Jaime Arellano
Es terrible el sentimiento de impotencia que se siente en este país cuando después de tanto esfuerzo, cuando estás a punto de lograr algo grande se cae por el caciquismo existente. Todos mandamos, todos somos los primeros, todos queremos estar adelante, todos queremos tener el reconocimiento de los demás, todos actuamos como niños y ahora, que las cosas se echaron a perder, nadie quiere que lo culpen y todos van a seguir en el juego de: ¡yo no tengo la culpa, el culpable es el otro! Pues señores, en lo personal he buscado las primarias como una solución a la falta de unidad, he buscado y promovido las primarias como la opción del país para lograr perpetuar la democracia, y si tiene culpa.
Las diferencias personales, la desconfianza, la inmadurez política, el no ubicarse en la historia todo es imperdonable. Nicaragua necesita a sus mejores hijos e hijas para salir adelante, no podemos seguir en este camino en el que están al acecho, esperando si uno medio resbala para moverle el piso, un país en el que los supuestos mejores hijos están con las manos listas para ahorcar al contrincante en cuanto empieza a hablar, en el que la descalificación del adversario es utilizada como una forma de validación del “yo” y la candidatura o facción política que represente esa persona en ese momento. Eso ya llegó al colmo. Nunca se piensa qué puedo yo ofrecer que sirva a los demás, que sea productivo para el país, eso es mucho pedir.
El pecado cometido es la muerte de la esperanza que había surgido en el ambiente y que se ve aplastada por actos como la suspensión de las primarias. Con qué argumento puedo yo convencer a la gente que uno u otro valen la pena si no dejan de atacarse, los peores enemigos que tienen los políticos en el país son ellos mismos. Ya la gente se sentía decepcionada, no querían salir a votar, decían que ¿para qué? si de todos modos se roban el voto, si de todos modos no hay por quién votar Y ahora que ya el pueblo estaba entusiasmándose, que ya todos veíamos progreso político al someternos a unas primarias en las que el pueblo iba a tener el chance de escoger, donde el dedo iba a ser una cosa del pasado, donde los hombres y mujeres de bien podían competir y ser elegidos por sus conciudadanos para que los representen. No en una plancha de un partido si no como persona, valés por vos mismo, no por tu color partidario Bueno todo eso se acabó, ya no es más que un sueño, mi sueño.
Me ha costado sangre, sudor y lágrimas mantener esta idea y hacerla una realidad. Trataron de ahogarla antes de nacer y nació, trataron de boicotearla en el camino y persistió, y sin embargo, cuando estábamos a punto de salir ilesos, llegar a la meta, conquistar el vellocino se cae y la desesperanza crece.
Como siempre lo he dicho la oposición es su peor enemigo, sus contrincantes no tienen que hacer nada, sólo ver la pelea como en un rin de boxeo en el que la contienda no tiene reglas y es a matar y el que quede, queda tan débil que sin esfuerzo lo vencerán. Todos contra Ortega, o Todos contra todos, menos Ortega.
¡Réquiem a las primarias! ¡Una muerte anunciada y desesperadamente no deseada!
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