La muerte de “Mono Jojoy”, como se conocía al principal jefe militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), es un hecho de gran importancia estratégica para el pueblo colombiano y de mucha significación positiva para la causa de la democracia en América Latina.
Al máximo jefe militar de las FARC, Víctor Julio Suárez Rojas, cuyo nombre de guerra era Jorge Briceño pero se le conocía como “Mono Jojoy”, le pusieron ese apodo por la gran habilidad que tenía para evadir a sus perseguidores, en alusión a un gusano de la selva colombiana llamado “mojojoy”, el cual es sumamente difícil de atrapar. Sin embargo, finalmente “Mono Jojoy” fue liquidado por las fuerzas armadas del Estado colombiano, el jueves de esta semana, en lo que ha sido “el golpe más grande que se le da a las FARC en toda su historia”, según la valoración del hecho que hiciera el presidente colombiano Juan Manuel Santos.
Es que el “Mono Jojoy” era el comandante de más o menos a la mitad de todos los efectivos de las FARC, que han sido reducidos a 8 mil —después que en 2002 eran más de 18 mil—, gracias al empuje ofensivo de los últimos gobiernos democráticos, primero de Álvaro Uribe y ahora de Juan Manuel Santos. Además, “Mono Jojoy” lideraba el ala más radical de las FARC, fue el creador de la estrategia de los secuestros masivos para cobrar rescates, de los atentados terroristas con las bombas-cilindros (poderosos explosivos mezclados con clavos y otros objetos metálicos en cilindros para gas butano), y, sobre todo, del financiamiento de la organización terrorista por medio del narcotráfico.
Además, la muerte en combate del más importante jefe militar de las FARC significa también un fuerte golpe a la corriente populista y de ultra izquierda en América Latina; y por lo tanto al proyecto expansionista del denominado “socialismo del siglo XXI”, que es impulsado desde Venezuela y financiado con los recursos de la riqueza petrolera venezolana.
Por cierto que las elecciones legislativas que se realizarán mañana 26 de septiembre en Venezuela, en las cuales la oposición podrá elegir una considerable cuota de representación parlamentaria, constituyen también un acontecimiento de trascendencia latinoamericana. Como han expresado dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), como se denomina la alianza electoral de la oposición en Venezuela, las elecciones de mañana no van a resolver los graves problemas que aquejan al país, pero sí “establecerán una cabeza de playa en el corazón del régimen” (de Hugo Chávez).
Aparte de eso, cualquier avance de las fuerzas democráticas en Venezuela repercute en Nicaragua por la íntima asociación que hay entre los regímenes chavista y orteguista. Es una asociación tan estrecha, que analistas políticos consideran que si cayera en Venezuela el régimen autoritario de Hugo Chávez, caería también en Nicaragua la dictadura de Daniel Ortega, o por lo menos ésta quedaría en una situación muy precaria al faltarle el cuantioso respaldo de los petrodólares venezolanos.
Se sabe que la oposición venezolana no va a conseguir en las elecciones de mañana la mayoría de los 165 escaños de la Asamblea Nacional, a pesar de que las encuestas indican que Hugo Chávez ha perdido el respaldo mayoritario de la población. Las políticas populistas del chavismo no han logrado impedir la grave crisis económica y social de Venezuela, sino que la han agravado, tanto por la inviabilidad del sistema socialista como por la incompetencia, la corrupción y el menoscabo de la democracia y la libertad. Pero de todas maneras Chávez tendrá más diputados porque el sistema electoral de Venezuela está diseñado para favorecerlo, ya que en los lugares donde la oposición tiene mayor apoyo se necesitan más votos para elegir diputados, pero en los de mayor influencia chavista son menos los votos necesarios para elegirlos.
Se estima que la oposición conseguirá al menos un tercio de la Asamblea Nacional que se instalará el 5 de enero próximo. Aunque esa cuota será menos de la que merece la oposición, habrá una gran diferencia respecto a la actual Asamblea Nacional, en la cual la oposición no tiene ningún diputado porque se abstuvo en las elecciones anteriores, pero no por estupidez política sino porque en aquel momento se creía que el régimen de Chávez podría ser derribado mediante movilizaciones populares callejeras.
De modo que a partir de enero habrá oposición en la Asamblea Nacional de Venezuela, lo que en las condiciones de ese país será un gran avance en la lucha venezolana por la democracia y la libertad.
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