Seguidamente, enfrentar a la agónica pobreza para algunos es como un detonante para emerger del fango pero, a otros les produce una “eterna lapidación” a sus expectativas de una mejor vida, por supuesto esto no tiene que ver solamente con el “factor recursos disponibles” o el no haber nacido en “cuna de oro”, sino más bien con el intrínseco espíritu de superación del individuo, el saber forjar sueños alcanzables, aprender a alimentar día a día una ilusión racionalizada, el no ser conformista, renunciar a ser uno más del rebaño de los autocomplacientes, desarrollar constructos de ambición y sobre todo a tener una brújula planificadora con destinos trazados, entre otras cosas. No obstante, con eso no se nace sino que se forja coadyuvado de la educación.