Un estruendo casi ensordecedor se escuchaba en las gradas del Estadio Nacional Denis Martínez. Los causantes: un mar de aficionados que descargaron toda su energía, que, de ser procesada, bien podía iluminar Managua.
Una vez más los fanáticos del Bóer demostraron su fidelidad al equipo, más en un cuarto juego de final de la Liga Nicaragüense de Beisbol Profesional, ante los Tigres de Chinandega, pues ni en los malos momentos que se le presentaron al equipo en el juego dejaron de echarles porras, como dirían los mexicanos.
Pero en medio de los cientos de capitalinos estaba un extranjero, que muy orgulloso ondeaba la bandera de su natal nación: República Dominicana.
Juan Millón, que hace 12 años llego a Nicaragua por asuntos laborales, estaba en el sector izquierdo del área de home play, junto a algunos amigos nicaragüenses, que por momentos le ayudaban con la bandera.
El dominicano también portaba una pancarta que decía: “Viva el Bóer y los paisanos dominicanos”, pues siempre apoya a los jugadores de su nación, pero su corazón se lo ha ganado la tribu.
Y ahí estaban también los boeristas casi de nacimiento, como un pequeño de siete anos junto a su mamá y hasta una bebé que rondaba su primer año y era transportada en su coche.
¡Qué ruido el de los fanáticos! Si en el estadio había alguien con oídos sensibles, hoy deberá ir al médico, para evitar la sordera total.
Y para ayudar a los gritos, sonidos de silbatos, se encontraban bandas filarmónicas, las ahora populares batucadas y hasta la barra brava, que no suelta sus tambores.
La fiesta fue total de principio a fin, ayudada por el gran duelo entre los Tigres y el Bóer, digno de una final de pelota profesional y con buen sabor para los de Managua.
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