Año con año la procesión de agüizotes tradicionales sale el último viernes de octubre de la Plaza Magdalena, en el corazón de Monimbó, para demostrar que esta tradición de muertos está más viva que nunca.

La verdadera alma de Los Agüizotes

La anciana se sienta frente a la media luna que forman los niños sentados a su alrededor. La única luz que ilumina el lugar es la que sale de la boca del candil en forma de lengua de fuego. El humo del gas se mezcla con el olor frío de la noche que se cuela por las rendijas de las paredes de la sala. Ellos aguardan quietos en el piso, calentándose hombro a hombro y tomando del tibio que pasa de mano en mano en una jícara.

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