Nadie sabe las estadísticas ni el costo de las láminas de zinc que el presidente Ortega está distribuyendo a manos llenas. Sí se sabe que es masivo y sin precedentes. Incluye toda la geografía nacional e involucra una movilización y logística monumentales. Junto con la distribución de gallinas y vacas, las copiosas Purísimas urbanas, y la próxima y multitudinaria repartición de juguetes navideños, constituyen el operativo más grande que cualquier gobernante nicaragüense haya montado jamás, a fin de complacer al pueblo y promover su popularidad.
Opinión
¿Y el aporte estatal al INSS?
La Propuesta de Fortalecimiento del Sistema de Pensiones presentada por una Comisión Interinstitucional no resiste un análisis serio y profesional. Sería interesante conocer la experiencia en seguridad social de sus integrantes, calidades profesionales y académicas a fin de tener una idea de sus capacidades, y además, sus tendencias partidarias, ya que, en un informe altamente técnico no caben opiniones partidarias o políticas. Este documento debió informar resultados de un estudio integral de los programas que administra el INSS, pues, no solo el de pensiones está en crisis y lleno de deficiencias financieras, actuariales, administrativas y de control, pues, el resto gozan de la mismas fragilidades.
Se han ido los narcos a dormir la siesta
Ya murieron más de 50 personas, terrible, pero lo peor es que hayan muerto inocentes y que lo justifiquen argumentando que, de otro modo, hubieran muerto más. Desconocen, obviamente, la dura condena que ha hecho, entre muchos, Juan Pablo II a las teorías consecuencialistas y proporcionalistas que justifican el mal con tal de que “sirva para evitar males mayores o consecuencias peores”. La verdad moral es que, una sola de estas muertes es un crimen aberrante.
Después de WikiLeaks
Si algunas revelaciones de WikiLeaks sobre Nicaragua hubiesen ocurrido en la década de 1980, habrían remecido a este país y causado más que asombro entre la población; pero en aquellos años ni existía el internet público ni los nicaragüenses podían recibir información con libertad. Lo que ahora se cuenta de Daniel Ortega, el mismo que gobernaba en los años ochenta, ha causado poca sorpresa porque, como han dicho analistas y políticos, ya se sabía y la información secreta sólo ha constatado lo divulgado por los medios de comunicación.
Cartas al Director
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, el pasado 30 de noviembre de los corrientes pidió al parlamento aprobar con carácter de urgencia tres leyes que en nombre de la defensa, seguridad y cuido de la soberanía, que establecen el reclutamiento y la subordinación de la sociedad y sus recursos al Ejército de Nicaragua, en caso de amenazas, agresiones o injerencia extranjera al país y de manera altamente sospechosa, para garantizar el “orden democrático establecido”. Esas leyes ponen al Ejército por encima del poder civil dándole amplias facultades constitucionales, dejando también abierto a instaurar una milicia popular llegando hasta el Servicio Militar, estableciendo un régimen militar al Estado, juzguen ustedes qué significa esto y espero que los mismos sandinistas se den cuenta que Ortega no ha cambiado en sus pretensiones guerreristas con el afán de mantener el poder a cualquier costo y recuerden las palabras del señor Tomás Borge, expresando “que hay FSLN para rato, cueste lo cueste”, y parece que ya empezaron a prepararse, para una eventual derrota electoral aprovechando la situación de Costa Rica.
El día que cambió la historia del Ejército
Algunos diputados de oposición que dicen ser democráticos, han maquillado las leyes militaristas y de seguridad junto con los legisladores orteguistas y los asesores castrenses, dejándoles lo esencial de su sentido y propósitos. Según ellos, con las modificaciones que “lograron” hacer a los proyectos propuestos por Ortega, ya no hay peligro de que sirvan para restablecer el reclutamiento militar forzoso ni para imponer el espionaje político. Olvidan o fingen olvidar esos diputados de supuesta oposición, que una cosa es lo que dice la ley —inclusive la Constitución— y otra muy diferente y al contrario es la interpretación que hace Daniel Ortega con el fin de fortalecer su plan para restablecer la dictadura en Nicaragua, adecuada a las nuevas condiciones del siglo 21.