Durante una década, Ichiro Suzuki ha construido un historial lo suficientemente sólido como para garantizar su boleto al Salón de la Fama en Cooperstown.
Más que eso: ha generado un intenso debate sobre si se trata del legítimo rey del hit, aun con las huellas dejadas por Pete Rose y Ty Cobbs en las Mayores.
Este angosto y diminuto jugador japonés, que domina el bate como un diestro cirujano el bisturí, sigue convertido en una máquina de conectar hits.
La tarde del jueves disparó dos cohetazos ante Shawn Hill, de Toronto, y extendió a 10 su racha campañas con al menos 200 hits, en un alarde de consistencia.
Después de graduarse como artillero de tacto en su país, en el que atrapó siete títulos de bateo, Suzuki tuvo una exitosa transición hacia las Grandes Ligas.
Algunos equipos lo vieron con reservas, considerando su físico aparentemente endeble. Está registrado con 5’11 pies, pero en realidad no llega a 5’10.
Pero lejos de ser lo de su físico una desventaja, ha sido una de sus grandes virtudes. Y como batea desde el perfil zurdo, ha sacado provecho de su velocidad para apuntarse una gran cantidad de imparables.
Suzuki tiene unas manos tan rápidas que puede darse el lujo de dejar llegar la bola y decidirse si la toma o no cuando está sobre el plato. Deja caer su bate y corre.
- hits bateó ichiro suzuki en la campaña del 2004 y dejó atrás el récord de George Sisler de 257 en 1920.
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Hasta el año pasado, Ichiro utilizaba 3.9 segundos de home a primera, lo cual constituye el registro más rápido para un jugador que batea a la zurda.
No obstante, su mayor virtud es su capacidad para hacer contacto con la bola. No importa el pitcheo. Es capaz de acertar un zancudo con su swing.
Suzuki traía antecedentes sólidos de Japón, aunque no todos los nipones han extendido su éxito a las Grandes Ligas. Pero él desde el inicio dejó en claro sus habilidades, disciplina y trabajo.
Lo suyo fue éxito instantáneo. Al debutar en el 2001 cerró con .350 como líder de bateo, con 242 hits y 127 anotadas, más 56 robos.
Eso resultó suficiente para verlo convertido en el Jugador Más Valioso de la Liga Americana, además de haber ganado el galardón de Novato del Año, algo que sólo había conseguido Fred Lynn en 1975 con Boston.
Y desde entonces se ha dedicado a rociar los campos de las Ligas Mayores con sus cañonazos, al extremo de romper varias marcas, entre ellas la de más campañas al hilo con 200 hits.
Ese registro estaba en poder de Wellie Keeler, quien acumuló ocho temporadas seguidas con 200 o más hits entre 1894 y 1901. Suzuki tiene ahora diez.
Ichiro llegó a diez campañas de 200 hits en diez temporadas, precisamente. Pete Rose, quien acumuló también diez faenas de 200 hits, lo realizó en un lapso de 17 años, aunque su carrera duró 24 campañas en las Mayores.
En el 2004 Suzuki había pulverizado el récord de 257 hits en una campaña, impuesto por George Sisler en 1920. Ichiro subió el patrón a 262 y parece ser una de las marcas más sólidas.
Sin embargo, Suzuki es algo más que un bateador de hits. En ocho de sus diez temporadas ha superado la barrera de las 100 anotadas y nueve veces ha robado al menos 30 bases al año.
Ha sido convocado al Juego de Estrellas en cada una de sus diez temporadas, mientras gana el Guante de Oro en sus primeras nueve campañas. Este año aún no lo han dado, obviamente.
Pero además, Suzuki es un líder en Seattle, donde no necesita gritar para hacerse sentir. Deja que su desempeño hable por él y sus compañeros le tienen especial admiración y respeto.
Es una pena que Ichiro llegó a las Mayores cuando ya tenía 27 años, edad a la que Rose ya tenía 1,120 cohetazos en su carrera. Aunque, si a Suzuki se le suman todos sus hits (Japón incluido), entonces tiene 3,508.
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