confianza en los reportes de los gobiernos y los organismos internacionales. Además, con esos indicadores se pretende que los mensajes políticos, los programas sociales y los informes gubernamentales sean sustentados en información veraz y creíble sobre la realidad económica y social de los países. Y sin duda que muchos gobernantes responsables velan porque los indicadores económicos y sociales sean veraces, y no los manipulan. Sin embargo otros, como a todas luces es el de Nicaragua, manipulan descaradamente las informaciones estadísticas para pintar de rosado chicha lo que está notoriamente oscuro.
En el debate sobre la manipulación de las estadísticas que ha hecho el régimen de Ortega, para tratar de engañar con el cuento de que ha reducido sustancialmente la pobreza, el político y economista Francisco Aguirre Sacasa, diputado por el Partido Liberal Constitucionalista, ex presidente de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional y antiguo funcionario del Banco Mundial en diversos lugares del mundo, precisó que: “En mi experiencia, de 40 años de trabajar como economista, no conozco ni un solo país ni desarrollado ni subdesarrollado en donde haya habido reducción sustancial de la pobreza sin crecimiento económico robusto”.
Al respecto, el economista en jefe del Banco Mundial en el Sector de Reducción de la Pobreza, Humberto López, coautor del estudio “Reducción de la pobreza y crecimiento, círculos virtuosos y círculos viciosos”, había aclarado en una conversación interactiva con visitantes de la página web de dicha institución, en febrero del 2006, que: “Me gustaría dejar muy claro que en ausencia de crecimiento económico no es posible reducir la pobreza y en este sentido es muy importante tratar de balancear los objetivos de crecimiento y desigualdad de una manera apropiada. Estrategias de desarrollo que en nombre de la desigualdad frenen el crecimiento al final generarán más pobreza”.
La verdad es que sólo en la magia política de Daniel Ortega —o sea la recomendación maquiavélica al príncipe gobernante, de que engañe porque siempre habrá quienes quieran ser engañados—, la pobreza se puede reducir sin crecimiento económico, es decir, sin creación de riqueza. Y es obvio que con un régimen como el actual, no puede haber crecimiento económico real y sostenido, a menos de que ocurriera el milagro de que Ortega se democratizara y que gobernara de manera responsable, legítima y transparente.
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