LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Hugo Palma-Ibarra

Managua anónima

Después del terremoto de 1931 Managua era una ciudad pequeña y creció un poco más hasta el sismo de 1972. Sus construcciones eran al comienzo de taquezal con casas relativamente modestas, después comenzó la construcción en concreto y en los años cincuenta predominó el estilo conocido como Art Decó. La ciudad asumió un aspecto más bonito con su Catedral, el Palacio Nacional, la iglesia de San Antonio en estilo neogótico, sus edificios públicos, sus casas comerciales como Carlos Cardenal, sus casas privadas como la casa de El Águila. No obstante su deseo de modernización mantuvo estable su trazado colonial que conocimos de arriba abajo y del lago a la montaña.

Era una ciudad que iba desde el Xolotlán hasta la loma, de norte a sur y de la iglesia El Calvario al Cementerio General de Este a Oeste.

Casi puede decirse que toda la ciudad era un centro histórico que en una hora podía recorrerse en ambos sentidos. Después del terremoto de 1972, la ciudad comenzó a extenderse de manera desorganizada. Lo que era la mayor parte del centro de la ciudad fue eliminado, lo que conocimos como “los escombros” y éste fue uno de los primeros errores que comenzaron a borrar la identidad y la historia de la ciudad.

El hecho de llamar “ruinas” a todo lo que se va deteriorando y en donde la mano del hombre y del funcionario brilla por su ausencia en eso los transforma. Así tenemos las ruinas de León Viejo, de Veracruz, las ruinas de San Sebastián en León, que por cierto su alcalde el año pasado prometió que habría restaurado las “ruinas”.

Las “ruinas” no se restauran, se conservan y se transforman por ejemplo en un teatro o en algo parecido. Es decir en este caso dejan de ser ruinas y se vuelve el teatro San Sebastián por decir algo.

Después se continuó con la destrucción, y se botaron diferentes edificios como el edificio Carlos Cardenal, que bien pudo y se debió mantener como documento histórico de una época y que pudo servir como sala de espera del nuevo Ministerio de Relaciones Exteriores, conservando ese edificio como símbolo de esa época. Ha seguido la destrucción. Ahora se quieren botar otros edificios, porque según los funcionarios son peligrosos.

Estoy de acuerdo en la posibilidad de reubicar a sus ocupantes, pero derrumbar esos edificios que han dado acogida por 40 años más a ciudadanos pobres es continuar con la política de borrar la historia de la ciudad y para ello basta citar la Tribuna Monumental que se encuentra en malas condiciones enfrente de esos edificios y nadie se ha preocupado por darle el mantenimiento necesario para su salvación. Debo recordar que este monumento era para funciones públicas y estaba al acceso de todos. Ahora me parece que están en terrenos del Ejército Nacional y por consiguiente, prohibido el acceso a los particulares y a los turistas.

Digo a los turistas, porque las noticias recientes aseguraban que esos visitantes que pasan por Managua y se quedan una noche en nuestra ciudad para seguir luego para la playa a gozar del sol, se lamentan que la capital es inhóspita, insegura y que tiene poco que ofrecer.

No hemos sido capaces de conservar de la ciudad su pasado y no se hace nada por preservar el presente, sino veamos como se destruye la Colonia Dambach, como desapareció la Estación del Ferrocarril.

Yo hice una propuesta el 3 de mayo de 2007 durante la presentación de un proyecto-museo Huellas de Acahualinca. Ese proyecto lo denominé Ruta Xolotlán, pero nadie me hizo caso.

Agreguemos también la contaminación del precioso lago y de la laguna de Tiscapa que muere y no por un canopy los turistas se van a volcar a sus aguas.

 

El autor es pintor.

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