Los días en Nicaragua parecen estar contados para Alberto Boschi, a quien el Gobierno canceló la nacionalidad nicaragüense. Mientras tanto, se aferra a su labor social que desarrolla en Ciudad Sandino, uno de los municipios del departamento de Managua.
El próximo 23 de septiembre se vence la visa de turista con la que Boschi, de origen italiano, se encuentra en el país. Sin embargo afirma: “No me iré por mi cuenta de Nicaragua. Esperaré a ver qué pasa después de ese día”.
Hace cinco años fundó la escuela Don Lorenzo Milaní, ubicada en la Zona 11 de Ciudad Sandino, para beneficio de más de 500 niños de escasos recursos.
“En la medida de lo posible tratamos de brindar a los niños un nivel más alto de educación, que el promedio de los otros colegios en el país. Hay mucho que fortalecer para el aprendizaje de los niños”, afirmó Boschi.
Aunque el futuro del centro escolar parece ser incierto por la posible partida del misionero, Boschi se muestra optimista.
“Estoy buscando apadrinamiento de personas de Italia y otros países de Europa que apoyen este proyecto. Yo he hecho la hipótesis de irme con mi familia a La Carpio (barrio de San José, Costa Rica), donde hay muchos nicaragüenses. Pero yo quiero quedarme aquí”, reiteró.
Teme que desaparezcan los logros alcanzados hasta ahora con el proyecto social.
Aseguró que los gastos del centro educativo salen, en parte, de su bolsa y que no ha podido gestionar la cooperación necesaria para el mantenimiento del proyecto.
La incertidumbre sobre el futuro de Boschi en Nicaragua preocupa a las madres de los niños beneficiados, quienes dicen estar agradecidas con la labor social que realiza.
“Esto (el proyecto) se caería si don Alberto se va. Aunque él esté buscando otra gente que nos ayude, nunca sería lo mismo. Él (Boschi) no sólo ayuda a los niños, sino a las madres como yo, que padezco de cáncer. Él me da para los medicamentos”, sostuvo Elsa del Carmen Castañeda, una de las madres con hijos en el centro educativo fundado por Boschi.
“Soy madre soltera. Tengo seis hijos que mantener y sólo gano para la comida. No podría pagar los estudios de mis hijos y aquí reciben buena educación. Nos duele y nos preocupa que llegue a terminar este proyecto”, declaró Lesbia Halleslevens.
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