Por Slamet Riyadi
MONTE MERAPI, Indonesia/AP
Nubes de cenizas descendieron este sábado por las laderas del volcán más activo de Indonesia en la erupción más poderosa de una semana mortífera y los soldados obligaron a los pobladores a evacuar la región por temor a una explosión más intensa.
Del otro lado del archipiélago, las tormentas volvieron a impedir la entrega de ayuda a los desesperados sobrevivientes de un maremoto —incluso una adolescente con una herida abierta en el pecho— que mató a 413 personas en las islas Mentawai. Pero el número de desaparecidos se redujo a la mitad, 163, cuando los rescatistas descubrieron que más sobrevivientes y aldeanos que se habían refugiado en las colinas regresaron a sus hogares.
Las catástrofes simultáneas han puesto a prueba la red de respuesta a las emergencias. Indonesia está sobre el «Anillo de Fuego» del Pacífico, una serie de fallas geológicas propensas a terremotos y actividad volcánica.
El monte Merapi, que entró en erupción a principios de semana, desencadenó otra aterradora erupción de 21 minutos este sábado temprano, seguida de más de 350 remezones volcánicos y 33 estallidos de ceniza, dijo Surono, director del Centro de Vulcanología y Mitigación de Riesgos Geológicos.
Las erupciones más recientes del volcán notoriamente imprevisible obligaron al cierre temporal de un aeropuerto y cobraron otra vida, lo que eleva la cifra de muertos esta semana a 36.
Por lo menos 47.000 personas han huido de la ira de la montaña, según la Agencia Nacional para el Manejo de Desastres. Los campamentos del gobierno lejos de la base desbordaban de refugiados, incluso la mayoría de las 11.000 personas que viven en las laderas fértiles de la montaña. Hoy se les dijo que debían quedarse allí tres semanas más puesto que aumenta el nivel de peligro.
Pese a dichas advertencias, muchas personas han regresado a sus tierras para controlar sus cultivos y ganado. La nueva erupción provocó una huida caótica que mató a una mujer de 44 años que escapaba en motocicleta, dijo Rusdiyanto, titular de la oficina de desastres en la ciudad de Yogyakarta.
Por primera vez el sábado, más de 2.000 soldados fueron movilizados para ayudar a mantener a los aldeanos lejos de la montaña. Soldados con camuflaje montaban guardia frente a las casas cubiertas de ceniza y la televisión local mostró a una mujer que se resistía a evacuar la zona cómo era retirada a la fuerza mientras protestaba a los gritos.
De todos modos, a los aldeanos se les podría permitir regresar durante algunas horas diarias si el volcán parece calmarse, dijo Djarot Nugroho, titular de la agencia de desastres en Java Central, pero agregó que deben regresar inmediatamente a los campamentos si se activa la alarma.
«Una vez que suenan las sirenas, todos tienen que volver a los campamentos, sin pretextos», afirmó.
La erupción obligó al cierre temporal del aeropuerto de Yogyakarta, a 20 kilómetros (12 millas) al sur del volcán, debido a la escasa visibilidad y una alfombra de ceniza al sur de la pista, dijo Naelendra, un funcionario del aeropuerto.
Pese a que se creía que amainaba la actividad del Merapi, los científicos advirtieron hoy que todavía puede sobrevenir lo peor.
