Los sacrificios de innumerables personas que luchan por la libertad y la defensa de sus derechos atropellados por los poderes públicos y los gobernantes abusivos, con frecuencia pasan inadvertidos. Esas personas son héroes anónimos.
En realidad, sólo en determinadas circunstancias —cuando, como se dice habitualmente, “se dan las condiciones apropiadas”—, los sacrificios personales y los actos heroicos de los luchadores por la libertad, por el respeto a los derechos humanos y por la vigencia de la democracia, son reconocidos ampliamente por el público y se convierten en detonantes de grandes luchas políticas y cambios sociales.
Ése ha sido el caso, por ejemplo, del heroico disidente y preso político cubano Orlando Zapata Tamayo, quien murió el martes 23 de febrero de este año después de 85 días en huelga de hambre. Esa fue su extrema forma de protesta por la injusta prisión que sufrían él y sus compañeros de infortunio, y contra las infernales condiciones carcelarias que impone la inhumana dictadura comunista de Cuba a los luchadores por la libertad y la democracia.
Muchos otros presos políticos y de conciencia de Cuba protagonizaron huelgas de hambre antes que el héroe Zapata Tamayo. Basta mencionar al poeta cristiano Pedro Luis Boitel, otro preso político cubano que murió el 25 de mayo de 1972 en la cárcel de Castillo del Príncipe, como consecuencia de una huelga de hambre que sostuvo durante 53 días. Sin embargo ha sido el sacrificio del disidente Orlando Zapata Tamayo, el que ha hecho saltar los resortes de un gran movimiento universal de repudio al régimen de Fidel y Raúl Castro. El martirio del obrero negro Orlando Zapata Tamayo colocó a la tiranía comunista de Cuba la defensiva y la ha obligado a dejar en libertad a numerosos presos políticos y de conciencia.
Ahora, en Venezuela ha muerto un ciudadano disidente llamado Franklin Brito, como consecuencia de varias huelgas de hambre que realizó en protesta por la ocupación de sus tierras ordenada o instigada por el régimen chavista. Por medio de Internet, en el mundo entero se han podido ver las impresionantes fotografías de distintos momentos en la vida adulta de Franklin Brito, quien era un saludable y fornido hombre de campo pero por las huelgas de hambre se fue consumiendo físicamente hasta convertirse virtualmente en un saco de huesos.
“Si mi muerte contribuye a demostrar que el presidente Chávez es un asesino y un corrupto, estoy dispuesto a morir”, aseguró Franklin Brito la noche del 28 de mayo de este año, cuando en contra de su voluntad las fuerzas represivas chavistas se lo llevaron de donde se encontraba en huelga de hambre y lo trasladaron a un hospital militar. Allí Brito fue recluido en una unidad para enfermos mentales y, según las denuncias de su esposa e hijas, el régimen de Chávez no permitió que se le proporcionara una verdadera atención médica, profesional e independiente.
Franklin Brito era profesor de biología, pero también productor agropecuario, a lo que se dedicó por entero después que la represión del régimen le impidió seguir ejerciendo la docencia. Pero el chavismo lo siguió persiguiendo de manera implacable y mandó a sus partidarios a que ocuparan la propiedad agraria de Brito y se apropiaran de ella.
Eso ocurrió en el año 2004. Como protesta contra el robo de su patrimonio y para llamar la atención del pueblo venezolano y de la opinión pública internacional, Franklin Brito se amputó un dedo de su mano izquierda en la Plaza Miranda, de Caracas. Después Brito se declaró en huelga de hambre varias veces, hasta que en 2006 logró que el régimen le devolviera formalmente sus terrenos. Sin embargo no le reconocieron sus títulos de propiedad y entonces Brito recurrió nuevamente a la protesta por medio de la huelga de hambre. Y finalmente murió el lunes 29 de agosto recién pasado.
Franklin Brito luchó como un héroe de la libertad y murió como un mártir en defensa de su derecho a la propiedad, dos valores fundamentales, la libertad y la propiedad, que sólo pueden existir y tener sentido y vigencia de manera simultánea. No se puede concebir la libertad donde no existe el derecho a la propiedad privada, personal y patrimonial; y el derecho de propiedad privada no existe o no tiene ninguna seguridad, cuando no se respeta la libertad.
Ésa es la bandera que enarboló y por la cual murió Franklin Brito. Y quiera Dios que su sacrificio no haya sido en vano, que su martirio marque el principio del fin del inhumano y oprobioso régimen chavista, el que tarde o temprano tendrá que ser derrotado y enterrado por la lucha tenaz del pueblo venezolano.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A
