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Jorge Ovidio Quintana, el poeta Tlaloc

“Respeto a los animales, no al sistema”

Una camioneta gris avanza lentamente y tras ella una decena de perros de todos los tamaños corretean alegremente. La persona que esperábamos ha llegado. Del vehículo, en cuyas puertas se lee “Ambulancia Animal”, baja un hombre delgado, sumamente delgado, con un sombrero de cuero y una cotona caqui con unos grandes bordados de color café.

Fotos de La Prensa/René Ortega

Una camioneta gris avanza lentamente y tras ella una decena de perros de todos los tamaños corretean alegremente.

La persona que esperábamos ha llegado. Del vehículo, en cuyas puertas se lee “Ambulancia Animal”, baja un hombre delgado, sumamente delgado, con un sombrero de cuero y una cotona caqui con unos grandes bordados de color café.

“¿Me buscaban?”, pregunta sonriendo, y antes de una respuesta nos pide que le acompañemos, pues tiene que darle de comer al muchachito y está retrasado.

Cuando caminamos hacia la Cueva del Indio, su hogar —levantado con ayuda de paneles elaborados con botellas plásticas recicladas—, comenta que “Muchachito” es un monito congo que alimenta con biberón y frutas, desde que su mamá cayó de un árbol con él a cuestas, la que, pese a los cuidados, falleció.

“Debe tener como un año o año y medio, es bien juguetón, lo pongo en el patio a ver si se va con los otros monos, pero nada, tengo la esperanza de que cuando lo llame alguna mona se marche a seguir su vida”, señala Jorge Ovidio Quintana, a quien todos conocen como el poeta, pero cuyo nombre artístico es Tlaloc.

La cola del mono está enrollada en la malla cerca de la puerta. Le habla al congo robusto y de pelaje oscuro con dulzura, como quien saluda a un niño, y entra de inmediato a otra área de la casa, donde parte rodajas de mango maduro, toma dos bananos y saca un biberón pequeño que llena de leche, se quita los anteojos, abre el candado de la puerta, que mantiene encerrado en la parte más amplia de la casa al congo.

Nos invita a pasar. El “Muchachito” se abalanza sobre él, enrolla la cola en su cuello, se le sube a la cabeza, de repente se percata de nuestra presencia y quiere las cámaras, pero un banano lo convence de quedarse con el poeta.

El mono termina el mango y el segundo banano, chilla, se balancea y quiere las cámaras, comienza a pelar los dientes y a hacer sonidos extraños, pero ya es hora de salir, pues “Muchachito” se bebe la pacha a solas.

La dedicación con “Muchachito” es la misma para con los 27 perros y ocho gatos que alimenta y cuida.

“Siempre he sido así, mi abuelita me enseñó a querer a los animales y desde niño siempre dormía con mis gatos. Recuerdo que me regañaban porque lo que me daban de comer lo partía en 4 tantos, el más grande para mí, otro para mi perro y los otros dos para mis gatos, aunque me regañaban porque decían que yo debía comer porque estaba flaco”, recuerda.

Cada día este hombre nacido en Managua el 6 de abril de 1952 dispone de por lo menos seis horas de su día para cuidar, preparar la comida y alimentar a sus “becados”.

“Yo los llamo becados, los internos viven conmigo, los externos son todos los perros y gatos que aunque tienen casa no les dan de comer, entonces yo les doy de comer. Invierto lo que gano en mis animales, no tengo responsabilidades con nadie, sólo con ellos, y trato de no defraudar su confianza. Además ellos son mi vacuna antitodo, no me enfermo de nada”, refiere el poeta.

Nunca ha comprado un perro o gato, todos los animales que cuida llegaron porque la gente lo busca para que los cure o porque llegaron vagabundos y él decidió darles un hogar.

“El primer perro que adopte fue Colacho, él fue el primero y murió bajo mi cama”, recuerda.

Pero su entrega a los animales es sólo una faceta de su vida, pues este excéntrico personaje se graduó en la Escuela Nacional de Agropecuaria (Enag, hoy Universidad Nacional Agraria, UNA) como ingeniero y posteriormente realizó estudios de maestría y doctorado en suelos en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos.

“Yo estudié porque me gustaba y porque mi papá quería un hijo profesional, todos mis hermanos se habían ido casando y yo decidí darle ese gusto, así estudié y me fue bien, conocí muchas partes del mundo y me realicé como profesional”, aseguró.

Al concluir el doctorado trabajó como parte del equipo de investigación de la Universidad de Cornell y elaboró algunos informes que fueron publicados en revistas especializadas como Agronomy Journal; fue parte de grupos de trabajo en Guatemala, Costa Rica, Nicaragua y Brasil, e incluso en Siberia fue el único nicaragüense parte del grupo de investigación para la preservación del Lago Baikal.

En el año 1996, tras su segundo divorcio, decidió regresar a Nicaragua. Afirma que desde que conoció la Isla de Ometepe, en la década de los setenta, siempre soñó con vivir en ella, así que una vez de nuevo en el terruño, y con apoyo de amigos, se estableció en ella.

“Yo amé esta isla desde que la conocí, aunque nací en Managua me siento parte de la isla, es mi referente, es mi espacio y cuando me divorcié decidí venir aquí a este paraíso, donde tengo amigos entrañables como Alcides Flores y su familia, y debo decir que me siento realizado aquí, estoy en paz”, destacó.

Aunque él se siente en paz en la isla, es considerado por algunas personas como un anarquista que siempre está llamando a la gente a no votar por nadie, a no creer en nadie de la clase política; pero él afirma que no se trata de anarquía, sino que no pudo desarrollar el sentido de obediencia ante las órdenes de los demás.

“Estamos en un país donde lo único bueno es que no se sabe qué pasará mañana. Uno puede aquí jugar a las probabilidades con los políticos porque se dan las alianzas más inverosímiles, extrema izquierda con extrema derecha, derecha con comunistas, nunca se sabe quién saldrá abrazándose con Daniel (Ortega) y lo mejor es que nunca son alianzas firmes, así que cambian en cuestión de horas. Como dirían las ancianas, aquí se ven cosas del fin del mundo”, afirma riendo.

Es debido a la falta de credibilidad en la clase política que decidió formar el Partido Indígena de Nicaragua (PIN), pero si está pensando, amable lector, en formar parte de este partido diferente, el poeta señaló algunas recomendaciones a tomar en cuenta:

“El PIN es un antipartido y tiene algunos principios como ser un partido unánime, el poeta es el único miembro y su presidente vitalicio, sólo se permiten nuevos miembros si dos miembros activos del PIN autorizan su ingreso, es decir algo imposible, y es monolítico e indivisible”.

Una recomendación fundamental del presidente vitalicio del PIN es que cada uno de los nicaragüenses forme su propio antipartido y lo llame como le dé la gana y que no vote por nadie.

“Respeto mucho a las personas, a los animales más que al sistema, porque cuando uno va a votar avala el sistema. Si todos los nicaragüenses hacemos antpartidos y somos solidarios como humanos, no importa quién crea que nos gobierna, para mí si votás perdés tu tiempo”, aseguró.

Si algo caracteriza al poeta es que sabe reír y lo hace a carcajada, sin embargo tiene sus momentos de inspiración e introspección, de allí el nombre de su casa: La Cueva del Indio, el sitio donde cada día se refugia para escribir sus poemas y cuentos, que publica por su cuenta con el apoyo de amistades.

“No pertenezco a ninguna organización de escritores o poetas, para mí no se aprende a escribir en talleres, es algo que viene, en mi caso creo que por la influencia de mi padre, Emilio Quintana, cuya obra Bananos curiosamente está dentro de las lecturas obligatorias en Costa Rica, pero escribo por placer y, bueno, vendemos los ejemplares para ayudar a las iniciativas que desarrolla el Proyecto Ometepe-Alemania, no es mucho, pero es un aporte”, dijo.

La última de sus siete obras está titulada “Poesía entendible y cuentos increíbles por un hombre creíble”, y fue escrita en los tres idiomas que domina este personaje: inglés, español y portugués.

Para concluir manifestó que espera ser recordado como alguien que tomó su vida como quiso, sin molestar a nadie.

“Cómo seré recordado, por mis deudores con mucho dolor, ellos serán quienes más sufran cuando yo muera, pero quisiera ser recordado como la persona accesible y alcanzable que puede, si está a su alcance, ayudar a los demás. Quisiera que me recordaran así, a mis animales les haré falta cuando ya no esté, pero no había pensado en ser recordado, vivo más preocupado por otras cosas que por eso”, concluyó. b

El sueño del poeta b

POEMAS ELECTORALES b

COMENTARIOS

  1. nica
    Hace 11 años

    Por lo general el que estudia mucho se complica la vida y se llena de mil preocupaciones, sean estas materiales o idealistas. Parece que este senor ha vuelto a la naturalidad, a la vida de un infante donde todo es objetivo y practico y que mejor que vivir asi. Me imagino que su escuela es la naturaleza y sus profesores los animales. Si los politicos se guiaran asi seriamos un pais progresivo sin complicaciones y amantes de la naturaleza en crecimiento y no en decadencia.

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