Bebé ¡al agua!

Los recién nacidos están perfectamente dotados de muchos reflejos que hacen posible que puedan adaptarse al medio ambiente en que se desenvuelven. En el caso del agua, los bebés pueden flotar como lo haría un adulto, pero con la diferencia que aún no pueden desarrollar las habilidades propias de la natación, sino hasta después de los 4 a 5 años. No obstante, esa poca actividad que pueden realizar es muy beneficiosa para el infante desde sus primeros meses de vida hasta que logre por sí solo moverse en el agua.

Por Keyla Ballesteros

Los recién nacidos están perfectamente dotados de muchos reflejos que hacen posible que puedan adaptarse al medio ambiente en que se desenvuelven. En el caso del agua, los bebés pueden flotar como lo haría un adulto, pero con la diferencia que aún no pueden desarrollar las habilidades propias de la natación, sino hasta después de los 4 a 5 años. No obstante, esa poca actividad que pueden realizar es muy beneficiosa para el infante desde sus primeros meses de vida hasta que logre por sí solo moverse en el agua.

Un bebé tiene la capacidad de flotar y cerrar la glotis de forma automática cuando siente agua en la garganta, además, de manera innata no tiene miedo. Si unimos estas tres características, el niño perfectamente podrá flotar y zambullirse pero con la ayuda de un profesor o de sus padres.

BENEFICIOS

Según Francisco Rojas, instructor de la Escuela de Natación Barracudas, se trata de un deporte aeróbico que tiene una serie de beneficios para el infante. “Se fortalece el corazón y se reduce la tensión arterial, logrando mayor circulación de la sangre hacia el resto del organismo, previene las lesiones de espalda y libera el estrés”, explica Rojas.

Además, es importante destacar que la natación suma todos los beneficios de los demás deportes, “es una actividad que implica a todos los músculos aumentándolos de tamaño y haciéndolos más fuertes, así mismo los huesos aumentan de grosor, por lo que se vuelven más resistentes a golpes y lesiones”, afirma.

Los pulmones adquieren mayor tamaño y capacidad fortaleciendo el sistema respiratorio, por lo cual es muy recomendado para prevenir enfermedades respiratorias y controlar el asma.

“Cuando nadamos mantenemos la respiración y se produce una deuda de oxígeno que motiva al organismo a incrementar la densidad de los glóbulos rojos de la sangre y la capacidad para transportar el oxígeno, esto limpia y aumenta la capacidad pulmonar del infante”, dice Rojas.

La práctica de cualquier deporte brinda la sensación de sentirnos bien, llenos de vitalidad y alegría, lo que se traduce en una elevada autoestima —un factor clave en el desarrollo social del infante— gracias a la liberación de endorfinas u hormonas de la felicidad que se encargan de dar placer al organismo.

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