TÚNEZ/AFP
La inédita revuelta popular en Túnez contra la carestía de la vida dejó este fin de semana entre 14 y 20 muertos, mientras la calma volvía ayer a la vecina Argelia tras las medidas del Gobierno para contener los precios y los disturbios, que se cobraron cinco vidas.
El gobierno tunecino revisó al alza el balance de los disturbios y enfrentamientos registrados el fin de semana en localidades del centro-oeste del país, elevando de 8 a 14 el número de muertos.
Sindicalistas que requirieron el anonimato indicaron ayer que podría haber 35 muertos entre Thala y Kaserín, así como en Regueb, en la región de Sidi Buzid, en el centro del país. El número podría aumentar debido a los heridos.
Un dirigente de la oposición, Ahmed Nejib Chebbi, anunció por su lado que hubo al menos 20 muertos por disparos, y exhortó al presidente Zine El Abidin Ben Ali, en el poder desde 1987, a ordenar “ un inmediato alto el fuego”.
La revuelta popular se inició en la región de Sidi Buzid tras el suicidio el 17 de diciembre de un vendedor ambulante sin permiso, que se inmoló para protestar contra el hecho de que se le incautara su mercadería de frutas y verduras. Este hombre, Mohamed Buazizi, de 26 años, de quien dependía financieramente su familia, se convirtió en el símbolo de una revuelta sin precedentes en Túnez contra la precariedad social y el desempleo.
Por su lado el gobierno tunecino informó que “numerosos agentes de seguridad resultaron heridos” y admitió que usaron sus armas en un acto de “legítima defensa” cuando varios individuos intentaron forzar la sede de la delegación del gobierno de Thala con botellas incendiarias, piedras y palos.
Estos brotes de violencia “reflejan el hartazgo de los jóvenes que salieron durante la noche para vengarse de las fuerzas de represión y gritar su cólera contra un régimen que desprecia sus aspiraciones”, opinó Menzli Chaabani, un opositor de Kaserín.
En la vecina Argelia, también en el Magreb (norte de África), la población intentaba ayer retornar a la normalidad tras varios días de disturbios contra la carestía de la vida, que causaron cinco muertos y 800 heridos —entre ellos 763 policías— según las últimas cifras oficiales.
El gobierno argelino anunció el sábado por la noche una serie de medidas para bajar los precios del azúcar y del aceite, cuya subida desencadenó los disturbios.
El domingo la tranquilidad parecía volver a las ciudades y localidades donde estallaron las protestas, según testimonios.
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