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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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José Buendía Hegewisch,  periodista y académico mexicano

“Las palabras son municiones”

Para Buendía, los medios deben estar conscientes de los peligros que corren para no caer en la polarización, porque al hacerlo arriesgan su credibilidad. Tampoco deben abandonar la lucha por hacer cumplir su derecho a acceder a la información, que es propiedad de la gente, que a través de los medios puede acercarse a ella.

José Buendía Hegewisch, periodista y académico mexicano, considera que las batallas por el poder político y económico se han trasladado al campo mediático, exponiendo a los medios de comunicación a dos escenarios extremos: Uno, donde los medios están expuestos a ser seducidos con la entrega de información, que sólo busca hacer daño a los adversarios; el otro, donde de manera discrecional y autoritaria se le censura, negándoles el acceso a un bien público, que es la información.

Para Buendía, los medios deben estar conscientes de los peligros que corren para no caer en la polarización, porque al hacerlo arriesgan su credibilidad. Tampoco deben abandonar la lucha por hacer cumplir su derecho a acceder a la información, que es propiedad de la gente, que a través de los medios puede acercarse a ella.

En medio de esta batalla, ¿cuál es el mayor peligro que corren los medios de comunicación?

La creciente pérdida de credibilidad y confianza que hay de los ciudadanos hacia los medios de comunicación. El primer llamado de alerta salió hace unos años, a través de un informe del Latinobarómetro que ubicaba a los medios como instituciones que estaban perdiendo credibilidad y confianza ante los ciudadanos, principalmente porque comenzaban a verlos no como sus representantes o sus delegados, para la búsqueda de información que necesitan para poder vivir, sino como poderes fácticos.

Otro fenómeno preocupante es el papel o el rol, que pueden estar jugando los medios, para tratar de evitar que se continúe profundizando la ruptura del tejido social en muchos países latinoamericanos. Un caso emblemático es el de México, donde la violencia está destruyendo la convivencia y la vida comunitaria. Pero no es el único caso, hay muchos otros donde la violencia amenaza la convivencia y ahí la pregunta es: ¿Cuál es el papel que deben jugar los medios de comunicación?

¿Y cuál debe ser?

Partiendo de que una de las funciones principales, y particularmente del periodismo, es crear comunidad, para poner en común informaciones, valores y hasta estereotipos, que es lo que permite articular la convivencia, porque es muy cierta aquella frase de que a veces es posible hasta vivir sin democracia, pero lo que no es posible es vivir sin información. Entonces, hay varias cosas que pueden hacer.

¿Puede darme un ejemplo?

La polarización puede tener varios orígenes. En nuestros países, la desigualdad puede ser un factor estructural que propicie el surgimiento de situaciones de alta conflictividad y polarización, pero también la polarización surge por decisiones deliberadas de las cúpulas de poder, como estrategias y cálculos de conservación, mantenimiento o aumento de poder; no solamente como un fenómeno social, sino como una estrategia y cálculo político dentro de la propia contienda.

Es notable cómo, en muchos países, los conflictos armados se han convertido en conflictos mediáticos. Ya no hay tiros en las calles, pero las palabras se han ido convirtiendo en las nuevas municiones y en las nuevas balas con las que se trata de neutralizar, descalificar o eliminar a un enemigo.

El teatro de operaciones de las guerras por el poder y de los conflictos dentro de las cúpulas lo están librando muchos gobiernos latinoamericanos o muchas clases políticas en la región o muchos liderazgos dentro de los países de la región, en el campo mediático, en los medios de comunicación.

¿Cómo se puede evitar?

Hay varias cosas que se pueden hacer para evitar caer en el juego de la polarización, cuando lo generan los líderes políticos. Lo primero, los medios tienen que estar conscientes de que hoy han sido situados dentro del campo de batalla de la vida política. Aunque lo quieran, ya no son solamente observadores desinteresados y desapasionados de la realidad que transmiten a la ciudadanía, sino que están colocados en el centro de la batalla política.

Luego, deben valorar constantemente en qué medida la selección de información, transformación, tratamiento y difusión de los hechos, así como la forma en que se realizan las coberturas, de qué manera impactan en la evolución de los conflictos y en la agudización de la polarización. Por ejemplo, hay cosas en las que los medios pueden caer si no tienen conciencia del peligro de ser manipulados; por ejemplo, cuando los periodistas o los medios adoptan el lenguaje de una de las partes. Las palabras son municiones.

¿Es lo que ocurre con los medios oficialistas?

Efectivamente. Ahí tienes un problema.

¿Y cuál es el precio que pagan?

Eso, el precio que tiene, es que cuando la gente se da cuenta que un medio adopta el lenguaje de una de las partes y se identifica con ella, hay una pérdida neta de credibilidad y confianza en el medio. Ése es el costo. Entonces, el medio deja de tener como principal lealtad al ciudadano y se convierte en un instrumento del grupo de poder con el cual se alineó. Otro elemento con el que hay que tener también mucho cuidado es que, en atmósferas o contextos de polarización, no se debe aceptar rápidamente filtraciones intencionadas, sin antes corroborar los hechos. Las filtraciones son los señuelos que utiliza el poder o grupos de poder, interesados en atacar a alguien, para seducir a los medios y embarcarlos con informaciones que, aunque no sean ciertas, una vez publicadas no hay manera de reparar el daño. Ése es otro elemento que hay que evitar, comprarse las filtraciones. Una de las pistolas, con la que se disparan las balas mediáticas, es la filtración.

¿Eso es grave?

Es gravísimo. Hay distintas tendencias y distintos fenómenos que se están produciendo en distintos países latinoamericanos.

¿Se puede recuperar la credibilidad?

Se puede recuperar, pero eso implica la tarea de dejar ejemplos todos los días, es arduo, es difícil. Recuperar credibilidad cuesta muchos años y todos los días. Pero más que trabajar por recuperarla, se debe evitar perderla. Por ejemplo, en medio de un ambiente de polarización política, convirtiéndose o asumiendo roles que no les corresponden, estoy pensando en Venezuela. En Venezuela, los medios asumieron un rol que no les correspondía, porque se convirtieron en vanguardia política, en oposición, al emplear su capacidad para generar liderazgos de opinión, para convocar a la manifestación pública. Se puede justificar por el debilitamiento de la oposición, se puede justificar por los propios ataques y la situación que el Gobierno generó hacia los medios, pero finalmente esa decisión llevó a los medios a debilitar más la oposición, porque asumieron un rol para el que no estaban preparados y perdieron credibilidad y confianza en el rol que sí les correspondía, que era informar lo que ocurría. Los medios de comunicación no son oposición. Cuando se convierten en oposición, pierden. Se debe denunciar, reclamar, pero no asumir roles.

Por lo que pudo percibir durante su estancia en Nicaragua, ¿podría decir si aquí está ocurriendo eso?

Hasta donde yo puedo ver, no es el mismo caso. Hay elementos comunes, en los dos países se lucha en el terreno simbólico de los medios de comunicación; es ése el teatro de operaciones de la lucha del poder. Otro paralelismo es la nueva tentativa del poder político de hacerse de parque y municiones propios, dentro de los medios de comunicación, para el combate. Pero lo que todavía no veo, o hasta donde alcanzo a ver no lo aprecio, es que en Nicaragua todavía los medios no han dado un paso al frente para convertirse en una oposición abierta y, sobre todo, llamar a movilizaciones, como ocurrió allá (Venezuela). Lo que sí ocurre es que todos están dentro de la lógica de la polarización.

¿Qué ocurre cuando estamos en el otro extremo, cuando el Gobierno niega por completo la información como ocurre en Nicaragua?

Eso es muy delicado porque la información es un bien público y, como bien público, a quien pertenece es a los ciudadanos. Generar información no convierte a las autoridades en propietarias de ella, no las convierte en sus dueños. Ellos tienen la obligación de permitir el acceso a ese bien público a todos los ciudadanos que son, en legítimo derecho, sus propietarios y, a través de ellos, los medios de comunicación. Entonces, si los medios de comunicación o algunos medios de comunicación no están pudiendo acceder a ese bien público, hay una situación clara de manejo discrecional y autoritario de la información pública.

¿Qué opción le queda a los medios que enfrentan esa situación?

Les queda lo primero, mantenerse e insistir. No cejar en la búsqueda de ejercer un derecho. Que les dé información el Gobierno, no es una concesión. Es un derecho que tienen que reclamar y exigir hasta ejercer plenamente. Tienen que ser capaces de actuar imaginativamente para impulsar una agenda propia. En este caso, si el Gobierno no da información, un tema de la agenda de los medios afectados debe ser la manera en que se está coartando, limitando, restringiendo la libertad de expresión. Deben impulsar el tema de hasta qué punto el no dar información a los medios limita la libertad de expresión de los ciudadanos. No de los medios, porque la libertad de expresión no es de los periodistas sino de la gente.

Además, limitar la libertad de expresión cae dentro de los terrenos de la posibilidad del ejercicio de los derechos humanos; por tanto, la respuesta que se da es similar a cuando hay violación a los derechos humanos. Se debe pelear ese derecho, incluso en Cortes Internacionales, por ejemplo en la Comisión Internacional de Derechos Humanos. También deben dar giros en el tratamiento de las coberturas. No restringir la generación a las fuentes oficiales, sino tratar de ampliar el espectro. Redoblar los esfuerzos en la investigación y ampliación de las fuentes de información y potenciar el periodismo ciudadano.

¿Cuál de los dos escenarios es más dañino?

Los dos son escenarios muy graves, porque implican rupturas en la comunidad y en la cohesión social. Recordemos que una de las funciones básicas del periodismo y la que le da sentido histórico, es crear comunidad. Crear comunidad significa la posibilidad de llevar un bien público, como es la información, al terreno de la discusión y el debate. Si los medios no pueden llevar ese bien público porque no les dan acceso, porque el poder no le da acceso a ese bien público, o bien en el otro extremo, el poder por el control de la información, el resultado que tenemos es que se impide que una institución de interés público, como son los medios de comunicación, pueda desarrollar su trabajo.

Hay diversas formas para generar mecanismos de control y de censura. La más obvia y directa es ir e impedir que hables o publiques algo, pero no es la única. A través, por ejemplo, de la publicidad oficial, en muchos países se produce censura indirecta, porque es un recurso para premiar o castigar a los medios. Impedir el acceso a la información pública, a un bien público como es la información, es una forma indirecta de censura.

¿En medio de estos escenarios quién es el más perjudicado?

El principal afectado es el periodista, a quien le recortan sus derechos. Le coartan las posibilidades de realizar su trabajo y de ejercer derechos básicos, como es la libertad de expresión, junto con los ciudadanos a los que lleva la información. La audiencia pierde en los dos casos, porque finalmente la censura directa o indirecta se ejerce sobre la audiencia. A quien se está limitando, coartando o inhibiendo para el ejercicio de sus derechos es a la audiencia.

¿Cuál es la consecuencia de censurar a la audiencia?

Si la audiencia está siendo censurada, de manera directa o indirecta, se produce un empobrecimiento del espacio público de la discusión colectiva. Se debilitan los lazos de comunidad y se van generando democracias de baja calidad y de baja intensidad. No pueden existir democracias fuertes sin que haya discusión pública, en la que se nutra con todos los bienes públicos que se requieren para tomar decisiones. La polarización debilita el debate, porque lo limita a sólo dos partes. La censura empobrece la discusión porque limita el ejercicio de derechos.

Observatorios, un buen ejercicio

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José Buendía Hegewisch es periodista y académico, fue director de la Fundación Prensa y Democracia y promovió la Ley de Acceso a la Información en ciudad México.

Ahora dirige el programa Agenda, que se transmite por Canal 11 de la televisión pública mexicana.

Llegó a Nicaragua esta semana para impartir un seminario a los estudiantes de la maestría en comunicación, de la Universidad Centroamericana (UCA), y participó en la presentación del segundo informe del Observatorio de Medios de esa casa de estudios.

Buendía considera que al convertirse, cada vez más y con mayor fuerza, los medios de comunicación en poderes públicos, no pueden estar fuera de controles y balances.

Como los medios no pueden acotarse, porque se limita su actuación o se censuran, los controles tienen que venir de la ciudadanía. Es por ello que los observatorios de medios son instrumentos en poder de los ciudadanos, para acotar y supervisar la acción de los medios y sobre todo para supervisar el manejo que hacen de un bien público, que es la información.

Opina que los observatorios que existen en el país, igual que los del resto del continente, están en etapa de desarrollo. Considera que el observatorio que funciona en el Centro de Investigación de la Comunicación (Cinco) es un buen intento de dar un seguimiento periódico al trabajo de los medios, desde una perspectiva personal.

“Lo que tenemos ahí es el trabajo de un observador. La observación requiere instrumentos de observación más allá de la persona que esté observando, que permita hacer un trabajo sistemático. Más allá de lo que alguien puede percibir, valorar, seleccionar o jerarquizar de acuerdo con sus percepciones. Es una propuesta válida, tiene absoluto derecho cualquiera que quiera empeñar su esfuerzo en observar lo que están haciendo los medios, pero el trabajo de un observatorio requiere de análisis y sistematización, que no es lo mismo que alguien que observe”, explicó Buendía.

Indicó que el observatorio de la UCA está en fase de construcción. “Estas son sus primeras miradas tratando de identificar los temas de la agenda que refleja el seguimiento de medios y los temas que no están tratando. Están haciendo una observación más bien temática. Incluyen algunos elementos que tratan de medir la calidad, por ejemplo el manejo y uso de fuentes. El trabajo debe ser enriquecido, todavía deben desarrollar una mayor riqueza para precisar el foco de observación”, opinó.

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