A todos los niños del mundo, representados en mis hijos: Alma Elisa, Henry Simón, Felipe de Jesús, Andrés Miguel y Vida Victoria .
Con un absolutismo que no podemos dejar de creer, nosotros los cristianos y más aún los católicos, vemos en Cristo la única salvación real, y por lo tanto la salvación definitiva del hombre. Solo Él salva. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocieran a mí, también conocerían al Padre. En realidad, ya lo conocen y lo han visto” (Juan 14-6-7).
Esta noche, los cristianos celebramos el acontecimiento más grande del año, la encarnación del Verbo, ese que estaba desde el principio frente a Dios y que era Dios. El que hizo todas la cosas, el mismo sin el cual no se ha hecho cosa alguna. (Juan 1-1-5).
Pero también celebramos el cumplimiento de las promesas: “La Virgen está embarazada, y da a luz un hijo varón a quien le pone el nombre de Emmanuel” (Isaías 7-15).
O como dice Gabriela Mistral en su bello poema El Establo : “Al llegar la medianoche/y al romper en llanto el Niño/las cien bestias despertaron /y el establo se hizo vivo”.
Detrás de las luces, canciones, arbolitos, estrellas, Santa Claus, Frosty el hombre de nieve y tantas cosas que ahora la gente ha inventado para celebrar la comercialización de estas fiestas, vale la pena preguntarse en el fondo de nuestros corazones: ¿qué significa verdaderamente para nosotros la Navidad?
Para muchos es tiempo de ir de compras, para otros es un día de descanso, en algunas casas habrá, gallina o pavo, en otras habrá nacatamal, guaro o cususa. Muchos diremos, a cada momento en estos días: ¡Feliz Navidad, Feliz Navidad!, sin meditar siquiera lo que decimos o sin poner en esas bellas palabras nuestro corazón o nuestro espíritu.
Como dice el padre Víctor García Cereceda: “La Navidad no está en el supermercado o en el Centro Comercial, ni en las tiendas de regalo. Allí se encuentran miles de objetos, de cosas pero no a Él. La Navidad está en una cueva de animales. La Navidad se encuentra junto a dos personas muy humildes: José y María. La Navidad está en un pesebre, sobre unas pajas. La Navidad es el Niño Jesús”.
El Niño Dios, ese misterio tan incomprensible pero tan bello que roba los corazones de los infantes. El Niño Dios, que está semidesnudo en su pesebre, símbolo de la grandeza de un Dios que se hace hombre y que se iguala a nosotros menos en el pecado.
El Niño Dios, que va en el corazón de los humildes, que le piden y le rezan por sus penas o dificultades más íntimas. El Niño Dios que celebramos con pastorelas y villancicos.
Hoy es Noche Buena:/ ¡Feliz Navidad para todos:/ para los buenos y para los menos buenos!/Porque para todos viene Dios,/Ojalá que estos días/ nos volvamos hombres de buena voluntad/Que, haya más bondad, más sonrisas/ Más amor, más generosidad./Y no olvidarnos de dar las gracias/Al protagonista de la fiesta, a Jesús/.
Dios es amor dice la Biblia, y amor es pensar en el prójimo. Que esta noche brote el amor en nuestros corazones, que brote un poquito de amor para nuestro prójimo, en un gesto, en una mirada, en una sonrisa, o simplemente en un apretón de manos. Que cuando digamos o nos abracemos con nuestros seres queridos o con cualquier persona que encontremos en la calle, sintamos a conciencia y vivamos a plenitud esa palabras de: ¡Feliz Navidad! Seamos como la viuda pobrísima del evangelio, que ofreció lo que tenía para vivir, de corazón y por lo tanto dio más que todos (Lucas 21-3-4).
Hagamos en nuestros hogares esta noche, un poquito del Reino de Dios, y recordemos: “El Reino de Dios no es cuestión de comida o bebida; es ante todo justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo”. (Romanos 14-16-17). ¡Feliz Navidad!
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